Pablo Alamá y su 'manual para follarse a un macho con vagina'

Pablo Alamá y su ‘manual para follarse a un macho con vagina’

Pablo Alamá, autor e intérprete de ‘Manual para follarse a un macho con vagina’.

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Pablo Alamá ha estado representando este mes de junio la obra ‘Manual para follarse a un macho con vagina’ (en la sala El Umbral de Primavera, en Madrid), escrita e interpretada por él. Vivencias de un hombre trans. Su historia. A falta de cuatro representaciones antes del descanso del verano, hemos hablado con él. De lo trans, lo cis, lo terf, de afectos, de Grindr, de teatro, de vacíos y acumulaciones, de la falocracia, de followers y del síndrome de Diógenes, de lo invisibilizados que están los hombres trans.

Valenciano de 31 años. En Madrid desde 2015. Cuenta con algunos papeles en cine y series, como en la película Poliamor para principiantes (2021), de Fernando Colomo. Próximamente en La noche más larga, de Netflix, un thriller de acción en una cárcel psiquiátrica.

Hace tres años, tras un par de audiciones para obras en torno a las masculinidades, se motivó y decidió contar su propia historia, a su manera y con su lenguaje. “Si lo hacía yo, eso me hacía sentir más seguro; además, estaba en una época en la que no tenía tan claro lo de salir del armario de una forma tan pública”. El resultado, ‘Manual para follarse a un macho con vagina’, un texto muy natural, directo y espontáneo (se nota que estudió Periodismo), sin hacer un gran drama sobre su historia, intentando normalizar.

Esta es tu historia, Pablo…

Hay partes ficcionadas, pero la esencia es toda real. Por ejemplo, todos los audiovisuales son grabaciones que fui haciendo desde el inicio de mi transición, cuando empecé a hormonarme, con 23 años, ocho años atrás.

¿Tenías claro el cambio?

Me lo pregunta mucha gente. Y sí y no. Como que lo intuía, pero tampoco tenía mucha información, hasta los 20 años no tuve muy claro que existían hombres transexuales. Estaba muy visualizada la transexualidad femenina, las mujeres trans, pero hasta hace nada no ha habido referentes de hombre trans. Y entonces me decía: Vale, una mujer puede ser trans, pero entonces yo, ¿qué soy? Al entrar en la Universidad, empecé a leer más y conocer a más gente. Y entré en un proceso de decirme: no me siento mujer, no sé si soy hombre o no, estoy en medio, me da igual el género… Fue algo fluido y conforme fui teniendo referentes de hombres trans, que sobre todo los encontraba en YouTube, chicos de EE UU y de otros países de Europa.

Sigue sin haber en España referentes famosos de hombre trans…

Ahora mismo… (Lo piensa…).

Si no se te viene a ti ninguno rápidamente a la cabeza… Bueno, tenemos a Paul B. Preciado.

(Sigue pensando). Claro, hay alguno, pero, así, muy conocido por el gran público, tipo Jedet en mujer, no encuentro…

En la obra hay una escena muy tierna con tu madre… Muy natural, muy de quitarle hierro al asunto; cuando tratas de contarle que te sientes hombre… Por cierto, hablada en valenciano.

Ahí quería sacar la normalización. Le estás tratando de contar algo a tu madre, pero lo que tu madre quiere es darte de comer; expresa ese amor maternal a través de la comida. Como diciendo: mira, da igual lo que te pase, que al final yo te estoy haciendo un arroz al horno, tú te lo comes y ya lo arreglaremos. Mi madre, que era costurera, me decía: Sí, claro, yo sé lo que es ser transexual, porque le arreglo los pantalones a una mujer que tiene pene, y se los arreglo porque no le cabe bien el pene ahí. Ese era su referente de persona trans, una mujer a la que le arreglaba los bajos de los pantalones para que le cupiera bien el pene. Así que la primera reacción de mi madre fue: ah, eres un poco como esta mujer. Eso me ayudó, el hecho de que mi madre tuviera un referente… Pero mi familia sí que pasó por un proceso de duelo, que duró unos pocos meses, como que habían perdido a una hija, hasta aceptarlo del todo. Pero en ningún momento hubo drama ni nada negativo.

¿Y tu padre?

Fue curioso, porque cuando se lo conté, me dijo: ah , vale, pues yo siempre había querido tener un hijo.

