‘Paisojos’ de cuadros del Thyssen en los ojos de las mujeres

‘Paisojos’ de cuadros del Thyssen en los ojos de las mujeres

A la izquierda, el cuadro ‘Retrato de una mujer como una vestal’, de Angelica Kauffmann, reflejado en el ojo de Carolina Vega. A la derecha, ‘Arquitectura pictórica’, de Liubov Popova, reflejado en el ojo de Lucía Villanueva. Fotos: Teresa Ordás.

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¡Veo, veo! ¿Qué ves? Lo que ven tus ojos. La palentina Teresa Ordás, periodista, escritora, guionista, experta en comunicación y creativa casi a tiempo completo, es la inventora de ‘Paisojos’. Todo comenzó con el registro de algunas figuras, no del todo nítidas pero perfectamente identificables, en las miradas que se prestaban a su peculiar invento. Así, hace casi una década, surgió el concepto: Paisojo, paisajes en el ojo. Pupilas ajenas convertidas en objeto de su propia mirada y objetivo de su teléfono móvil. Recientemente ha llevado su proyecto al Museo Thyssen Bornemisza de Madrid con una interesante propuesta de miradas femeninas de ida y vuelta.

Tras enseñarnos que el mundo cabe en el ojo ajeno, en diciembre Ordás convocó a una veintena de mujeres que trabajan en los diversos departamentos del Museo Thyssen Bornemisza, en Madrid, para captar los reflejos de sus obras favoritas con la sola condición de que los cuadros tuvieran firmas femeninas. Una forma de reivindicar el valioso papel de las artistas en la historia del arte denunciando al mismo tiempo su escasa presencia en las colecciones permanentes de la mayoría de las pinacotecas. Mujeres que miran a otras mujeres en su arte no es su primer trabajo en un museo (hay preciosos Paisojos con los cuadros de Sofonisba Anguisola y Laviana Fontana en el Prado), y nos apostamos un ojo de la cara a que tampoco será el último.

Presencio la jornada vespertina de esta sesión de fotos. Acaba de llegar Lorena, una de las empleadas de la tienda. Entre su mirada y la obra de la rusa Nadhesha Vadlstova, Cubismo (1914), se interponen sucesivamente el ojo de Teresa Ordás aguzado por sus gafas de presbicia, la lente del teléfono y las lentillas de Lorena que, además, esa mañana se ha maquillado de oscuro la línea del agua. Con todo, el reflejo de los trazos de Vadlstova es increíblemente nítido. Para Ordás no hay ojo malo ni mal de ojo. Basta con esquivar los parpadeos.

«Abrí la serie con el ojo de mi sobrina Carmen, 21 años y estudiante de Bellas Artes y, claro, el resultado fue espectacular como suele suceder con la gente joven. Sin embargo, uno de mis paisojos favoritos salió al retratar a un camellero de Tánger con verrugas, cataratas y cejas hirsutas. Pero, eso sí, con un camello entero en la pupila. El poder de los ojos puede con casi todos los defectos».

Los Contrastes Simultáneos de Sonia Delaunay (1913) posan dos veces. Es la obra que elige primero Beatriz de Miguel, también empleada de la tienda, y luego Carolina Llopis, parte del departamento Amigos del Museo Thyssen. Llega emocionada, con los labios bien pintados y la certeza de que el izquierdo es su mejor perfil. ¿Por qué esta obra?, preguntamos. «Porque contemplarla me provoca muy buenas vibraciones. Es un cuadro que estimula enormemente la imaginación».

Paisojo del cuadro ‘Cubismo’ de Nadeshda Udaltsova en el ojo de Lorena. Foto: Teresa Ordás.

Nos habla Teresa Ordás de las emociones que ella misma experimenta al elaborar cada Paisojo. Como creativa, suele insistir en que no es fotógrafa: «Lo más bello es el nexo que se crea entre observador y observado. Me gusta este concepto infinito de comunicación. El hecho de que sean las trabajadoras de un museo quienes se alíen con el arte femenino crea un vínculo muy poético entre artistas de otros siglos y mujeres de este. La tecnología, en este caso el teléfono móvil, se convierte en una máquina del tiempo y las empleadas, siempre pendientes del visitante, se detienen por un momento y pasan a contemplar sus obras favoritas. Ahí entro yo y me hago con sus reflejos. El cuadro contemplado pasa a ser parte de ellas como copropietarias de su esencia. Si yo hubiera tenido la fortuna de ser pintora en otros tiempos, me conmovería mucho esta especie de resurrección».

