¿Por qué queremos seguir ciegos? Entre Unamuno y Alejandro Palomas

¿Por qué queremos seguir ciegos? Entre Unamuno y Alejandro Palomas

El escritor Alejandro Palomas.

Menéalo

¿Por qué nos engañamos? ¿Por qué queremos seguir siendo ciegos? ¿Por qué no vimos la ira de Putin? ¿Por qué no queremos ver la crisis climática? ¿Por qué no queremos ver el sufrimiento de los animales que maltratamos? ¿Es comodidad tanta ceguera? ¿No es más peligrosa que cómoda?

Cincuenta años después de la crisis del petróleo de los años 70, me ha hecho gracia que la Organización Mundial de la Energía sugiera ahora que combatir el gas de Putin pasa por usar el transporte público. Una medida que viene reivindicando el ecologismo desde el siglo pasado y que, junto a otras, nos habría alejado del abismo en el que nos encontramos.

Un dato conocido esta semana: los satélites han captado el desplome de una gran plataforma de hielo en la Antártida unos días después de registrarse 40 grados de más. Esta guerra que tenemos contra el planeta parece importarle poco a los gobiernos, atenazados por los intereses de las grandes multinacionales y las pasarelas laborales que les proporcionan cuando dejan la política. En los años 80, fue Felipe González quien desmanteló la red ferroviaria que había en España para potenciar el transporte por carretera y la construcción del tren de alta velocidad. De nuevo, cuántos problemas nos habríamos ahorrado si González hubiera tenido sentido de Estado y compromiso ambiental, en lugar de buscar un futuro en el Consejo de Administración de una empresa energética y cobrar una pasta, por nada.

Hoy, cuando ya sabemos todo esto, no solo no se fomenta el transporte ferroviario, sino que moverse en tren se ha convertido en un lujo. Se ha hablado poco del alza exponencial de los billetes de Renfe. Para una familia de cuatro personas es casi prohibitivo. Y no solo el tren de alta velocidad, también los borregueros, como los que se deslizan a trancas y barrancas a mi tierra, Extremadura. De ahí que en los vagones suela verse sobre todo a amigos, parejas o empleados a los que su empresa les ha pagado el pasaje.

Unamuno en La Alberca

Pensaba en esto el fin de semana pasado, en el vagón que me llevaba de Madrid a la Costa del Sol para participar en el Festival de Málaga, dentro del Ciclo +MaF MaF. Pensé también en los viajes de antes, de hace un siglo, a tierras donde no llegaba el tren. Y me acordé de un librito precioso que he leído hace poco, Brianzuelo de la Sierra. Miguel de Unamuno en La Alberca, que ha publicado con exquisitez la editorial Reino de Cordelia. El sello madrileño ha recuperado un reportaje publicado en 1900 en la revista La Ilustración Española y Americana, en el que el autor vasco narra uno de sus viajes a La Alberca.

Brianzuelo de la Sierra era un nombre ficticio que Unamuno se había inventado para referirse a este pueblo salmantino y su comarca, que visitó con asiduidad cuando asumió la cátedra en la Universidad de Salamanca. Este y otros detalles los cuenta Antonio Sánchez Puerto en un interesante epílogo que contextualiza al Unamuno viajero. “Llegamos a Brianzuelo de noche ya, después de habernos perdido en el vasto castañar que lo precede; llegamos rendidos. No sé qué me daba el que las pisadas de nuestras mulas resonasen en el silencio del pueblecillo, turbando su quietud”, escribe Unamuno en sus notas de viaje.

El mundo del autor, una mirada que taladra la niebla que envuelve al mundo, está en estas breves notas. Después de la primera noche, cuando su acompañante le llama para ir a ver el pueblo, Unamuno se hace el sorprendido y le pregunta para qué, si ya lo ha soñado. Una idea que luego se ve reforzada tras el encuentro con una anciana ciega, alguien capaz de ver aunque sus ojos estén clausurados. Aquí nunca pasa nada, le dice Unamuno, en la breve charla que mantienen. “Sí, como pasar sí pasa; todos los días pasa algo nuevo…, ya ve usted: ayer derribó Antero ese castaño que está cortando; anteayer dio a luz la mujer del tío Lucas… ¡Oh! Sí, señor, sí, no hay dos días iguales”. ¿Quién es más ciego, la mujer o Unamuno?, viene a preguntarse con esta anécdota el autor de Niebla. ¿Es el viaje incompatible con la velocidad y las prisas?, me pregunté. Creo que sí. La lentitud nos hermana con el paisaje y durante un tiempo acabamos formando parte de él.

Alejandro Palomas en ‘Un país con tu nombre’

Una idea que conecta con la charla que mantuve al llegar a Málaga con Alejandro Palomas sobre animalismo y literatura. “¿Por qué no nos planteamos consumir menos carne? ¿Por qué no nos distanciamos de las diversas formas de violencia? ¿Por qué usamos el lenguaje desde la hostilidad al otro? ¿Por qué la mentira?”, nos preguntó Cristina Consuegra, gestora cultural y coordinadora del encuentro.

Creo que algunas de las respuestas están en la última novela de Palomas, Un país con tu nombre (Destino). A pesar del sufrimiento y de los reveses de la vida, Jon y Edith, los dos protagonistas de esta hermosa historia, tratan de cumplir sus sueños. El sueño de una vida diferente, dentro de la naturaleza, en la que a los animales se les trate de verdad como compañeros de viaje.

Con un sabio manejo del tiempo narrativo y de la intriga, Palomas nos va introduciendo en las claves y conflictos de estos dos seres singulares y solitarios, inadaptados, rebeldes, críticos con una sociedad que encarcela a los animales en los zoos (Jon es veterinario) o en granjas industriales que se parecen mucho a un campo de concentración. El debate entre vivir como se piensa o pensar como se vive recorre esta novela luminosa en la que uno sale reforzado y alegre, feliz de que la literatura nos señale un sendero que a veces es difícil recorrer en la realidad.

Tes Nehuén es ‘La bestia lectora’

Los afectos compensaron la lluvia de barro que ensució la luz malagueña. Tuve un encuentro muy especial con amigos y lectores en la librería Luces. ¿Qué mejor nombre para una librería, esos bosques de libros? Como pedía la Ilustración, necesitamos la luz de la razón, casi ausente en estos tiempos oscuros. “Pero no basta con maldecir la oscuridad, hay que encender una vela”, decía Henry James. Una vela encendida que yo veo en la escritora Tes Nehuén, organizadora del encuentro. Si quieren aprender a leer, sigan a Tes en su blog literario La bestia lectora (https://www.bestialectora.com/), un canal alternativo e imprescindible para los amantes de la buena literatura, la que no se rige por modas, editoriales ni criterios mercantiles. Con cada entrada, Nehuén nos abre una nueva puerta y nos demuestra con pasión y brillantez analítica que la lectura no es solo un disfrute, sino también una reserva contra el desaliento.


Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

Comentarios

  • Me gusta

    Por Me gusta, el 03 abril 2022

    Me gustan las entrevistas y escuchar a la gente que tiene cosas que contar

  • Julio

    Por Julio, el 05 abril 2022

    Mi abuelo también era ciego y veía con los oídos la vida cotidiana y los sonidos de la naturaleza mejor que los demás con sus ojos yo era muy chico 5 años y es lo que más recuerdo de esa edad. Y también el olor de la cocina de la abuela. Gracias por el artículo no le conocía pero seguiré leyéndole.

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.