Las alfombras 'rojas-verdes' de la moda

Las alfombras ‘rojas-verdes’ de la moda

Diseños de Edurne Ibáñez, Colección Abisal. Fotos de David Muñiz.

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La pandemia ‘covid-19’ ha traído consigo un replanteamiento serio del aprovechamiento de los recursos del planeta. Y en esa revisión global, lógicamente, entra el todopoderoso mundo de la moda. Que tanto manda en el área del consumo. Hoy repasamos algunas de las iniciativas puestas en marcha hacia una moda más sostenible, desde las llegadas desde Hollywood con actrices como Meryl Streep como abanderadas de las ‘alfombras rojas verdes’, hasta el pertinaz y serio trabajo del movimiento Slow Fashion Next en España. La sostenibilidad no es una moda, pero es necesario que entre –ya y en tromba– en la moda.

Una de las mejores formas de dar visibilidad a la moda sostenible era llevarla a las grandes alfombras rojas, las más ostentosas en Hollywood y otros certámenes cinematográficos en los que las estrellas suelen brillar más que nunca. La hace años esposa de Colin Firth, Livia Giuggioli –conserva el apellido Firth también, aunque se separaron en diciembre de 2019–, ideó una campaña de concienciación de grandes intérpretes para que portaran atuendos más sencillos y respetuosos con el medioambiente en los famosísimos photocalls. Con excelentes resultados.

Una de las más seguidoras de esta onda verde en Hollywood es, como no podía ser de otra manera, la oscarizada Meryl Streep, que inauguró la Berlinale que presidía en 2016 con una coleta casual, casi despeinada, y un vestido tan sencillo que llamaba la atención por serlo tanto, no por su vistosidad, como suele resultar habitual en ese tipo de eventos. Streep, conocida por su implicación en movimientos sociales y, por ejemplo, por impulsar el Museo de la Historia Nacional de la Mujer en Estados Unidos, ha hecho suya la reivindicación de vestir de forma sostenible en los actos públicos con photocalls, casi como un alegato, como una bandera. Como si hubiera rebuscado en un baúl para dar con el vestido más sencillo posible, y con él gritar: “Otro mundo es posible”. De hecho, ya se vistió de forma deliberadamente poco glamurosa en la rueda de prensa de presentación del jurado. Y, claro, habló de refugiados, de mujeres en el séptimo arte y de películas independientes. Y en ese tono se enroló en el movimiento iniciado por Livia Giuggioli, de intento de “alfombras verdes” en lugar de rojas: de unas estrellas que paseen modelos sostenibles, ante los ojos ávidos de personas de todo el planeta.

Otras actrices que se han subido al carro de la moda verde son Emily Blunt y Cameron Diaz, quienes acostumbran a asistir a premios como los del Zinemaldia donostiarra en vaqueros. Entre los hombres, el gran Kenneth Branagh o Michael Fassbender, a quien la persuasiva Livia convenció para que llevara un esmoquin de lana orgánica de Armani en una ceremonia de los Bafta. Obviamente, uno de los candidatos más claros a esta ola verde era el propio Colin Firth.

Todo ello supuso un notable éxito para Livia Firth, que, como empresaria, empezó a presionar a las firmas para que confeccionaran prendas sostenibles para las celebridades. Ella tenía que ser ejemplar, de modo que decidió usar ropa reciclada con complementos ad hoc, lo que viene haciendo desde entonces. Y no se amedrentó e invocó a los diseñadores de más notoriedad a promover “la justicia social, la integridad medioambiental y el mejor diseño”. Y ha logrado que Tom Ford, Giorgio Armani, Karl Lagerfeld, Valentino y Alberta Ferretti, entre otros, se involucren en esta cruzada verde, hasta el punto de que ella misma ha lucido un vestido en el que Armani empleó botellas usadas en los Globos de Oro y Meryl Streep ha vestido el primer diseño ecológico de Lanvin. Los sueños de Livia Giuggioli se han hecho realidad, hasta el punto de que anunció que va a lanzar una línea de ropa 100% ecológica, en una tienda de su propiedad, mientras Naciones Unidas le ha reconocido su mérito.

La británica Emma Watson y la estadounidense Jane Fonda, conocidas por sus manifestaciones igualitaristas y ecologistas, también se han sumado a esta corriente. Con Gucci se ha aliado Fonda, quien coincide que ha prestado su voz y su imagen a Greenpeace para promocionar su último vídeo de concienciación. La veterana actriz, que acaba de cumplir 84 esplendorosos años, había asegurado que no iba a comprar ropa nueva, más allá de la que contiene su generoso armario, si bien se ha comprometido a vestir diseños hechos con materiales naturales y sostenibles. Entre ellos, el econyl, un nylon regenerado hecho de materiales de desechos.

Los expertos afirman que la pandemia de coronavirus va a revolucionar el mundo de la moda y que el sector textil se verá obligado a ser más sostenible. Según La voz de Galicia, Kering, titular de marcas como Gucci, Yves Saint Laurent, Balenciaga, Alexander McQueen…, se ha comprometido a defender la moda sostenible con la creación de la aplicación Good on you, que ayuda a los consumidores a conocer las credenciales ecológicas de las marcas.

