La reivindicación del ‘Orgullo Loco’ frente al ‘cuerdismo’ feroz

La reivindicación del ‘Orgullo Loco’ frente al ‘cuerdismo’ feroz

Fotografía tomada en 2018 por la agrupación Orgullo Loco de Madrid y compartida en su red social Twitter.

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No están locos, saben lo que quieren. Los Grupos de Apoyo Mutuo en salud mental (GAMS), organizaciones vinculadas con el concepto del Orgullo Loco  y un creciente número de colectivos e iniciativas como Radio Barandilla  (creadora del único teléfono contra el suicido  que hay en el Estado español) han dado un paso al frente para salir del armario. Están denunciando la discriminación que supone el cuerdismo y cambiando la forma en que se comprende la locura y la forma en que la sociedad se comprende a sí misma.

En medio de esta pandemia la generación Z (nacida entre 1995 y 2010) está exponiendo sin tapujos que existe una forma neurodivergente de pensar que no tiene por qué ser patologizada, está señalando que su forma de sentir no tiene cabida en este sistema de bienestar monolítico, está buscando formas de acompañamiento que permitan evitar el internamiento, la medicalización y la toma de psicofármacos y está defendiendo que la enfermedad mental es el resultado de un modelo de sociedad y no sólo una perturbación cerebral.

Voces expertas en salud mental anuncian que la cuarta ola girará en torno a los desórdenes psicoemocionales generados por la gestión de la covid-19. Esta afirmación pone en evidencia que las políticas sociales y económicas pueden generar sufrimiento psíquico en la población y, por tanto, repercutir en el funcionamiento orgánico del cerebro hasta producir una enfermedad mental. Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que la depresión acuciará a los habitantes de este planeta en 2030 y que el 25% de la población padecerá una enfermedad mental una vez en su vida, lo que está señalando es un modo de vida tóxico que expulsa la alegría de vivir, es decir, la vida en su esencia.

El 23 de febrero, más de 20 colectivos de personas psiquiatrizadas convocaron concentraciones en Barcelona, Valencia, Granada bajo el hashtag #NoMeAtes #EsTortura para denunciar que su fragilidad no es un problema individual, sino el síntoma de un cuerdismo feroz que asola los vínculos de toda la sociedad. Se trata de escasez de medios y de prejuicios. Por un lado, los números no salen: El sistema público de salud apenas cuenta con 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, lo que conduce a que la atención al paciente desemboque en medicalización excesiva y un seguimiento precario de cada proceso. En la calle, las voces denunciaban abiertamente la violencia psiquiátrica, los ingresos involuntarios, las contenciones químicas o mecánicas, la medicación forzosa, las tutelas impuestas y las formas de opresión y discriminación de las personas que son definidas en nuestra sociedad en términos de trastorno mental o déficit cognitivo.

A esa discriminación le han puesto un nombre: Cuerdismo. Se concibe como un tipo de opresión estructural que consiste en un conjunto de prácticas e ideología que presuponen la superioridad de los pensamientos, prácticas y experiencias cuerdas sobre las de las personas locas o que padecen sufrimiento psíquico. Sucede, por ejemplo, cuando se asocia locura a peligrosidad, cuando se trivializa el sufrimiento psíquico o cuando se utiliza la palabra loca o alguna otra etiqueta diagnóstica como insulto, cuando se normaliza la violencia psiquiátrica a la que se les somete, cuando se considera que su discurso no debe ser tenido en cuenta porque no son capaces de razonar correctamente, cuando se compadece su sufrimiento psíquico de forma trivial…

El auge de las redes sociales ha ayudado a que cada vez más jóvenes hablen abiertamente de cuestiones como la depresión o la ansiedad, un malestar que hasta ahora se consideraba un estigma que debía ocultarse. El anonimato de estas herramientas facilita esta salida del armario (no es lo mismo reconocer tus conflictos en redes sociales que contárselo a las personas con las que convives) y romantizar sus relatos, pero es innegable que el hecho de que tomen la palabra está minando el tabú del padecimiento psíquico e invitando a quienes lo sufren a tener una conciencia de sí más digna, autónoma y plena de derechos.

