Rafael Argullol: “Somos menos rebeldes porque tenemos más miedo”

El escritor Rafael Argullol.

El amor. El poder. El cuerpo. La verdad. El mal. La belleza. El Arte. El pasado. El futuro. Estas son algunas de las pasiones que el escritor Rafael Argullol analiza y disecciona en su nuevo libro. En conversaciones con el periodista Félix Riera, Argullol explica la necesidad de buscar la belleza para escapar de la vulgaridad y que el amor es la pasión de las pasiones, porque nos afecta a todos. Alerta además del peligro que acecha permanentemente a la democracia: “Siempre está amenazada, porque no deja de ser una exquisitez en un universo de violencia. Con mucha frecuencia el hombre tiene la tentación de volver a la ley de la selva e imponer el criterio del más poderoso”.

En esta obra, que lleva por título Las pasiones según Rafael Argullol (Editorial Acantilado), el autor de Aventura. Una filosofía nómada define al ser humano como una suma de esperanza y miedo, y asegura que la cobardía nos hace más gregarios, menos libres. “Hace falta convertir las nuevas ideas acerca de la naturaleza y el planeta en fuentes de rebeldía”, dice Argullol.

Escribes que la belleza es una de la pasiones más representativas del ser humano porque lo guía y lo lleva más allá de la dinámica del rendimiento constante, de la productividad y del utilitarismo de la sociedad moderna. ¿De qué nos protege la belleza en estos tiempos de vacío espiritual, en estos tiempos de apariencia, cinismo, escepticismo y mascarada?

No sé si la belleza salvará al mundo, como dijo Dostoievski, pero sí que se erige en nuestra defensa frente a la brutalidad del pragmatismo. Lo que sea la belleza para cada uno es distinto, claro está, pero lo que es común es el enigma que representa. Y necesitamos el enigma para no perecer en manos de la vulgaridad. 

Defines al ser humano como una suma de esperanza y miedo, y aseguras que el poder y la posesión serían una de las formas que tiene el hombre de defenderse de ese miedo. ¿Por qué quienes tienen poder temen desprenderse de él, temen perderlo?

Acumular poder crea la sugestión de que una muralla mantiene alejadas las causas del miedo. Es una ficción. Pero el hombre cree tanto en esta ficción que se aferra al poder como a un clavo ardiendo. El poder en realidad aumenta el miedo. Incluido el miedo a perder el poder.

Estamos viviendo enormes restricciones de la libertad individual por la pandemia y estamos asistiendo a un empobrecimiento generalizado a todos los niveles. ¿Nuestra libertad está en peligro mientras la del poderoso se agiganta?

La pandemia ha acentuado las restricciones de la libertad individual. El riesgo es que estas restricciones se extiendan más allá de la pandemia como ya sucedió con las restricciones que se impusieron al mundo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Cuanto mayores sean los engranajes de vigilancia, mayor será la debilidad en el ejercicio de la libertad.

Cuando analizas la cobardía, argumentas que si esta se instaura como fenómeno colectivo puede llegar a abrir las puertas al totalitarismo. Señalas tres rasgos del cobarde: sumisión, obediencia y docilidad. La cobardía, indicas, nos hace más gregarios, es decir, menos libres. ¿Hemos menguado en rebeldía?

Somos menos rebeldes porque tenemos más miedo. Y también porque no hemos sido capaces de sustituir las utopías que fracasaron en el siglo XX. Hace falta convertir las nuevas ideas acerca de la naturaleza y el planeta en fuentes de rebeldía.

¿La democracia está amenazada?

La democracia siempre está amenazada, porque no deja de ser una exquisitez en un universo de violencia. Con mucha frecuencia el hombre tiene la tentación de volver a la ley de la selva e imponer el criterio del más poderoso.

Las pasiones entran por los sentidos y se quedan habitando en nuestro interior. Tienen un carácter paradójico, una perspectiva salvadora en quien la experimenta y su naturaleza se enturbia cuando se convierten en obsesión. ¿Cuándo se debilitan las pasiones, cuando perdemos su complicidad y esa ilusión de inmortalidad que nos proporcionan?

Las pasiones se desvanecen cuando uno tiene la impresión de estar de vuelta de las cosas. La superación de las pasiones puede ser un asunto de sabios, pero la mayoría de las veces es un asunto de cobardes y de indiferentes.

El amor es la pasión de la pasiones, es la pasión universal porque nos afecta a todos. ¿Qué papel juega esta pasión en nuestra sociedad de hoy, tan ávida de deseos y de experiencias fugaces y rápidamente sustituibles?

El amor siempre juega un papel decisivo porque promete completar lo incompleto. Promete felicidad, plenitud. Que las promesas del amor se incumplan no impide que resurjan de nuevo. En uno mismo, en otra persona, en otra generación. El amor no es una fórmula o un estado. Es un deseo. Por tanto es móvil, provisiona, ilimitado.

En tu nuevo libro de conversaciones con Félix Riera, este se refiere al mal como una de las pasiones negras del ser humano. Estamos compuestos del bien y del mal. ¿El mal puede derrotarse?

Cuando eres joven estás fascinado por el mal. Por eso Las flores del mal de Baudelaire es el libro más seductor concebible. Sin embargo, a medida que pasan los años lo verdaderamente fascinante es el bien. Porque es lo difícil y excepcional. Llega un momento en que el mal es un dejà vu y el bien algo que nunca acabas de descubrir enteramente.

“La época que nos ha tocado vivir está dominada por un ritmo vertiginoso que no da pie a un verdadero conocimiento o experiencia”, dices para referirte a la velocidad y a la vorágine que definen el mundo moderno. ¿Cómo se para ese torbellino acelerado de horas y días en el que nos encontramos inmersos?

El torbellino se para deteniéndose. Colocándose en la inmovilidad del ojo del huracán. Hay que dejar de decir, a todas horas, “no tengo tiempo” para tener tiempo.

El capitalismo, como nueva forma de esclavitud y de sometimiento del ser humano, que nos reduce a meros consumidores y productores, ¿será el fin de la especie humana?

El capitalismo es importante, pero es menos importante que la codicia. La codicia es la auténtica pasión negra del ser humano. Ningún otro animal es codicioso como el hombre, ningún otro animal se apodera avaramente de lo que no necesita para subsistir.

El futuro, dices, es una invención reciente. Los cristianos lo situaron en otro mundo; los ideólogos en la construcción de una sociedad a través del comunismo, el socialismo o el anarquismo; y los científicos lo ubican en otras tierras y en otros planetas. ¿De qué hablamos cuando nos referimos hoy al futuro?

El futuro es también una mezcla de miedo y esperanza. Pero todo parece indicar que en nuestros días hay más miedo que esperanza. Y sin un dios al que recurrir.

En tus obras has profundizado sobre la fe, la figura de Jesús y de Dios. Comentas que crees en dioses transitorios. ¿A qué te refieres?

No soy teísta. No creo en Dios, pero a menudo me siento empujado a actuar como si Dios existiera. En esa paradoja se cuelan los dioses transitorios. Puede que la inmortalidad no exista; no obstante, sí existen los instantes inmortales.

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Comentarios

  • Pepe

    Por Pepe, el 17 abril 2021

    Bonita entrevista, una pena que parece que se corta al final.

    • rosa

      Por rosa, el 21 abril 2021

      Puedes encontrar respuestas a todas estas preguntas en la variada bibliografia de Rafael

      Argullol.

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