‘Para acabar con Eddy’: ¿“hombres de verdad” o maricones?

‘Para acabar con Eddy’: ¿“hombres de verdad” o maricones?

Los protagonistas de ‘Para acabar con Eddy Bellegueule’. Foto: Ilde Sandrín

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‘Para acabar con Eddy Bellegueule’ llega al Teatro de La Abadía, Madrid, ofreciéndonos un relato desgarrador sobre la vida de un adolescente que debe hacer frente a la sociedad homófoba y machista con la que convive, que quiere “hombres de verdad” y no maricones. Una producción de la compañía LaJoven , en cartel hasta el 14 de noviembre, que es además un homenaje a Gerardo Vera, fallecido hace un año.

Destinado a sobrevivir en un ambiente machista, homófobo y violento, Eddy oculta su propia personalidad. Una sonrisa falsa y temerosa se dibuja en su cara cada vez que con desprecio lo llaman “maricón”. Una sonrisa con la que busca aceptación y que le sirve de escudo con el que protegerse de los abusos y humillaciones con los que convive a diario. Acaba de cumplir 14 años y ya se desvive por aparentar ser lo que esperan de él: “un hombre de verdad”, o eso al menos le grita su padre.

La historia de Eddy es también la de Édouard Louis quien, de forma autobiográfica, la relató en su novela Para acabar con Eddy Bellegueule (2014) y que ahora ha sido adaptada al teatro por la Fundación Teatro Joven. Una historia que, a pesar de lo dramático de lo que cuenta, ofrece luz y esperanzas sobre cómo buscar parajes donde ser diferente no salga tan caro.

Gerardo Vera, fallecido el año pasado a causa de la pandemia, quiso trasladar esta historia a los escenarios, y quería hacerlo con la compañía LaJoven, a la cual siguió durante muchos años, valorando en ella su extraordinaria trayectoria y compromiso con los jóvenes. “Era su proyecto soñado”, explica José Luis Arellano, director de esta adaptación y discípulo de Gerardo.

Tras leer la novela, el ilustre director teatral ya desaparecido quedó completamente conmovido: “Eddy es como un escupitajo espeso arrojado con violencia contra las conciencias bienpensantes de una sociedad instalada en una insensibilidad profunda hacia el dolor de los otros, en un deleznable rechazo a los que son diferentes”, dejó escrito en unas notas de preproducción.

Y es que, en esa búsqueda por encontrarse a sí mismo y alejarse de la intolerancia que lo rechaza, Eddy debe combatir contra la masculinidad impuesta por su familia y por su entorno rural. “Al final la obra es un grito para asumir quién es y para contárselo al mundo sin complejos. Para que sea aceptado por su padre. Ese padre que quiere acabar con lo que realmente es Eddy”, explica Arellano.

Ensayo de la obra ‘Para acabar con Eddy Bellegueule’. Foto: Ilde Sandrín.

Ensayo de la obra ‘Para acabar con Eddy Bellegueule’. Foto: Ilde Sandrín.

Precisamente, uno de los motivos que impulsó a Gerardo a elegir este texto fue la relación de Eduard con su padre, en la cual el célebre director teatral se veía reflejado. “Su padre fue un alto cargo de la Falange que despreciaba las ideas progresistas de su hijo”, cuenta Arellano. En esa misma línea, en otra de sus notas, el propio Gerardo escribió: “Este texto es un grito desesperado de un adolescente consciente de que para su familia no es más que un ser degradado, una fuente de vergüenza, de repulsión, de ignominia; una maldición”.

La novela, traducida a más de 20 idiomas, tuvo su adaptación teatral al inglés por la autora Pamela Carter, una adaptación que, según Arellano, “es uno de los textos teatrales más peculiares, creativos y brillantemente resueltos que jamás hayan caído en mis manos”. En esta ocasión, dos actores interpretan al protagonista –Julio Montañana y Raúl Pulido–, rompen la cuarta pared e interpelan al espectador, ofreciendo ambos un recital interpretativo que sobrecoge.

Durante la rueda de prensa de presentación, David Peralto, creador de la compañía LaJoven, puso de manifiesto también la importancia de esta obra, ya que habla de “la necesidad de ser aceptado desde la diferencia, algo muy importante para la educación en valores».

Por ello, la compañía ha programado 15 representaciones matinales para centros escolares con el fin de apoyar la educación emocional y en valores en los niños. Funciones que, según Julio Montañana, uno de los actores, cree que son muy necesarias, ya que “la cultura tiene la capacidad de prevenir en los más jóvenes ciertos comportamientos homófobos que lamentablemente siguen existiendo”.


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