Popy Blasco en ‘Cine Crush’: cómo marcaban paquete Burt Reynols y Van Damme

Popy Blasco en ‘Cine Crush’: cómo marcaban paquete Burt Reynolds y Van Damme

El actor Burt Reynolds posó desnudo para la revista ‘Cosmopolitan’ en 1972.

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Popy Blasco no descubrió su sexualidad con un compañero de colegio, ni tampoco con un amor de verano. La descubrió con Kurt Russell en ‘Golpe en la pequeña China’. Y que conste que ese no era el efecto que pretendía conseguir la película de John Carpenter. A partir de experiencias propias como esta, el periodista madrileño ha escrito el entretenido y original ensayo ‘Cine Crush’ (Dos Bigotes), donde revisa algunos de los mitos eróticos que nos hicieron descubrir nuestra orientación a través de un puñado de películas comerciales que, en el recuerdo, se presentan como involuntariamente homoeróticas. Hablamos con Popy Blasco en este sábado de celebración en Madrid de la gran manifestación del Orgullo LGTBIQ+.

¿Qué te pasó con ‘Golpe en la pequeña China’?

Los responsables del filme tan solo habían hecho una comedia de aventuras. Por supuesto que conocían el atractivo de Kurt Russell y querían explotarlo, pero es probable que nadie hubiera caído en la cuenta, durante la producción y el rodaje, de que habían realizado una película erótica para gais, que habían dado forma a los sueños sexuales de un niño, construyendo la fantasía imperecedera de un despertar sexual.

Comentas en tu libro que, como el que no quiere la cosa, la mayoría de las películas más icónicas en el subconsciente del colectivo LGTBIQ+ lo son de manera involuntaria e, incluso, a su pesar…

Más que a las películas icónicas para el colectivo, pues muchas de ellas son de temática abiertamente LGBTIQ+, en Cine Crush trato las películas que dieron forma a nuestro despertar sexual, en nuestra infancia, pues todas ellas eran películas, en teoría, heterosexuales. Para el público cis heteronormativo eran películas de acción, de aventuras, pero para nosotros eran películas eróticas, homoeróticas. Hoy en día, los adolescentes tienen referentes LGBTIQ+ en las plataformas de streaming mainstream, en Netflix, en Disney+, pero en la época del videoclub estos referentes no existían, nos los teníamos que inventar.

¿Hasta qué punto era involuntario ese erotismo presente en las películas comerciales que veías de pequeño? ¿En quién pensaba el exhibicionista de Jean-Claude Van Damme cuando exigía casi por contrato mostrar el trasero en toda su filmografía?

Pensaba en todos nosotros. Efectivamente, había películas involuntariamente filogays, todas las de Burt Reynolds o Steve MacQueen, por ejemplo. Ellos creían que su público eran machos como ellos. Y luego, afortunadamente, había estrellas como Jean Claude Van Damme, muy conscientes de su inmenso atractivo para el colectivo gay, que exigían por contrato tener una secuencia en la que poder mostrar sus turgentes glúteos. Otros ídolos posteriores como Vin Diesel y Jason Statham también han explotado su físico en sus películas sabiendo que este era solicitado más por gays que por mujeres heterosexuales. En esto, como en todo en esta vida, ha habido algún ingenuo, pero también mucho avispado. Y siempre hemos salido ganando nosotros.

¿Ha sido la admiración heterosexual por el cuerpo de macho alfa una excusa para la bisexualidad y la homosexualidad reprimidas?

Sin lugar a dudas, la bisexualidad oculta y la homosexualidad reprimida siempre han tenido un espacio en el que poder sentirse libre en el disfrute de las películas más rudas y con más testosterona, al igual que en los gimnasios o en los botellones entre colegones borrachos. La camaradería siempre ha sido una excusa para el acercamiento sensual. La represión y lo oculto viven en las sombras.

¿Por qué al colectivo LGTBI parece atraerle tanto aquello que en principio no está hecho para ellos?

