Santi Senso: “Crece el odio, la homofobia, el racismo, el clasismo…”

Santi Senso: “Va creciendo el odio, la homofobia, el racismo, el clasismo…”

Santi Senso en La ‘Tetraplejía del Cor’. Foto de Danilo Moroni & Juan Carlos Toledo.

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A raíz de dos agresiones homófobas sufridas en las últimas semanas, Santi Senso ha vuelto a representar este mes una de sus últimas obras, ‘La tetraplejía del cor’, en El Umbral de Primavera, Madrid. Con una estética hipnótica y poderosísima, Santi combina en esta obra el monólogo con la danza o el canto para hacer una necesaria reivindicación de la diferencia. Acompañado de un elenco muy diverso (Eduard Peña, Nacho Casares, Stiven Senga, Alberto Rojas y Marcos Zhang), en esta obra nos habla del miedo, de las consecuencias de ser disidente, del impacto que las vivencias (sobre todo las más negativas) de la infancia y la adolescencia tienen sobre nuestra personalidad futura. De cómo confrontar el ‘bullying’ y la intolerancia sin sucumbir al miedo. Hablamos con él.

Santi Senso (Cáceres, 1979) es actor, dramaturgo y director de escena. Ha trabajado en teatro, cine, televisión y musicales, pero es con su compañía Actos Íntimos donde ha conseguido desarrollar un potente y peculiar lenguaje artístico donde combina disciplinas tan variadas como la danza, el canto o el teatro. Sus obras son únicas, diversas, vivas, siempre en construcción. En El Asombrario charlamos con Santi sobre su creación artística, sobre las agresiones homófobas que ha sufrido y sobre la necesidad de denunciar el odio y la LGTBfobia. 

Tu obra ‘La tetraplejía del cor’ es una llamada a la abolición de la intolerancia, del clasismo, del racismo… pero, especialmente, de la LGTBfobia. El componente autobiográfico aquí es innegable, ¿cómo llegaste a este montaje y cómo se gestó esta original forma de llevarla a cabo?

Yo siempre digo que no intento proyectarme hacia una conclusión, una meta, un futuro cierto. No tengo nunca un propósito. También dicen que no se puede vivir sin un propósito y que uno siempre está cumpliéndolos sin darse cuenta. No deseo como intención primaria abolir, pero obviamente está en mí que la intolerancia, el clasismo, el racismo, la xenofobia y la homofobia por fin lleguen a su fin. Llegar a este momento de compartir mis vivencias de la infancia y la adolescencia forma parte de cómo se presenta Santi ante el mundo, con el mundo y para el mundo, no como acto de sanación; esto no lo podría compartir jamás en escena si no estuviese sanado o si tuviese algún atisbo de odio a aquellas cosas y aquellas personas que transitaron por mi vida. Siempre digo que es muy interesante viajar hacia atrás para saber quién fuiste y para aceptar quién eres sin proyectarte a un futuro cierto, sino más bien incierto. Esa incertidumbre es la que me llevó a ser genuino, a no copiar, a no ser igual o parecido a cualquier otro lenguaje escénico. Lo puro, lo auténtico de mis Actos Íntimos está en la incertidumbre.

Algunos compañer@s del mundo del teatro han definido tu obra como «una danza anti bullying». Y añado: Es como un potente conjuro con el que a través de la voz y el cuerpo intentas alertar sobre la vulnerabilidad de la niñez y la adolescencia. Lo que vivimos en esas épocas de la vida casi siempre tiene un reflejo sobre nuestro desarrollo futuro, ¿verdad?