La ‘Slow Fashion’

Más allá, más cerca, con menos brillo, pero seguramente más autenticidad que las deslumbrantes estrellas de Hollywood, en España se viene desarrollando el movimiento Slow Fashion Next  Su directora, Gema Gómez, cuenta a El Asombrario cómo Livia Firth “ha aparecido en documentales interesantes como True Cost, denunciando malas prácticas de la industria del fast fashion”. En otros casos, estima Gema, “podemos pensar que puede ser un poco más postureo o desconocimiento, porque a veces te encuentras a algunas de ellas hablando de consumo consciente o medioambiente y luego las ves haciendo campañas para las grandes corporaciones que son las que más contratan y deforestan… Supongo que es difícil ser coherente cuando no se tiene la información, no se investiga lo suficiente o se tiene sobre la mesa un contrato jugoso”, destaca la combativa diseñadora.

Señala que en España “los sistemas que tenemos para reciclar el textil actualmente dejan mucho que desear”. Pero hay muchas ventanas verdes abriéndose. Gracias al Pacto Verde y la propuesta desde Europa “hay oportunidades, como por ejemplo cinco nuevos hubs textiles de reciclaje, uno de los cuales estará situado aquí, en España”, explica Gema. En países como Holanda y Alemania, o los del Norte de Europa en general, “dedican muchos más recursos e inversión desde las instituciones para que este movimiento se dé y se implemente. Aquí hay algunos ejemplos interesantes de ese apoyo como el clúster de moda sostenible GK Green Fashion, creado por la Diputación Foral de Gipuzkoa en 2016, pero a nivel nacional ese interés es muy nuevo y apenas hay propuestas de apoyo al emprendimiento y al slow fashion”.

Lo sorprendente es que, a pesar de todo ello, el movimiento emergente de diseñadores y diseñadoras slow es casi tan numeroso como en los países que nos llevan ventaja. “Es algo muy curioso porque a pesar de las dificultades, hay un movimiento emprendedor potente”, destaca Gema. El problema residiría en que “muchas marcas se quedan por el camino porque no llegan a tener la resiliencia o conocimientos y apoyo económico para hacer negocios sólidos”.

Así, según el informe que crea Fashion Revolution sobre los consumidores, “tampoco nos diferenciamos tanto de otros países como puedan ser Francia, Alemania o Italia. Depende de qué analizamos concretamente; en unas áreas estamos mejor y en otras peor, pero en general a nivel de conciencia no nos diferenciamos tanto”, se congratula Gema. En este enlace están los datos.

Dificultad para impulsar nuevas Coco Chanel

La fast fashion es muy poderosa. ¿Cuidar y preservar nos hace consumir menos? “Creo que es la conciencia lo que nos hace consumir menos. Es decir, parar, reflexionar y des-automatizar ese piloto automático que tan bien saben pulsar las grandes corporaciones para hacernos consumir de una manera rápida y excesiva con campañas como Black Friday”, analiza Gema Gómez.

El sistema actual del fast fashion “lo que conlleva es un consumo masivo de prendas y de recursos que apenas nos aporta valor. Tenemos los armarios llenos y sin embargo cada vez nos vestimos peor, con prendas de peor calidad y baratas, cierto, pero el precio que estamos pagando en muchos sentidos es altísimo, empezando por el medioambiente y la dificultad de que este sistema permita a las nuevas Coco Chanel tener un negocio estable compitiendo con ese modelo”, denuncia Gema.

La apuesta de Edurne Ibáñez

El caso es que estas tendencias por las alfombras verdes responden a una realidad que nuestros diseñadores más cercanos ya venían teniendo en cuenta. Por ejemplo, la modista navarra Edurne Ibáñez comenzó elaborando diseños a partir de materiales que la rodeaban en el taller familiar: desde gomas de mangueras, pasando por neumáticos hasta objetos metálicos de taller. “La moda sostenible es una evolución natural de la moda. No puede ser de otra manera, ya vamos tarde cuidando un planeta que lleva mucho tiempo mandándonos señales”, comenta a El Asombrario.

De hecho, Edurne cree que “es una tendencia que deberá establecerse como una única o mayoritaria manera de crear y de producir”. Aun así, puntualiza: “También es cierto que términos estrella como ecológico y reciclado son ganchos publicitarios, que se abusa de ellos y acaban perdiendo su esencia y significado original”. Y esto también pasaría en el mundo de la moda, “donde el consumidor final no acaba teniendo muy clara la información real del etiquetado, aunque es verdad que cada vez se profundiza más en ello. Aun así, las marcas lo saben y no dudan en utilizarlo como un recurso más de venta que camina a la par de un camino hacia un estilo de vida más consciente y responsable”.