Mira qué bien…, qué fácil…

(Risas). Luego ha habido nuestros más y nuestros menos; ahora nos llevamos bien, no es una relación de gran intimidad, pero bien. Mi madre ha fallecido. Me sorprendió hasta la reacción de mi abuela, por parte de padre. Yo subía a YouTube esos vídeos en los que iba contando mi proceso y cómo me sentía con los cambios. Y un día me vino llorando, porque los había visto; se encontraron, ella y un tío mío, con uno de esos vídeos en YouTube, ¿y por qué no nos has contado nada?, nos hemos hinchado a llorar con el vídeo… Te aceptamos, te vamos a llamar Pablo, nos alegramos mucho por ti… Me quedé sorprendido, porque mi mayor miedo a la hora de hacer el cambio era cómo contárselo a mi familia. Y eso lo quería reflejar en esta obra: no siempre las historias son tristes, no siempre hay un rechazo, también hay aceptación, y es interesante generar referentes, normalizarlo.

Es una de las grandes virtudes de la obra. Que es muy natural… Pablo, cuando empiezas a hormonarte, ¿lo pasas mal físicamente?, ¿cómo reacciona tu cuerpo? ¿Cansado, malhumorado?

Cuando empiezas a hormonarte es como vivir una segunda adolescencia, con todo lo que eso conlleva. Al principio sí hay síntomas como sofocos, cambios emocionales… Como cualquier adolescente; de repente estás más irascible, la testosterona aumenta la agresividad, la libido… Pero no es nada grave ni que te impida funcionar normalmente.

¿Y de carácter te notas distinto?

A ver, sí. Pero no sé decirte si son las hormonas o es que he madurado. Hay algo ahí… Yo creo que sigo siendo yo, mi esencia es la misma que hace 10 o 20 años. A lo mejor me ha quitado… No sé, por ejemplo, yo antes lloraba muchísimo, y ahora me cuesta mucho llorar. No sé si tiene que ver con las hormonas… Pero ahora me cuesta muchísimo.

Eso va a ser la edad; a mí también me ha pasado.

(Risas). También es verdad. Con 15 años haces de todo un mundo, todo es muy intenso. Y con 30 aprendes a relativizar.

¿Te encuentras bien?

Totalmente.

¿Qué opinas del debate generado desde hace más de un año en torno a la Ley Trans y la autodeterminación de género, y de que todo el mundo tenga que opinar sobre lo que hacen o dejan de hacer los demás, que todo, hasta lo más personal e íntimo, se someta a un debate público y, a veces, a un escarnio público, como sucede con las TERF (feministas radicales trans excluyentes)?

De alguna forma yo creo que esta es una ley necesaria para proteger a las personas trans, tanto binarias como no binarias, para que puedan decidir sobre quién quieren ser. Y es importante, porque esta decisión en las personas que deciden operarse u hormonarse implica pasar por unos médicos y, si no está legislado, se complica mucho ese acceso a poder hacerlo a través de la Seguridad Social. Me sobra mucho debate; eso sí me sobra. Ocurre con el matrimonio homosexual, con el aborto. Y a muchas de esas personas que opinan hay que decirles: pero, vamos a ver, ¿a ti en qué te afecta?, si no te quita derechos, solo supone darle derechos a otros y otras que se ven con sus derechos mermados.

La democracia, más que el poder autoritario de la mayoría, ha de constituirse como la defensa de las minorías. También se ha puesto el foco, el debate y, como decía, incluso el escarnio, sobre hombres que realizan la transición a mujeres, con argumentos tan estrafalarios como que lo hacen para, por ejemplo, en una prisión poder violar a mujeres. Sin duda, un argumento de peso para atacar la ley… Pero apenas se habla de mujeres que hacen el cambio a hombres. Como si para las TERF sólo existiera el cambio en un sentido…

La realidad es que los hombres trans estamos mucho más invisibilizados que las mujeres trans, y yo tengo la teoría, y lo digo también un poco desde el humor, de que dentro del colectivo LGTBI se visibiliza más a quienes tienen palo que vulva. Quienes abanderan el movimiento LGTBI acaban siendo hombres homosexuales y mujeres transexuales, que no me parece mal, pero sí que se invisibiliza una parte importante.

¿Tú tienes un grupo de referencia, ejerces algún tipo de activismo?

Yo siempre he sido bastante individualista. Tengo muchos amigos metidos en ese activismo asociativo, pero yo creo que no funciono bien ahí dentro. Creo que es necesario, y que hay gente que lo hace muy bien y consiguen grandes cambios, pero yo no me veo ahí. Soy de la opinión de que mi forma de cambiar un poco las cosas o, al menos, a mi alrededor, tiene que ser más a través de lo personal y de mi trabajo.

Con esta obra ya ejerces de alguna manera como activista. Hay otra escena que quiero comentar contigo: la que critica la atención médica.

Sí, totalmente. Esa escena en una clínica ginecológica es real, más o menos. Ya es difícil para una mujer cis género acceder a revisiones ginecológicas por lo público, y acaban a menudo en lo privado, con que imagínate para mí… Yo lo pedí por mi médico de cabecera, no lo conseguí, llamé a una clínica privada, y me ocurrió eso que cuento: que no te puedo dar cita porque eres un hombre y el sistema informático no me deja.