Lo más poderoso de mis propuestas es que nunca voy con una intención para que el espectador o espectadora, o incluso los actores y actrices que están sobre el escenario conmigo, intenten provocar algo pactado. La propuesta, por lo tanto, es confrontarnos. La vulnerabilidad es un acto de poder hermoso donde no solo hay fragilidad, dolor, frustración, amargura y tristeza, sino en la que también se sonríe y se es feliz. Yo sonrío mucho, y fui muy feliz en mi niñez y en mi adolescencia, por eso hoy día puedo compartir y confrontarme sin rencor, sin odio. Nunca hice nada para llamar la atención, y eso es lo que más llamaba la atención. Este mantra me ha llevado a ser quien soy, pero no agradezco lo que pasé para ser quien soy ahora en mi adultez.

Has contado en diferentes entrevistas que tú mismo has vivido en tu propia carne ese rechazo y ese ‘bullying’ desde pequeño. “Yo amaba a mis amigos del barrio y claro que me dolían los golpes físicos y verbales que cada día intentaba lidiar, pero aun así yo les seguía amando”. ¿Qué queda de todo eso en el Santi Senso adulto?

Queda todo; nada se ha marchado, nada he olvidado, nada me sigue paralizando. Todo lo contrario; me sigue movilizando a confrontarme con los agresores. Y sí, en el amor hay dolor. Siempre se dice que si duele no es amor. Yo siempre contesto que ojalá no hubiese dolor en el amor. Pero también digo que no hay que pasar dolor para saber que es amor. El amor incondicional no va conmigo, ya que siento que si actúas así dejas de amarte y te abandonas, condenándote al eterno dolor.

‘Tetraplejía de cor’ es una obra que estrenaste gracias al apoyo de Surge Madrid, y para la que te has rodeado de un magnífico equipo humano. ¿Cómo ha sido trabajar con todos ellos?

Realmente mis creaciones son todas en equipo. Yo tengo una pulsión de inicio y la comparto rodeándome de personas que laten con mis locuras lindas. Mis propuestas no son convencionales, ya que yo tampoco lo soy. Yo rompo con esas etiquetas, puesto que mi lenguaje es propio, y no puedo decir que hago teatro, música, danza, performance o happening; es un lenguaje único, yo soy único, al igual que los creadores y creadoras que me acompañan con su disciplina: el compositor musical, el coreógrafo o el propio vestuarista. Cada uno de ellos hace que la propuesta y su puesta en escena no sean comparables a nada que ningún espectador o espectadora haya vivido antes. Si los propios creadores creemos que lo que hacemos es único, el público también lo sentirá así sin que les lleve a etiquetar el acto.

`La tetraplejía del cor’ de Santi Senso. Foto: Patricia Villalón Robles.

A este respecto, me ha llamado la atención especialmente que todo el equipo esté formado solo por hombres…

A mí también me ha llamado siempre la atención haber sido educado en un colegio solo de hombres. Además, son hombres mis hermanos, y el 90% de mis tíos, todos mis primos menos dos y casi todos mis sobrinos. Tal vez es algo a lo que no me puedo negar: convivir con ellos, trabajar con ellos… con los hombres. En esta obra, además, en la que hablo de mi infancia y de mi adolescencia, tenía que estar acompañado por estos hombres que latían y laten con emociones aparentemente vinculadas a las mujeres. En mi anterior montaje, llamado Parir, volver al vientre, en escena me acompañaban mujeres de distintas nacionalidades, religiones y culturas.

Tu obra, además, es un espacio abierto, libre, donde los intérpretes tienen la posibilidad de salirse del guion, del molde impuesto. Me parece un ejercicio creativo muy interesante.

Me gusta crear espacios seguros y es ahí donde los intérpretes de las emociones, el público y los actores y actrices que están en la escena creamos todos y todas juntas una dramaturgia viva, donde no hay nada impuesto, sino más bien propuesto por alguien que arranca con su honesta pulsión y van sucediendo los actos en vivo.

Hace unas semanas sufriste una agresión homófoba en Madrid, que no dudaste en contar y denunciar a través de tus redes sociales. Lo primero, agradecerte el gesto y la valentía. Cada día parece más claro que lo que nos van a salvar al colectivo va a ser la autodefensa y las redes de apoyo. ¿Cómo te encuentras? ¿Cómo lo recuerdas todo, ahora que ha pasado un poco de tiempo?

