La poesía, una forma de resistencia “ante la furia del presente”

La poesía, una forma de resistencia “ante la furia del presente”

El poeta César Vallejo.

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La poesía como un acto de resistencia, de rebeldía, de amor… Hoy ‘Área de descanso’ se detiene a recomendar a varios poetas que, desde sus versos, nos ayudan a mirar de otra manera el mundo. Desde los enormes Antonio Gamoneda y César Vallejo a Valeria Correa Fiz, María Jesús Mena, Viky Frías, Eduardo Kahane, Daniel Romero Campoy…

Como asegura Jorge Riechmann en su último libro de poemas, no creo que la poesía sea un arma cargada de futuro, aunque sí una forma de resistencia. Algo así le contó al periodista (y poeta) Javier Rodríguez Marcos el gran Juan Gelman cuando vino a España a recoger el Premio Leteo. En el acto de entrega le acompañaba otro enorme poeta, Antonio Gamoneda, ambos premios Cervantes. Para Gamoneda, la poesía ni siquiera sería un género literario, tiene que ver más con una manera de mirar al mundo, sería algo más espiritual y no un producto pensado para ser consumido.

Tanto Gelman como Gamoneda beben de la palabra de uno de los grandes poetas de todos los tiempos, el peruano César Vallejo. Quien aún no haya leído a este clásico, cuyo talla moral y literaria se acrecienta con los años, ahora tiene una oportunidad con la exquisita antología de la editorial Nórdica, Me moriré en París, con ilustraciones de Sara Morante y edición de Víctor Fernández. Vallejo cultivó como pocos la indagación poética y la búsqueda de una forma, de una nueva manera de manifestarse, con el compromiso social y político. Esta antología recoge algunos de sus conocidos poemas en defensa de la Segunda República, pero también, y sobre todo, los que dedica al amor, a su paso por París o a la temprana premonición de la muerte. “Amada, en esta noche tú te has crucificado / sobre los dos maderos curvados de mi beso; y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, / y que hay un viernesanto más dulce que ese beso”, escribe en El poeta a su amada. No me canso de leer a Vallejo.

La idea de la poesía como acto de resistencia, más que de combate, la han retomado poetas más jóvenes, como Valeria Correa Fiz, quien en otra conversación con un periodista, en este caso con motivo del último encuentro de Cosmopoética, en Córdoba, aseguró que la poesía es una forma de resistencia “ante la furia del presente”. En su último libro de poemas, Museo de pérdidas (Ediciones La Palma),  la escritora argentina (y afincada en Madrid desde hace varios años) indaga en el poder de la palabra para restituir el pasado y forjar una memoria que, en todo caso, siempre tiene un elemento de ficción. El regreso, ¿a dónde volver?, las ausencias, el vacío que dejan las personas y los lugares, recorren un libro cargado de sensualidad. “No duele / la noche de la carne ni el cardo / en las heridas. // Duele en los tendones el saber / que no hay / adonde regresar”.

La pérdida del amor, la ausencia del ser amado, cómo lo que nos rodea moldea nuestra manera de ver el mundo, la incapacidad de las palaras para mostrar todo lo que sentimos, son algunos de los ejes de Poemas sordos (Valparaíso), de la madrileña María Jesús Mena: “Le hablas a la noche / pero ella engreída y sorda / no contesta”.

Hay quien ve esa oscuridad en la vejez, cada vez más arrinconada en esta sociedad de las prisas, los impulsos falsamente hedonistas y la glorificación de la juventud. “La vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de rencillas, congoja incurable, llaga incurable”, nos recuerda Pilar Santos esta cita de La Celestina en el prólogo a Flor de la vejez (Liber Factory), el nuevo libro de Viky Frías, donde la poeta explora con un lenguaje coloquial y muy cercano los miedos y retos que llegan cuando uno entra en la última etapa de la vida. Una mirada a la vejez no exenta de humor y en la que también se reivindica la libertad que confieren los años.  “Acercas tu cabeza a la tierra / parece que buscas tu alma / solo tu sombra se alarga al atardecer”.

La imagen retrospectiva de lo que fuimos y en lo que nos hemos convertido recorren los poemas de Los lugares y las sombras (Olé Libros), de Eduardo Kahane. Habitan también en ellos la emigración, el exilio, la ausencia y el proceso de escritura. El final de Autorretrato con petite histoire, concluye así: “No se escribe en pañuelos / sino en papel / mejor de día que de noche / con letra grande, clara / redonda y al aire / como ropa tendida al sol”.

“Vivir es tratar de escapar / de estar vivo”, escribe Javier Sánchez Menéndez en Ese sabor antiguo de las obras (Chamán ediciones), un poemario reflexivo y meditativo que invita al balance de la propia vida y de cómo afrontar el paso de los días desde la libertad y la virtud de lo bueno. “Vendrá la virtud / para salvarnos”, parafraseando los famosos versos de Pavese: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”.

“Lejos / era cerca / entonces”, nos dice Óscar Curieses en Libro de los iceberg (Varasek Ediciones), un libro de aliento minimalista que hilvana su discurso en torno al poder simbólico de la nieve.

La identidad, el paso del tiempo y el balance que hacemos de nuestros aciertos y los fracasos, la escritura como lenitivo contra las heridas que dejan los años, son algunos de los temas sobre los que reflexiona Daniel Romero Campoy en El peor de los perdedores (Ediciones Vitrubio). “Construir una idea / a partir del vacío. / Construir el vacío / a partir de una idea”, nos dice en El oficio de poeta.

La editorial Vitrubio ha publicado también Poemas de una polilla, de Marisol Santiago. Las polillas fueron antes larvas, se transforman y necesitan la luz. La autora se sirve del vuelo errático de esta mariposa, como la propia vida y el amor, para construir un discurso en torno a las posibilidades de la escritura como redención.


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Comentarios

  • Flavio Angel Jiménez Triana

    Por Flavio Angel Jiménez Triana, el 20 octubre 2022

    Me parece muy interesante y me emociona leer su artículo, César Vallejo ha Sido uno de los poetas que más me acompaña y con su diccionario humano me consuela. Tengo 63 años y la certeza de su poesía se cumple en los días de soledad que atravieso.
    Gracias también por presentar las otras voces que hablan en su columna.

    Desde Madrid, municipio que en Colombia lleva un duende español a cuesta.

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