Vuelven a salir las sonrisas, pero ¿y la paz?, ¿dónde quedó la paz?

Vuelven a salir las sonrisas, pero ¿y la paz?, ¿dónde quedó la paz?

Foto: Pixabay.

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En ocasiones, las noticias más relevantes son las más pequeñas y cotidianas: El mundo se ha desenmascarado y las personas con las que nos hemos relacionado durante meses muestran la magia del rostro humano. Caen las mascarillas, pero también cae la paz. ¿Es posible, en estas circunstancias, seguir movilizándose contra la guerra y la multimillonaria inversión en gastos militares?

Nuestra especie es quien tiene la faz más expresiva; por tanto, podemos comunicar con ella muchísimas emociones. Además, nuestra condición de mamíferos nos hace más sensibles a crear vínculos con la información que procede de nuestras expresiones faciales. Desde hace unos días amanece sonriendo, quizás sea por contagio. Quizá el asombro de descubrir cómo es verdaderamente la boca, la mandíbula, los dientes, la barbilla… de aquellas personas con la que te has cruzado durante meses en aulas, consultas, pasillos administrativos y despachos haga que se multiplique el buen talante, porque normalmente respondemos con el mismo gesto a quien aparece a nuestro lado sonriendo

Al sonreír liberamos endorfinas, dopaminas, serotonina y adrenalina, hormonas que contribuyen a reducir el dolor físico y emocional, pues activan el sistema neuroendocrino e inmunitario, elevan el número de leucocitos y favorecen la plasticidad cerebral. La sonrisa es, pues, un buen punto de partida para abordar situaciones difíciles, y si hay un nudo doloroso capaz de desequilibrar nuestras vidas es una guerra. Sus efectos son devastadores no sólo para la especie humana, sino para toda la trama de la vida de este planeta.

El espectáculo de la invasión de Rusia a Ucrania, que conmovió a millones de personas de buena voluntad durante el mes de marzo, ha empezado a convertirse en una estremecedora rutina informativa. La palabra #paz en los manifiestos y las reivindicaciones en las calles como el #NoALaGuerra comienzan a teñirse de impotencia de tanto exclamarse sin resultado alguno. Sin embargo, la sobreexplotación de la empatía (que tanto puede incentivar la asistencia a las personas desplazadas como la participación en el acto de matar a otro ser humano al que se denomina enemigo) está dejando espacio a la visibilidad de otras iniciativas vinculadas con la no-violencia, como por ejemplo las acciones por la reducción del gasto militar.

El 13 de abril comenzaron los Días de Acción Global para la Reducción Gasto Militar (GDAMS) https://demilitarize.org, una iniciativa que termina el 13 de mayo y que se lleva a cabo desde hace años en todo el planeta. Quienes organizan esta convocatoria (entre otros, la Oficina Internacional por la Paz la organización internacional más antigua dedicada a buscar soluciones a los conflictos armados) reclaman presupuestos para la construcción de paz en vez de presupuestos que invierten en guerra. “Es hora de que nos unamos y pidamos a los gobiernos de todo el mundo que recorten el gasto militar y que, en su lugar, inviertan en seguridad común y humana. Démosle un presupuesto a la paz”, indican en un llamamiento al que se están adhiriendo particulares, organizaciones, colectivos y movimientos sociales de diferentes puntos del planeta.

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El SIPRI publicó el 25 de abril una nueva cifra récord del gasto militar mundial que en 2021 superó por primera vez en la historia los 2 billones de dólares. A nivel mundial, Estados Unidos se posiciona como figura indiscutible en gasto militar, con 801.000 millones de dólares (36% del total). En España, uno de cada 5 euros invertidos por la Administración pública se destina a finalidades militares, con un gasto por habitante de 479 euros, según el informe El gasto militar real del Estado español para 2022 , del Centre Delàs d’Estudis per la Pau de Barcelona.

Entre las acciones que se pusieron en marcha durante el mes de abril destacan aquellas que denuncian a los fabricantes de armas y los especuladores de la guerra, cuyas cotizaciones están llegando a máximos históricos en Wall Street. Seguir en redes la estela de hashtags como #StopLockheedMartin #ByeBoeing #RejectRaytheon #GivePeaceABudget #NoWarNoWarming o #EarthDay permite imaginar el impacto que podría tener la coordinación de campañas de boicot a las grandes compañías armamentísticas que se están enriqueciendo con la guerra de Ucrania y al mismo tiempo constatar los puentes que están creando los movimientos que defienden el cuidado del medioambiente con los colectivos pacifistas.

Paralelamente, las personas expertas en asuntos de paz y resolución de conflictos han seguido ofreciendo respuestas pacifistas a la guerra y salidas como la creación de un Comisionado Permanente por la Paz en la Unión Europea que establezca mecanismos de diálogo, prevención y de compartir experiencias de resolución de conflictos alternativas a la violencia. Según el informe del Global Peace Index 2021, elaborado por el Institute for Economics and Peace, los aumentos en el gasto gubernamental y privado en seguridad incrementan el impacto económico de la violencia. Un estudio de Brown University prueba que la inversión en gastos militares genera incluso menos de la mitad de empleo que hacerlo en educación, sanidad o energías renovables. GreenPeace ha demostrado que las misiones militares tienen como objetivo asegurar las importaciones de petróleo y gas de lugares en conflicto. Por ejemplo, de 2018 a 2021, Italia, España y Alemania han gastado más de 4.000 millones de euros en misiones militares con este fin.

Merece la pena cultivar esta línea de pensamiento. Una de las vías es seguir en redes a voces pacifistas como @PereOrtega (miembro del Centre d’estudis per la Pau J.M.Delàs) o @jordicalvo (vicepresidente de Internacional Peace Bureau).


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