La verdad es que fue fuerte, muy poderosas esas miradas entre esos tres chicos en Lavapiés, el barrio donde vivo en Madrid. Esa agresión me hizo viajar a mi infancia y adolescencia, a mi barrio Hispanoamérica de Cáceres, donde el miedo no me paralizaba sino que me movilizaba. Así fue como pude decirles a estos tres chicos que por qué me insultaban, que por qué me agredían, que si no me conocían de nada, por qué este acto de odio. Ellos me querían romper los dientes, me querían golpear, me gritaban… pero yo seguía mirándoles fijamente a los ojos. Claro que tenía miedo, pero más terrible es el miedo por silenciar estos actos de odio y yo una vez más elegí acallarlos.

Justo a los tres días de sucederme esta agresión en Madrid viajé a Cáceres para visitar a mi familia. Comprando en un supermercado con mis padres, alguien se acercó por detrás de mí, me empujó, me apartó de la cámara frigorífica donde estaba con mi madre y me empezó a insultar: “Mariquita, que eres un mariquita”, “¡Apártate, coleta!”. Esta vez fue mucho más duro al estar mi madre delante. Ella intentó defenderme. Yo gritaba para llamar la atención de todo el supermercado, para que viesen que era una agresión homófoba y de odio. No entendía nada, yo solo gritaba para visibilizar ese acto de odio para que después la gente no negara y dijera que era mentira. Por supuesto que lo denuncié a la guardia civil, y por supuesto que tenía miedo, pero una vez más no me paralizó, me movilizó aún más a ponerle una denuncia por delito de odio y por homofobia.

Sé que la idea de volver a representar tu obra en El Umbral de la Primavera ha ido muy ligada a estas agresiones que has sufrido recientemente. ¿Crees que todo este tipo de creaciones literarias, creativas, audiovisuales y culturales con contenido LGTB+ sirven realmente para concienciar?

Realmente ya no sé si esto lo hago para crear conciencia, pero sí que lo hago para ser cada día más consciente de que esta situación sigue presente después de 30 años; me ha vuelto a pasar a mí personalmente. Nos sigue sucediendo; hay muchos hombres y muchas mujeres, niños y niñas, abuelos, abuelas, padres y madres que no se atreven a decir a sus familias que son LGTB+, y yo de alguna forma quiero dar voz a este dolor silenciado.

¿Cómo ves la situación de los derechos LGTB+ hoy en día en España? Con la presencia de partidos y colectivos ideológicos de ultraderecha siendo blanqueados por los medios día sí y día también, y con la presencia que tienen en las esferas económicas y políticas…, ¿crees que corremos más peligro que antes? ¿Es hora de armarnos y volver a las calles a luchar por lo que es nuestro?

Vivo en Madrid, en España, pero transito mucho por Latinoamérica, donde la situación es muchísimo peor. Y qué decir de otros países en los que por ideas políticas y religiosas es aún más dura la situación. Lo peor de todo esto es que va creciendo el odio, pero no solo la homofobia, sino también el racismo, el clasismo… y se dan muchos ataques a niños y a niñas, a mujeres, a indigentes, a negros, asiáticos, musulmanes, evangelistas, católicos, por el triste empeño de separar a hermanos y hermanas, a catalanes de españoles, a ingleses de europeos, a latinoamericanos, centroamericanos y norteamericanos… Por no aceptar que provenimos de un legado que nos han dejado nuestros ancestros. En muchos territorios antes estaban las naciones indígenas y ahora nos empeñamos en abolir su lengua, su cultura, su cosmovisión por imponer la nuestra, la de hoy, la que nos inventamos para sobrevivir y subsistir conviviendo entre el odio. Yo digo basta. Por amor no mato. Con amor vivo.


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