Queridas y monstruosas familias que nos construyen y destruyen

Nuestras queridas y monstruosas familias, que nos construyen y nos destruyen

La escritora Pilar Tena. Foto: Oscar Chamorro/Colpisa

Toda una geografía de nuestras queridas familias, que tanto nos construyen como nos destruyen. En su nuevo libro de relatos, ‘Aritmética familiar’, Pilar Tena mete con firmeza la mano dentro de las entrañas de un sinfín de modelos familiares. Una mano que se adapta a todos sus tamaños, que desgaja sin violencia los secretos que cada una de ellas guarda. Hasta los más duros, como la pederastia, pero siempre con el tacto de la gran literatura.  

La memoria es un monstruo pocas veces controlable. Un monstruo peligroso y libertino que desoye los métodos de salvación de quien le implora caridad. La memoria es ese todo que nos salva o que nos condena, y que explora de manera bellísima y exhaustiva Pilar Tena en su nuevo libro de relatos, Aritmética familiar. Un conteo emocional que tarde o temprano nos atañe, un conteo que nos recuerda a quienes nos rodean y que dibuja a aquellos que alguna vez desoímos, pero que de una forma  u otra forman parte de la familia que holla nuestra memoria.

Pilar Tena se olvida de la consanguinidad en pos de la empatía y hace un recorrido minucioso por lo propio y por lo ajeno. En este libro de prosa lenta el lector se da cuenta enseguida de que cada palabra es una herida, que todas las palabras obedecen al eco de una pérdida que acaba con la exactitud de las matemáticas. En este conjunto de 26 relatos todo el mundo pierde, pero he de decirles que no hay entre sus páginas ni un perdedor maniqueo, porque en este libro el dolor está depurado hasta sus últimas consecuencias.

Tena no lo usa jamás como vehículo para narrar, sino que lo utiliza como alimento para la biografía de quien lee. Tena hace un recuento pormenorizado de numerosos temas, de numerosas etapas, de numerosas décadas. Y el rastro que deja tras el conteo arroja un magnífico chorro de magnífica literatura. Todo en estos relatos nace desde lo mínimo, de los detalles menos literarios, desde ese pequeño estertor que todos los días nos lanza la rutina para que sigamos manteniéndola con vida, porque sin la rutina no somos más que hombres y mujeres vencidos por los inesperados caprichos de Dios y del diablo:

“Siento en un primer instante la presión de sus peso en mi cuerpo maltratado por el parto y la lactancia, la incomodidad de sus huesos anchos sobre mi fragilidad, pero en unos segundos todo cae en su lugar, y la ternura inusitada puede con cualquier miseria física”.

Tena extiende sobre su colección de relatos familiares un montón de fórmulas que los convierten en un mapa sobre el que encontrar nuestra propia humanidad, nuestros límites y también esa condición de visionario que creemos que nos va libando la rutina mientras estamos vivos.

Tena tiene un pulso prodigioso para sostener sus recuerdos, y a través de estas historias es capaz de enseñarnos cuánto tiempo se tarda en asumir ese frío eterno que dejan los muertos sobre nuestro porvenir.

Llama también la atención la caudalosa naturalidad en cada asunto tratado. Tena está suscrita a esa categoría de literatura que fluye sin necesidad de opacos artificios:

“Lo principal es que había recibido el anuncio de su propia muerte”.

Tena no busca lo trascendente desde lo literario, sino desde lo humano, desde lo emocional y jamás desde lo emotivo. La simplicidad de las acciones de sus protagonistas entronca directamente con narradores como Carver, Davis o la mismísima Alice Munro. Nada deslumbra en sus narraciones desde lo estético y, sin embargo, cada uno de sus pensamientos palpita dentro de quien tiene acceso hasta ellos de esa forma inesperada en que palpita dentro de un cuerpo ajeno el corazón de un donante:

“Paula observa la escena disgustada. Igual que Mario, calla. No meten baza, saben que es inútil, intervenir sería peor. Saben que la Navidad altera a las familias, que la sensibilidad está a flor de piel, que se aprovecha para decir lo que no se ha dicho en todo el año”.

Tena no necesita la colaboración de lo extraordinario para alcanzar la máxima exactitud en sus historias. Ella no cree en la estridencia, ella habla y narra con calma, con la cautela de quien sabe colaborar con la verdad:

“En ese gesto está la confirmación de lo que su tío ha intuido, lo que le irrita que su propia madre no vea. La misma historia de siempre, las mujeres abducidas por la vida familiar, apenas sobreviviendo, aplastadas por la maternidad y el matrimonio”.

Tena mete con firmeza la mano dentro de las entrañas de un sinfín de modelos familiares. Una mano que se adapta a todos sus tamaños, que desgaja sin violencia los secretos que cada una de ellas guarda. Los relatos de Tena son cuevas que ella se encarga de iluminar con inteligencia y novedad argumental. Excepcional es en ese sentido su relato El altillo. Un relato duro, austero, temerario y conmovedor que radiografía la naturaleza de la sociedad de esa forma electrizante en que atraviesa la luz un cielo maniatado por una poderosa tormenta.

No se olvida tampoco Tena de evidenciar en su libro,  a través de su valiente relato El cobro de una deuda, esa incertidumbre tan letal que es el consentimiento en un tema tan duro como es la pederastia.

Así pues, Aritmética familiar es una pelea a muerte, pero sin salvajismo ni golpes bajos, contra ese hervidero de males, de dolor y de inestable júbilo que es la familia. Tena pone cabeza abajo la unidad familiar desde todos los planos posibles, hace que caigan  de sus bolsillos las monedas y deja que su estridente ruido se convierta en esa confesión capaz de liberar a los cautivos que son obligados por lealtad a guardar silencio. Tena sabe dar voz a quien la necesita o se presta a ofrecer la mejor traducción simultánea a quienes siguen muertos de miedo bajo ese yugo férreo y asfixiante que es siempre la sombra de nuestro árbol genealógico.

Pilar Tena ha solucionado en 286 páginas oscuros problemas matemáticos y ha estudiado y descubierto palabra a palabra las mejores fórmulas para hacerlo. Ninguna ecuación, derivada o integral relacionada con la familia y sus tinieblas se ha quedado sin respuesta entre estas páginas. En este libro de músculos discretos, pero poderosísimos. En este libro alimentado por la estricta elegancia que siempre derrama la literatura en estado puro.

‘Aritmética familiar’. Pilar Tena. Tres Hermanas. 286 páginas.


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Comentarios

  • María Eugenia

    Por María Eugenia, el 02 enero 2023

    No sabía quién hacia la reseña hasta que la he terminado de leer pero me vino a la mente Sonia Fides, no podía ser otra.

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