Saltamos de una sala a otra según las preferencias de las modelos. Paula Pérez y Carolina Vega estudian, respectivamente, Gestión Cultural e Historia del Arte. Ambas son becarias; la primera en el Departamento de Pintura Moderna y la segunda en Registro de Transporte de Obras. Los ojos de Paula reinterpretan a Gabriele Münter, Autorretrato (1908); los de Carolina se empapan del Retrato de una mujer como una vestal pintado por Angelica Kauffmann en 1775. Viendo a las dos estudiantes me viene a la cabeza una de las mayores alegrías que le han dado a Teresa sus Paisojos, según cuenta ella misma, al saber que su proyecto era objeto de análisis y estudio por parte de un grupo de adolescentes sevillanos. «Un buen día, Lola Crespo, profesora de Filosofía en el SAFA Sevilla, me envió los trabajos de sus alumnos y alumnas sobre el concepto de mis fotografías. Me llegaron textos e incluso un par de grabaciones y reconozco que me eché a llorar al escuchar a los chicos decir cosas como estas: ‘Ver a través del ojo ajeno te ayuda a entender otros puntos de vista’ o ‘son reflejos que van directos al cerebro e incluso al corazón’.

Poco antes de que se cierren las puertas del Thyssen, y cuando 25 mujeres ya han prestado sus miradas, Beatriz Mencos y Lucía Villanueva, del departamento de Comunicación, reciben a los corresponsales en Madrid de CGTN, Televisión Pública China, interesados en Paisojos. Unas visitantes espontáneas se detienen al reclamo de las cámaras y un joven seguidor de Paisojos en las redes reconoce a Teresa y enseguida le pide hacer un vídeo para su Instagram utilizando el teléfono. El móvil, siempre protagonista del frugal despliegue técnico de Teresa Ordás. «Sinceramente, la tecnología me ha ido ayudando», nos cuenta cuando amaina el trajín. «Yo no soy fotógrafa, soy creativa, por eso me es muy fácil trabajar con un teléfono. Los primeros Paisojos eran terribles; sin embargo, yo era capaz de ver en ellos imágenes muy atractivas. Cuando surgía un Paisojo espectacular se confirmaba mi certeza respecto a las infinitas posibilidades de estas fotos. El único problema es que muy pocos veían lo que yo veía. Les resultaba muy friki y además la mayoría de la gente pensaba que eran montajes», sigue Ordás entre carcajadas. «Yo siempre digo que Paisojos es una metáfora de nuestro tiempo, donde todo parece suceder en los móviles. Son fotos que nacen, crecen y se desarrollan en el interior de un móvil y salen al exterior desde las aplicaciones y redes sociales».

Paisojo del ‘Autorretrato’ de Gabriele Münter en el ojo de Beatriz Mencos. Foto: Teresa Ordás.

Paisojos es un proyecto muy rentable… emocionalmente. El plan más inmediato tiene que ver con una ONG de Guatemala que trabaja rescatando niñas de los basureros. «Los Paisojos no están en venta. Hasta hoy los he regalado, pero estoy cerrando simbólicamente el círculo de lo que busco con la serie Mujeres que miran a otras mujeres en su arte. Voy a subastar un NFT (Token No Fungible), del primero de esta serie que hice con mi sobrina mirando Ariadna dormida en el Museo del Prado. No sé qué va a pasar, pero sí que el 80% de la recaudación irá destinada a CONI, una ONG que saca a las niñas de los basureros en Guatemala. Las últimas inundaciones, la covid y las mafias han hundido aún más las expectativas de futuro de esas jóvenes. Sería precioso que Mujeres que miran a otras mujeres en su arte sirviera para que esas criaturas puedan visitar un día cualquier museo o simplemente escoger el camino de sus vidas».

Otra idea que le ronda es la de buscar Paisojos en miradas de invidentes. «Esta es una serie que espero hacer algún día. Les diría que, pese a ser personas ciegas, ahí está su mirada y los demás la captamos. Salvo que el párpado esté cerrado, mientras exista globo ocular puede haber reflejo. El ojo es un cristal, un verdadero espejo».

Cuentan que Luis Buñuel, al conocer a la actriz Ángela Molina, con quien rodó Ese oscuro objeto del deseo, exclamó: «Tienes unos ojos tan profundos que en su fondo podría verse una escalera de caracol». Pues eso, pura iridología. Ojo por paisojo.

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