A J Balvin le siguen 46 millones de personas en Instagram. Su foto de perfil es un cartel en el que afirma: “La salud mental es tan importante como la salud física”. Yuno, quien recibe miles de visitas en su canal de YouTube, Purpurin Unicorn, habla sobre sus diagnósticos de salud mental, el bullying y su experiencia en centros psiquiátricos. Hugo de Vargas, a quien le diagnosticaron Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), comparte reflexiones sobre el padecimiento psíquico desde su propia experiencia en Twitter, Instagram. Cada vez son más las personas con cierta relevancia social que exponen su padecimiento psíquico. Miguel Herrán, actor en la serie La Casa de Papel, compartió su diagnóstico en redes.

Otro actor, Javi Martín (que alcanzó gran popularidad con el programa Caiga quien caiga), ha decidido reconocerse públicamente como bipolar y hablar de su intento de suicidio en los medios para “que mi historia te sirva de ayuda”. En línea con este compromiso enlaza su actividad teatral (en estos momentos con dos funciones, Sueños de un seductor en el teatro Lara en Madrid y Our Town en el teatro LabMadrid) con la presentación y dirección del programa mensual Esta vida loca de Radio La Barandilla. “Es verdad que salir del armario permite que las personas afectadas contemplen un horizonte de posibilidades en el que es posible vivir de manera amable, pero lo cierto es que normalmente tener una enfermedad mental es un estigma que impide encontrar trabajo, cierra puertas en el terreno sentimental y mina las relaciones familiares. Además, las condiciones en las que trabajan los profesionales de la psiquiatría en el sistema de salud son tan precarias que terminan recurriendo a la medicalización, las ataduras, etc… como una forma de atajar el problema y no siempre de solucionarlo”.

Red de Grupos de Ayuda Mutua Salud Mental

Ante esta precariedad, locas y locos empiezan a constituirse como minoría emergente cuyo discurso encaja en las propuestas de la psiquiatría transcultural, que defiende que la concepción occidental de la salud mental está cambiando la forma en que se expresan o manifiestan las enfermedades mentales en otras culturas. A las asociaciones de familiares y las organizaciones de profesionales psiquiátricos se suman cada vez con más fuerza las organizaciones “en primera persona” formadas por quienes han tenido o tienen episodios de sufrimiento psíquico. Estos GAMS (Grupos de Ayuda Mutua Salud Mental) están constituyendo una red de espacios en todo el territorio estatal:

ActivaMent, En el Límite Región de Murcia, En Primera Persona Andalucía, Flipas GAM en Madrid, GAMMA, de Albacete, GAM Compostela, GAM de Escuchadores de Voces de Granada, GAM Valencia, Hierbabuena en Asturias, Insania en Barcelona, InsPIRADAS en Madrid, Mejorana Navarra, Oito Marias GAM (A Coruña), Orgullo Loco en Madrid, Trebolmente, Xaxa GAM en Zoroa, Bilbao.

Su existencia dio un salto en el Estado español en 2018, cuando se organizó el primer Día del Orgullo Loco (Orgull Boig en Cataluña). El lema elegido para esta primera edición fue La locura lo cura. El comunicado que se hizo público aquel día arrancaba con una frase de Frida Kahlo: “Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”. El Estado español se unía así a una iniciativa que comenzó el 18 de septiembre de 1993 en la ciudad canadiense de Toronto como el Día del Orgullo de Supervivientes Psiquiátricos (Psychiatric Survivor Pride Day). Los actos tuvieron continuidad en 2019, ampliando las celebraciones a lugares donde no se había celebrado antes, bajo el lema Derecho a ser libre, derecho a ser yo.

El pasado 24 de mayo se celebró el Día del Orgullo Loco Virtual con el hashtag #SaludMentalParaTodas para reivindicar la importancia de la salud mental, garantizar sus condiciones materiales y combatir opresiones como la homofobia, la transfobia, el machismo, el capacitismo y el racismo, todas causantes de problemas de salud mental.

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