Nuestro colectivo, sobre todo en generaciones anteriores, siempre ha vivido y seguimos viviendo la lacra de la atracción por la masculinidad tóxica que tanto nos rechaza. Curiosamente, sentimos deseo sexual por perfiles muy similares a los del que nos hacía bullying en el colegio. Al mismo tiempo, no deja de ser una venganza de justicia poética; el reducir al macho alfa que nos rechaza a un mero juguete sexual. Al macho homófobo nada puede producirle mayor rabia que terminar cosificado por el colectivo LGBTIQ+. Una rabia que, sin duda, procede de que en realidad les gusta sentirse deseados por dicho colectivo, lo que choca frontalmente con sus convencionalismos identitarios.

Popy Blasco, autor de ‘Cine Crush’.

¿Te molesta que algunos sigan hablando de la homosexualidad como un género cinematográfico en sí?

No, no me ofende. Hubo un tiempo en que, como espectador gay, me chirriaba que la homosexualidad fuese un género en vez de ser una particularidad más de los personajes de la película. Leía en el periódico que había comedias, películas de terror, dramas, thrillers y cine gay. Pensaba que lo que debería haber eran comedias con personajes gays y películas de terror con personajes gays, no que la sexualidad de los personajes fuese la temática de la película. Luego, pasado un tiempo, me di cuenta de que el grueso de la sociedad iba por otro lado y muy por debajo. Sin duda, en un mundo en el que se sigue persiguiendo a la gente por su condición sexual, esta debe seguir siendo la temática central activista de películas, novelas, piezas teatrales y ensayos varios. Queda mucho camino por recorrer y no se puede dar nada por sentado. En el ensayo lo que sí hago es distinguir entre cine de temática LGBTIQ+ (como Sauvage, Call me by your name o El desconocido del lago), cine LGBTIQ+ encubierto (como, por ejemplo, Rebeldes sin causa o Ben Hur) y cine homoerótico involuntario (como Soldado Universal, Tango y Cash o La junga de cristal).

Aseguras que, mientras que en el cine homoerótico o filogay convertimos a ídolos de masas heterosexuales en objetos de deseo, en el cine LGTBIQ+ encubierto asistimos a mensajes sexuales creados de forma consciente, aunque estos permanezcan invisibles para parte del público normativo…

El cine LGBTIQ+ encubierto es un cine fascinante que se dio en una época en la que la homosexualidad no solo era tabú, sino que era perseguida. Fueron obras que esquivaron la censura de la época y que eran invisibles al ojo hetero, pero que para el colectivo eran películas prístinas como el agua. Solo nosotros evidenciábamos que el tormento de Paul Newman en La gata sobre el tejado de zinc provenía en realidad de que estaba enamorado de su difunto amigo. Para nuestros padres, los protagonistas de Ben Hur eran dos amigos, pero nosotros teníamos claro que fueron amantes. Siendo niño no me cabía la menor duda de que los protagonistas de La Soga de Hitchcock eran novios o de que el ama de llaves de Rebeca era lesbiana. Para el público heterosexual, Pesadilla en Elm Street 2 es una película más de Freddy Krueger, cuando se trata de una película gay con bares leather, un protagonista homosexual, etc… Lamentablemente, lo oculto siguió en los noventa, con Jóvenes y brujas, una película claramente lésbica que no se atreve a reconocerlo, llegando hasta nuestros días con Frozen de Disney.

¿Qué tienen los vampiros que conectan tanto con las personas gais, bisexuales y trans?

Los vampiros pertenecen a la noche, el momento en el que todos nos sentimos más libres. Además, comparten con el LGBTIQ+ que son seres divinos y marginales. Jamás podrán formar una familia normativa. Carecen de doble moral, son sexuales. Además conectan con el espectador gracias al deseo oculto que todos tenemos de domar a la bestia; enamorar al vampiro y que no me muerda, que Grey no me haga daño en la habitación roja. Descubrir el corazón del malote, del monstruo. Una fantasía colectiva. Robert Pattinson, como buen sex symbol generacional, ha tenido mucho que ver en esto, por supuesto.

