Historia del ‘Ragazzo’ antiglobalización masacrado por la violencia policial

Historia del ‘Ragazzo’ antiglobalización masacrado por la violencia policial

El actor Oriol Pla en ‘Ragazzo’. Foto: Oriol Segon Torra.

Menéalo

La obra ‘Ragazzo’ con el actor Oriol Pla recrea en el madrileño Teatro del Barrio la violencia policial a través del caso del joven activista antiglobalización asesinado en Génova durante una cumbre del G-8 en Génova hace 20 años. En pleno debate –aún, y van ya muchos años– por la ‘Ley Mordaza’, este monólogo no ha perdido ni un ápice de vida, auténtica vida frente a la violencia política y policial.  

Carlo Giulani, 23 años, italiano. Un joven activista antiglobalización como tantos miles por el mundo. Hace 20 años no pudo quedarse en casa mientras en su ciudad se marchaba contra la cumbre del G-8 que se celebraba aquel caluroso 20 de julio en Génova. Le vemos ahí, protestando contra el sistema, corriendo excitado, respondiendo con ataques a los ataques de los agentes, tratando de escapar… Y muerto. De un disparo en la cabeza. Su cuerpo, roto tras pasarle el coche policial por encima.

Los hechos son conocidos. La magnífica recreación que el actor Oriol Pla hace estos días con Ragazzo en el Teatro del Barrio, Madrid, en un monólogo de gran intensidad, nos los trae de vuelta, si es que acaso se han ido, en un momento en el que aún se debate sobre si la impunidad sobre los actos de ciertos policías debe tener las alas libres o estar sujeta a lo que rige para el resto de la ciudadanía.

En realidad, la obra es una reposición en esta sala –cinco años después de su estreno– de una obra dirigida y escrita por Lali Álvarez, que estará en cartel hasta el 16 de enero en Madrid y después de gira por el país, tras un parón de más de dos años. Antes ya había cosechado varios premios, como el de la Crítica de Barcelona a la mejor obra para jóvenes y al actor revelación o el Premio Serra D’OR al mejor espectáculo de teatro.

‘Ragazzo’ en el Teatro del Barrio. Foto: Oriol Segon Torra.

Con un texto vibrante y sensible, que es todo un canto a la vida, Carlo-Oriol nos hace revivir aquel asesinato de hace dos décadas, un tiempo en el que poco ha cambiado sobre el relato de la violencia y algunas cosas han ido a peor. En el caso de España, con la aprobación de la Ley Mordaza, en vigor desde julio de 2015, que afianza esa impunidad policial y cuya modificación es uno de los escollos a los que se enfrenta el Gobierno este año recién comenzado. A nivel internacional, el G-8 que se reunía en 2001 ha vuelto a ser G-7 desde 2014, tras la salida de Rusia, pero el blindaje de los líderes mundiales que se reúnen sigue siendo el mismo, la ultima vez en junio pasado en Cornualles (Reino Unido) tras la suspensión en 2020 por la pandemia.

“El personaje se pregunta todo. No entiende, como tantos no entendemos, el sentido que tiene que los gobernantes se blinden para decidir nuestro futuro. Lo vemos ahora con el cambio climático. Frente a los argumentos de científicos y ecologistas, ellos nos hablan de negocios. Carlo es joven y tiene conciencia de lo que pasa a su alrededor”, señala su alter ego, Oriol Pla, al que algunos recordarán por su papel en la serie televisiva Merli y otros muchos por su exitosa trayectoria teatral.

La historia de Giulani podría ser la de cualquier joven. Sus padres, de izquierdas –un sindicalista y una política–, le facilitaron un entorno en el que aprendió que hay que ser inconformista para cambiar las cosas. “El miedo es lo que necesitan para hacerte esclavo”, nos dice en la obra. Y él no lo tiene. Lo tenía.

Fue al escuchar las noticias sobre una manifestación anti-globalización del Foro Social de ese día de 2001, cuando cambió su plan de ir a la playa para acercarse a participar en la protesta. Y entonces llega el enfrentamiento, en una plaza, entre un furgón policial y un grupo de manifestantes, y llega también el disparo en la cabeza con fuego real de un agente que puso fin a sus sueños. Más adelante, también aparece, pese a la indignación internacional –hasta George Bush lamentó esta muerte–, el caso se resolvió con la connivencia judicial y la absolución del policía homicida y de los compañeros que le atropellaron después, cuando Carlo ya estaba malherido sobre el asfalto.

Este joven, en la versión teatral, no quiere estatuas en las calles, como la que le dedicó el escultor Alfonso Gialdini, con el título El corazón del petirrojo. Es de piedra, dura, muerta… Y él era pura vitalidad. No queda claro si prefiere canciones como la que le dedicó Manu Chao (Qué pasó, qué pasó). No se ve como un mártir ni como un héroe. Es uno más. Enamoradizo. Bailón. Muy enfadado con el devenir de un mundo que considera injusto. “La creación del personaje fue apasionante y ahora lo he recuperado como era en ese momento creativo. Un chaval jovial, curioso, inquieto, con la prisa de la juventud, despistado, con la sensación de que le queda mucho tiempo por delante”, comenta Pla.

Ese Carlo que nos evoca –después de que Álvarez se pasara dos años documentándose, buceando con su familia sobre su personalidad– vive esos días en una ciudad sitiada, con derechos restringidos como no se había visto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con el Tratado de Schengen suspendido para evitar la entrada de activistas y con todas las movilizaciones prohibidas. Ni ropa podía tenderse en los balcones dentro de la llamada Zona rosa, cercada por 30.000 agentes de las fuerzas de seguridad. Dos décadas después, eso sí ha cambiado. El G-7, como el G-20 también, se convoca ahora en sedes muy apartadas. Sin población alrededor. Y se protesta, pero en lugares que se deciden antes. El blindaje sigue.

Y también sigue entre nosotros Carlo. Mirándonos, en un monólogo que requiere un gran esfuerzo tanto emocional como físico. “Estar hora y media solo en escena, hablando a los ojos, me generaba en la primera etapa sensación de abismo, pero ahora ya no. Y es un personaje diferente cada noche, en el que me vuelco, aunque salgo con golpes de cada función”, reconoce el actor, que se siente identificado con el pensamiento crítico que genera la obra: “Cuando estrenamos Ragazzo, en los coloquios posteriores salía a relucir lo que iba a suponer la Ley Mordaza. Y ya lo vemos. En el caso de Carlo hasta manipularon el TAC para negar el disparo. Da mucha pena”.

Pero el Ragazzo sigue activo. Y no deja indiferente.

 

‘Ragazzo’, hasta el domingo 16 de enero. Teatro del Barrio, Madrid. https://teatrodelbarrio.com/programacion/


Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

Comentarios

  • Alberto Ramírez Toledo

    Por Alberto Ramírez Toledo, el 14 enero 2022

    Hola. Como buen antiglobalización y amante de la libertad, me gustaría que esta obra llamada «Ragazzo», se representara también en Barcelona. Yo también pude ser abatido allí, ya que estuve en Génova y vi tendido a ese joven ilusionado por un mundo mejor, tendido en el suelo y rodeado de un charco de sangre y mientras a mi alrededor, escuchaba lamentos, gritos y tiros por doquier. Es una imagen que no puedo quitarme de mi mente. Sería un gran homenaje a Carlo, ver con mis amig@s, esa obra. Por adelantado, muchísimas gracias. Suerte y Salud. Un saludo muy cordial.

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.