Entonces…

Pues llevo años sin ir a revisiones; afortunadamente, no he tenido necesidad.

Y otra escena que me llamó la atención: en la que cuentas el momento de ligar y de ir a la cama…

En esa escena quiero mostrar cómo lo he vivido yo; sé que hay gente que lo ha vivido de otras maneras. Hablo de mi vivencia, sin ánimo de generalizar. Al final, creo que han sido más conflictos que han estado dentro de mi cabeza, sobre qué van a pensar los demás, que lo que realmente ha ocurrido luego. Que todo se ha desarrollado de una manera más natural. También creo que elijo bien con quien relacionarme. Cuando una persona me gusta, antes de dar un paso, intento conocerla más, ver su ideología, valores, entonces digo: aquí sí o aquí no. Si de repente conozco a una mujer que me dice que las mujeres trans no son mujeres, pues ya está, lo dejo, porque sé que no me vas a gustar, no quiero nada. Creo que he llegado a elegir bien mi entorno para sentirme seguro en él. También he ido notando, desde que empecé hasta hoy, que ahora hay mucha más visibilización de todo esto; ya casi todo el mundo sabe lo que es, y no se te señala como un bicho raro o un aparecido, hay mucha más aceptación y es más sencillo. Hace 10 años no era así.

Tú eres bisexual…

Sí, y dentro del mundo homosexual sí que me he encontrado más problemas.

¿Más problemas a la hora de ligar con hombres que con mujeres?

Sí, creo que hay una cosa muy estereotipada dentro de los hombres homosexuales, como que todo se concierne a lo sexual, que conoces a alguien a través de lo sexual, antes que de lo emocional. Hablo como una generalización, eh, que por supuesto hay de todo. Pero está bastante extendido eso de que lo único que quieren es follar, y quieren follar con un pene, no con una persona.

El culto al falo.

Eso es. Y el coitocentrismo. Todo tiene que pasar por la penetración. O eres pasivo o activo. No sé, vamos a conocernos y vamos a ver cómo funcionamos, ¿no? Es comunicación, intimidad. Entonces, dentro de cierto grupo de hombres homosexuales, me he encontrado con esto… Todos los mensajes que salen proyectados al principio de la obra son mensajes de Grindr. Me hice un perfil para la obra, con la típica foto del torso sin cabeza y presentándome diciendo solo: “Soy un hombre trans”. Ya está. Dejé que llegaran mensajes. Y son… mensajes tipo ‘me encantaría follarme a un macho con vagina’, que es lo que ha dado título a la obra, o las preguntas ‘¿pero a veces te vistes de mujer?, ¿estás operado?… Fetichización absoluta.

Sí, es famoso Grindr porque la segunda pregunta suele ser: ¿activo o pasivo?, y la tercera: ¿qué tal de polla?… ¿Pensando ya en escribir otra obra, Pablo?

Sí, con una temática totalmente distinta.

¿Cuál?

Sobre el síndrome de Diógenes.

¿Por qué ese tema?

A partir de una experiencia cercana, que me tocó especialmente. Sobre gente que trata de suplir sus vacíos emocionales llenándolos de cosas. Un trastorno de acumulación. Me he estado documentando y me ha interesado mucho el factor emocional que existe en este trastorno. Llenar el vacío emocional a través de cosas materiales. Y creo que todos, de alguna manera, lo hacemos, aunque sin llegar a ser patológico.

O sea, el miedo a la pérdida, al vacío, a la ausencia…

Exacto.

¿Tú sabes que Diógenes era todo lo contrario, que fue el primer minimalista de la historia?

Sí, era el Marie Kondo de los griegos.

Y mira tú cómo ha pasado su nombre a la historia. Por todo lo contrario. Una monumental injusticia histórica.

En este caso me gustaría dirigir la obra, no interpretarla. Quiero seguir explorando el tema, porque, en realidad, ese síndrome de Diógenes lo tiene mucha más gente de lo que se piensa. Explorar el Diógenes digital. La cantidad de fotos en el móvil que no somos capaces de eliminar…

Y acumular ‘followers’ en redes como una obsesión. Otro tipo de basura en nuestras vidas… Muy interesante, Pablo. Espero volverte a entrevistar.

‘Manual para follarse a un macho con vagina’. Escrita e interpretada por Pablo Alamá. Dirección de Miryam Diego y Tania Marte. Últimas representaciones antes del verano: Hoy, jueves, y los lunes 4 y 11 de julio en El Umbral de Primavera Mañana, viernes, en DT .

En septiembre se repondrá en Madrid y en alguna otra ciudad, como Valencia. 


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