Cuando Edurne comenzó a diseñar, siendo jovencita, sus motivaciones a la hora de reciclar pasaban más por abaratar costes e indagar en el reto de transformar materiales que por conciencia medioambiental, “aunque también sumaba”. Las “múltiples opciones” que le ofrecía trabajar los materiales le resultaban “un reto”. “Para mí sigue siendo una fuente inagotable de recursos que siempre ha guiado la mayoría de mis trabajos, tanto de moda como escénicos”.

La diseñadora navarra aclara que reciclar no implica abaratar costes, “porque la mayoría de estos materiales requieren un proceso mucho más costoso incluso artesanal, hasta quedar listo para ser trabajado. En el caso de tejidos elaborados a partir de botellas de plástico, por ejemplo, va acompañado de una producción responsable, como en el del algodón orgánico. De unos procesos respetuosos con el ritmo de crecimiento de la planta, sueldos dignos, procesos no invasivos con el medioambiente… La orientación social está clara. Las cosas cuando se hacen bien tienen un coste”, explica.

En cuanto al futuro de la moda, Edurne piensa: “El consumidor concebirá cada prenda como una inversión y exigirá calidades y procesos coherentes con un estilo de vida cada vez más cercano a las energías renovables, las casas pasivas, el comercio justo y el consumo consciente”. La diseñadora considera que las alfombras rojas y verdes pueden convivir bien: “Creo que no está reñido todo lo que hemos hablado hasta ahora con la fastuosidad. El consumo consciente no debería limitar la apuesta estética de cada individuo sino establecerse como una manera lógica de hacer las cosas”, y cree que la labor de famosos que visibilizan la moda sostenible es interesante, pero que el auténtico cambio se dará “en cada uno de nosotros”.

El reciclaje de Miriam Ocariz

Por su parte, su colega Miriam Ocariz lleva un tiempo algo alejada de las pasarelas, confeccionando colecciones realmente curiosas con materiales reciclados y creaciones que había hecho anteriormente. “Yo creo que sí, que cada vez la gente tiene más conciencia a la hora de consumir cualquier producto. Siento que se vuelve a valorar los productos hechos de forma más artesanal y exclusiva; hay mayor interés respecto de su procedencia, cómo está hecho y su historia. Yo en este sentido lo estoy notando y mi trabajo se está posicionando en esta línea, desarrollando diferentes líneas de producto que responden a una misma filosofía y que cuentan con una vida más larga que la que viene siendo habitual en moda”.

De esta manera, apunta Miriam, “resulta más fácil controlar los excesivos stocks y apostar por la calidad por encima de la cantidad. Creo que este punto es fundamental, volvernos a enamorar de lo que consumimos, hacerlo más personal y no estar tan condicionados por las modas tan pasajeras, que rápidamente van en muchos casos a la basura”.

Exposición de Miriam Ocariz en la sala Rekalde de Bilbao. Foto: Miriam Ocariz.

Otro aspecto que le interesa mucho y que está desarrollando es el tema del reciclaje. “Dar nueva vida a tejidos que en su día los utilicé con una finalidad y ahora pueden tomar otra vida y desarrollar otra función”. Así, en sus comienzos, a la vez que ropa Miriam hacía colgantes con piezas recicladas “obtenidas desde rastros, restos varios, desguaces… Ahora he recuperado ese concepto, pero de una manera más sofisticada, en cuanto a materiales y acabados. El resultado son pequeños personajes, tras ensamblar piezas tanto de rastros, antiguas, con otras de ferretería… Cada pieza es distinta y tiene su historia. Las hago de forma muy exclusiva porque llevan mucho trabajo, pero son sorprendentes y estimulantes”.

En este sentido, también está desarrollando una línea de cojines, “donde además de utilizar tejidos con los que estoy trabajando actualmente, reciclo otros antiguos, tejidos estampados. En su mayoría los tengo de archivo, o bien aprovecho de prendas que tienen alguna tara, y de esta forma se puede aprovechar el tejido y confeccionar cojines más exclusivos”.

Contra la explotación humana

Cuando los diseñadores de Slow Fashion Next hablan de sostenibilidad conceden gran importancia a su aspecto social, más allá del medioambiental. “La explotación de mujeres, puesto que el 85% de los trabajadores de la confección del sector textil son mujeres, se realiza en diferentes partes del mundo”, subraya Gema Gómez. Ella fue coordinadora de la campaña Global Fashion Revolution en España, tras el hundimiento del edificio Rana Plaza en Dhaka (Bangladesh), el 24 de abril de 2013. “Esta campaña pretende dar visibilidad a lo que pasa detrás de la ropa que compramos, porque cuando no tenemos información cualquier cosa puede pasar”, apunta Gema.

La explotación se haría a diferentes niveles. “Por ejemplo, el informe de la Campaña Ropa Limpia, de diciembre de 2019, demuestra que ninguna marca a día de hoy de las 19 entrevistadas, que son de las grandes, paga salarios justos a lo largo de toda su cadena de producción”. Con la pandemia actual, “también hemos visto, por ejemplo”, termina Gómez, “cómo Bangladesh, que es un país que vive en su gran mayoría de las exportaciones textiles, se ha sumido en la completa miseria”.

Diseños de Miriam Ocariz. Fotografía de Eduardo Sourrouille.

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