¡Más madera!, o cómo proteger los bosques cortando árboles 

Paisaje mosaico, bosques alternándose con pastizales y terrenos agrícolas en Las Merindades, norte de Burgos.

España es un país cada vez más verde, como demuestra el constante crecimiento de sus bosques, a pesar de los incendios y del riesgo de desertificación en determinadas regiones. Esta debería ser una noticia positiva de la que alegrarnos, pero la realidad resulta más compleja. Lo cierto es que la expansión de la masa forestal de nuestro país no es resultado de una gestión responsable del territorio, sino una inevitable consecuencia del abandono del mismo. Como explica el informe Incendios fuera de control de WWF, “entre 2004 y 2025, la superficie forestal total ha crecido en España más de un 7%, alcanzando más de 28,4 millones de hectáreas”. Pero… Profundizamos en este asunto de la mano de Alfredo Fernández, director de la Axencia Galega da Industria Forestal (Xera), a través de su participación en la mesa redonda ‘Construir con madera para proteger los bosques’, organizada por FSC España en el marco de la feria Rebuild.

“Sin embargo, este incremento de la superficie forestal no se traduce en un aumento de bosques sanos, resistentes y resilientes”, avisa la organización ecologista, que cita el último reporte del Gobierno español a la Comisión Europea, emitido en 2019, sobre el estado de conservación de los hábitats de la red Natura 2000, donde se muestra que los sistemas forestales se encuentran en un declive grave y continuado.

“Para el periodo 2013-2018, hasta el 89% de los bosques se encontraban en estado “desfavorable”. “Tan solo el 5% presenta un estado de conservación favorable”, se insiste en el informe de la ONG, que también explica las causas de este mal estado. Entre ellas, apunta a la “paulatina caída de la tasa de extracción de maderas y leñas, con el consiguiente incremento de la biomasa disponible”.

En estos momentos, el crecimiento forestal supera ampliamente a las cortas de madera, hasta el punto de que se produce tres veces más madera de la que se corta. “Se estima que anualmente crecen 45 millones de metros cúbicos de madera o biomasa, mientras que solo se aprovechan 15 millones. Todos los años se van acumulando 30 millones de m3 de material vegetal, porque no existe una actividad socioeconómica que justifique su gestión y aprovechamiento, incrementando así la continuidad longitudinal y vertical de los bosques que multiplica el riesgo de propagación (de incendios)”.

También tenemos que tener en cuenta que hablamos de masas forestales jóvenes y poco diversas, que son precisamente las más vulnerables frente al fuego. “En España hay millones de hectáreas monoespecíficas, poco naturales, muy degradadas, con densidades muy altas, que se han quemado muchas veces y que pueden alimentar el siguiente incendio”, advierte WWF. 

El caso de Galicia 

La conclusión parece clara, aunque pueda sonar contradictoria: para proteger los bosques, hay que cortar más madera. De ello son bien conscientes en Galicia, comunidad autónoma en la que la bioeconomía forestal alcanza una importancia estratégica. 

“Galicia representa el 5,8% de la superficie de todo el territorio nacional y cortamos en volumen, aproximadamente, la mitad o más de la mitad de las cortas de madera de todo el Estado”, destaca Alfredo Fernández, director de la Axencia Galega da Industria Forestal (Xera).

Fernández realizó estas declaraciones durante su participación en la mesa redonda Construir con madera para proteger los bosques, organizada por FSC España en el marco de Rebuild, la feria de la construcción industrializada que se celebra en IFEMA.

“No podemos dar la espalda al territorio”, remarcó el director general en dicho evento, en el que abogó por una gestión del monte basada en el aprovechamiento de sus recursos naturales. “Abandonar el territorio supone abandonar también una fuente de riqueza y de productos que necesitamos”. 

Al mismo tiempo, este modelo de bioeconomía forestal debe garantizar la regeneración y la conservación de los bosques, así como unas condiciones de vida dignas para las comunidades locales que dependen de estos ecosistemas. De ello se encarga la certificación FSC de gestión forestal sostenible. Precisamente, Galicia es la primera comunidad autónoma en superficie forestal certificada por este sello en España, con 271.401 hectáreas.

Incendios y captura de carbono 

Para el responsable de XERA, esta gestión sostenible está relacionada directamente con la prevención del fuego. “Es cierto que realizar determinadas labores y trabajos de silvicultura no garantiza totalmente que no vaya a haber incendios, que además son cada vez más graves debido al cambio climático. Pero sí que es una manera de mitigar el riesgo”.

En el contexto de una feria dedicada a la construcción como es Rebuild, Fernández puso en valor la madera como un material constructivo competitivo y especialmente adecuado en tiempos de emergencia climática. “Cuando construimos con madera, estamos empleando un recurso natural que tiene la capacidad de almacenar carbono y que puede ayudar al sector de la construcción a descarbonizarse. También contribuye a reducir los residuos y permite construir más con menos recursos”.

El director insistió asimismo en la importancia de desmontar ciertos mitos asociados al empleo de madera. “La madera no arde tan fácilmente como se piensa, sino que sabe protegerse naturalmente de las llamas. Hay ejemplos de sobra en los que vemos cómo la madera de un edificio arde pero la estructura no se cae. Posiblemente otros materiales colapsen mucho antes que la madera”.

Como organismo público, XERA está apoyando la construcción con madera en Galicia, tanto de viviendas como de diversas infraestructuras sanitarias, educativas y asistenciales. “En este tipo de equipamientos, la madera  tiene muy buena acogida por los usuarios debido al elemento biofílico que aporta”, explicó Fernández. 

La biofilia es una hipótesis científica que defiende que los seres humanos buscamos el contacto con la naturaleza en la que nos hemos desarrollado como especie. La madera contribuye a reforzar dicho vínculo ancestral debido a que su presencia en un entorno nos recuerda a los bosques. 

Microfundismo

De cara a desarrollar todavía más el potencial de la bioeconomía forestal gallega, uno de los principales desafíos es el microfundismo, término con el que Fernández hace referencia a la atomización de la propiedad forestal tan característica de la región. Actualmente, el 98% de la propiedad forestal gallega es privada y se encuentra dividida en unos 11 millones de parcelas. “Esta microparcelación supone todo un reto para el que tenemos que emplear fórmulas que permitan utilizar el territorio sin que el propietario se sienta usurpado”.

Fernández puso como ejemplo las agrupaciones de gestión conjunta, que son entidades en las que se unen varios propietarios para explotar el monte. “No nos podemos permitir el lujo de tener abandonadas las propiedades, hay que ponerlas en producción. Con ello no estoy diciendo que haya que expropiar a nadie. También tenemos claro que los rendimientos de esas propiedades deben repercutir en sus propietarios”. 

Encontrar la manera de compatibilizar el respeto a la propiedad privada con el aprovechamiento del monte sería además muy beneficioso para las propias poblaciones rurales. “Lo bueno de la micropropiedad es que posibilita una distribución de las rentas entre todos los propietarios. Por ejemplo, los beneficios de toda la madera que se corta en Galicia acaban llegando a muchas familias para las que supone una fuente de ingresos”, detalló Fernández. 

Mejorar estos mecanismos servirá para fijar población en un medio rural duramente castigado por la despoblación y el abandono. No hay otro camino si queremos que nuestros bosques no solo sean cada vez más verdes, sino que también se encuentren en el mejor estado posible.  

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