¿Por qué vivió la homosexualidad nacida en tiempos de Franco su despertar sexual cinematográfico con las películas de romanos?

El peplum fue el primer género histórico que desnudó el cuerpo masculino. Un cine heroico y mitológico que fue la excusa perfecta para poder gozar de aquellos gloriosos físicos de Steve Reeves, Mark Forest, Brad Harris, Ed Fury… Una época en la que muchos iban con la novia a ver una película de Hércules, cuyo torso les cambiaba la vida para siempre. Los actores protagonistas de estas películas eran verdaderos beefcakes, como dibujos homoeróticos de Tom de Finlandia.

También hablas largo y tendido sobre la época dorada de Hollywood, en la que la homosexualidad era tabú y pecado, pero solo de cara a la galería…

En los años del Hollywood dorado eran míticas las fiestas que los directivos de los estudios hacían rodeados de efebos. Ryan Murphy hizo una serie para Netflix, Hollywood, ambientando todo este ámbito. En esas fiestas estaba Rock Hudson, un actor homosexual al que obligaron a ocultar su sexualidad para convertirle en un galán heterosexual para el público femenino. Otros actores sufrieron el tener que ocultar sus vidas; tal fue el caso de Montgomery Clift y, en menor medida, las relaciones bisexuales de James Dean o Marlon Brando. Lo terrible es que hoy día sigue habiendo actores que interpretan a superhéroes que se ven forzados a ocultar su vida privada. Y actrices; recordemos cuando obligaron a Kristen Stewart, una chica lesbiana, a hacer un montaje de relación sentimental con Robert Pattinson para juntos promocionar la saga de Crepúsculo. No estamos tan en el futuro como nos creemos.

‘Cine Crush’ también sostiene que el mayor mito erótico de la infancia de la generación Z no es el típico ‘beefcake’ de carne y hueso sino el bonachón ogro de Shrek…

El ogro Shrek es un mito erótico porque está bueno y es sexy, como Tony Soprano, como Joan Laporta o como el abuelo de Modern Family. Son cuerpos no normativos que generan polémica, pero cuyo potente atractivo es evidente y parte fundamental de su éxito. Para mí, ha sido muy curioso observar cómo los centennials, no tan ceñidos a la belleza normativa, reivindican de modo romántico a Shrek a través de memes y filtros de realidad aumentada en Instagram y en Tik Tok.

Opinas que el cine español nunca ha estado más cerca de adquirir una personalidad propia como con el subgénero del cine quinqui popularizado por Eloy de la Iglesia. ¿Por qué crees que despierta tantas pasiones su muso, José Luis Manzano?

El cine quinqui estuvo a punto de ser nuestra nouvelle vague, nuestro neorrealismo, nuestro free cinema. De haber asentado a esa generación de cineastas liderados por Eloy de la Iglesia, hubiésemos llegado a Cannes. José Luis Manzano fue el divo absoluto de este género callejero, un actor que hubiese vuelto loco al mismísimo Pasolini y que enamoraba por su autenticidad y su latente ternura tras la fachada de macarra. Era un animal salvaje capturado para ser domesticado, pero hay cierto tipo de felinos que es imposible domar. Era un actor magnífico que también se estuvo formando para dirigir cine, nunca sabremos dónde hubiese llegado de no haberse adentrado en la espesa jungla de las drogas.

¿Llegará un momento en el que el despertar sexual de los chicos gais no tenga lugar a través del cine?

Sin lugar a dudas. Nos va a costar sangre, pero llegará un momento en el que los niños LGBTIQ+ van a poder vivir su primer beso con la persona que realmente les gusta y no con la persona que creen que deben besar. Esto ocurrirá y lo vamos a vivir, pero, qué duda cabe, siempre habrá un inesperado resquicio, una película, un actor que se arremanga una camisa, un personaje que emerge del agua, que hará sentir el pellizco, el intenso y placentero pellizco del primer erotismo


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