El ‘Paraíso’ de una habitación de hospital, cortometraje nominado al Goya

El ‘Paraíso’ de una habitación de hospital, cortometraje nominado al Goya

El director de cine Mateo Cabeza.

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Ayer se conocieron los candidatos finales a los premios Goya del próximo 6 de marzo, en la edición número 35 que organiza la Academia de Cine. Entre las nominaciones más agradables, el cortometraje Paraíso, una película de Mateo Cabeza rodada en la habitación de un hospital adonde un padre y su pequeño, Ahmed y Taha, llegan desde Marruecos para salvar la vida del muchacho.

El cineasta, feliz con la noticia, se refería con el mismo agradecimiento a los otros galardones. Las recompensas personales colocadas para siempre en la vitrina de las emociones. “Con cada uno de mis proyectos busco la transformación personal y el aprendizaje. Paraíso me ha ayudado a empatizar con una realidad más justa y a enriquecer mi sentido del juicio crítico. No solo por el tiempo que pasé con los protagonistas, sino por ese año y medio recorriendo a diario las habitaciones del hospital infantil, aprendiendo de los pacientes, familiares, personal médico y voluntarios como yo”.

Paraíso son 20 minutos de cine honesto firmados por Mateo Cabeza, el cineasta que ha registrado la lucha por la vida en la pequeña habitación de un hospital, convirtiendo en actores a un padre y su hijo enfermo, Ahmed y Taha, que esperan que el pequeño sea intervenido de la afección renal que amenaza su vida. Miedo, esperanza, amor, incertidumbre, dolor, paciencia e inquietud. Sonrisas y lágrimas. Vida y muerte entre las cuatro paredes donde temporalmente se alojan dos personas que quieren amarrar su futuro, la esperanza en forma de riñón, el órgano que Taha necesita para seguir viviendo.

Mateo Cabeza (Sevilla, 1986) accedió como voluntario a la Unidad de Trasplante Renal Infantil del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, donde trabajó durante año y medio. Su cámara se cruzó con la historia de ese niño enfermo y su entregado padre. Por suerte, confiaron en un proyecto cuyo final ha sido tan feliz en la pantalla como en la vida real. Para disolver la angustia, Cabeza nos relata la historia de principio a fin.

“El pequeño Taha empezó a tener problemas de riñón a los 6 años. Ahmed movió cielo y tierra en busca del dinero necesario para el tratamiento y acabó pidiendo auxilio a España porque, además del coste de la operación, estaba la precariedad sanitaria de su país. Padre e hijo viajaron sin ropa y sin maleta dejando en Marruecos al resto de la familia (la madre y tres hermanos). Llegaron primero a Cádiz y por fín al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, donde pudimos rodar la película a la espera del trasplante de riñón que permitiría a Taha seguir con vida”, explica el director, aliviado por que la conclusion real de la historia fuera todavía más feliz que el final de su película. “Ambos salieron del hospital una vez que el trasplante se realizó con éxito y ahora toda la familia reside en una casa que les ha proporcionado la asociación Sevilla Acoge”, entidad que también le ayudó a contar con una experta traductora, Mila Mohamed Salem.

Paraíso va coleccionando premios. Además del posible Goya, tiene una Mención Especial en el Mediteran Film Festival (Bosnia y Herzegovina), en el Select Respect Film Festival (Grecia), Premio Mejor Cortometraje SHORT-IN-DOC del Festival Internacional de Cine Inclusivo de Vigo, Venus de Badalona a la Mejor Producción de España en Filmets (Badalona Film Festival) y Premio Mejor Documental en Festival Enkarzine (País Vasco)… Además, el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) le ha concedido la distinción de «película especialmente recomendada para el fomento de la igualdad de género».

La ternura y dedicación con que Ahmed se desvive por su pequeño contrasta con la habitual presencia femenina en los cuidados. Las normas del hospital solo permitían un acompañante, así que decidieron que la madre permaneciese en Ceuta con los tres hermanos de Taha, mientras Ahmed se encargaba de velar por el pequeño durante el ingreso hospitalario. Estudiar con él, rezar con él, llorar con él, esperar juntos el ansiado trasplante y, durante mes y medio, permitir que la cámara de Mateo Cabeza registrara todas y cada una de sus emociones. “Cumpliendo el compromiso de no interferir en absoluto en el proceso necesario para la curación del niño”, puntualiza Cabeza. Aun así, la presencia de ese padre resultó excepcional. “Es más; eran los únicos, porque lo normal es que estén las madres. Charlaba mucho con las marroquíes en sus cuartos o cuando se juntaban fuera en los bancos del hospital. Los relatos eran estremecedores”.

En Paraíso hay dos frases, puede que más, que nos asaltan como bocados de realidad: “Un país donde te humillan, lo abandonas”. “Hemos perdido el sentido de la humanidad”. Ambas en boca del padre. “Sí, me asombraba el nivel de concreción en pocas palabras sobre sus sentimientos, como cuando dice: “Me siento prisionero y   carcelero al mismo tiempo”, comenta Mateo Cabeza. “El sentido de la humanidad nunca estuvo perdido, pero quizá sí enmascarado. Es algo que esta pandemia ha sacado a relucir. La propia película respira humanidad. Está hecha desde el respeto a la dignidad de la persona, justo lo contrario de lo que la sociedad está acostumbrada a recibir. Vivimos en una sociedad aquejada de cierta neurosis colectiva, una sociedad adolescente que no termina de madurar. No me quiero poner pesimista, porque queda mucho trabajo por hacer”.

Cuenta el director que Paraíso va directa al subconsciente, “alejada del estilo documental popularmente conocido”. “Procuro que mi cine transcurra por otras corrientes. Hacer que personas que no son actores abran su intimidad y entreguen su alma delante de una cámara requiere un fuerte trabajo de profundidad y compromiso. Me apasiona filmar el interior del ser humano. Creo fervientemente en la potencia de esos planos, en su enorme valor emocional y poético para el espectador frente a cualquier plano ficcionado, y lo digo con conocimiento de causa”.

Mateo Cabeza compite por el Goya con otros tres cortometrajes: Biografía del cadáver de una mujer, Solo son peces y Paraíso en llamas. La palabra se repite en los títulos. ¿Cuál sería su definición del Paraíso? “Pienso en una forma de utopía, un espacio idílico, infinito, muy lejano a la realidad, aunque tengamos la capacidad de recrearlo en nuestro imaginario. A veces nos produce regocijo, otras casi nos asusta desearlo. Es un concepto muy utilizado por las religiones como esa promesa que da sentido a este mundo, y hay que creer en él de algún modo para soportar momentos de intensa dureza, como los que sufre Ahmed, y así no perder la fuerza del día a día en ese espacio minúsculo que es la habitación del hospital”

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