Súper héroes en peligro: el gran papel de las ballenas en el clima

Un grupo de cachalotes. Foto: Tony Wu / WWF.

POR ISAAC VEGA / WWF ESPAÑA

Son los mayores colosos vivos y los guardianes del planeta. Llevan deslizándose por las aguas de nuestros mares y océanos muchos millones de años antes de los primeros pasos de nuestra especie, jugando un papel clave de auténticos súper héroes en el equilibrio natural de la Tierra. Pero en las últimas décadas el ser humano está llevando a las ballenas por la senda de la extinción. Seis de las 13 grandes especies de ballenas están clasificadas como Vulnerables o En Peligro. Expertos de WWF confían en que la protección y recuperación de sus poblaciones puede ser una solución basada en la naturaleza en la necesaria lucha climática por nuestra supervivencia. Aquí te explicamos cómo son de importantes en el equilibrio del clima.

En migraciones estacionales o durante todo el año, los grandes cetáceos viajan a través de súper-autopistas marinas entre sus áreas de alimentación y reproducción, y tienen que sobrevivir a múltiples amenazas mientras se alimentan, se aparean, dan a luz o amamantan a sus crías. Tal y como cuenta este breve vídeo de WWF.

“La suma de impactos de las actividades humanas, como la sobrepesca, colisiones con barcos, la contaminación química, plástica y acústica, la pérdida de hábitat y el cambio climático, está creando un viaje peligroso y, a veces, fatal”, afirma Chris Johnson, líder Mundial para la Conservación de Ballenas y Delfines en WWF. “Seguramente, la amenaza más mortal es el enredo en artes de pesca abandonadas, que matan a unas 300.000 ballenas, delfines y marsopas cada año. Y esto sucede desde el Ártico hasta la Antártida”.

Como resultado de este peligroso cóctel de amenazas, 6 de las 13 grandes especies de ballenas están clasificadas como Vulnerables o En Peligro en la Lista Roja de la UICN, incluso después de décadas de protección frente a su caza comercial.

Alerta roja para la ballena franca del norte

Una de las especies que corren mayor riesgo de desaparición es la ballena franca del Atlántico norte, que migra entre Canadá y EE UU; se encuentra en Peligro Crítico de Extinción: tan solo quedan 336 ejemplares. Entre 2017 y 2021, 34 de estas ballenas murieron por colisiones con barcos y enredos en artes de pesca y el 86 % de las identificadas se han enredado al menos una vez en su vida.

Objetivo clave: proteger los corredores azules

Por primera vez, el informe Protegiendo los corredores azules, elaborado por WWF y más de 50 grupos de investigadores, visualiza las rutas migratorias seguidas por 845 ballenas en los mares y océanos todo el mundo, generadas por datos satelitales que han sido recogidos durante los últimos 30 años. En el estudio participaron destacados científicos marinos de la Universidad Estatal de Oregón, la de California en Santa Cruz y la de Southampton, entre otros muchos.

“El informe presenta algunos de los datos más completos hasta la fecha sobre los movimientos a gran escala de las ballenas a través de los océanos del mundo. La imagen emergente subraya la necesidad de una acción rápida y concertada y la inversión de recursos por parte de los gobiernos nacionales, los organismos internacionales, las comunidades locales, la industria y ONG como WWF para detener las amenazas que sufren  las ballenas y proteger estos corredores azules”, subraya Margaret Kinnard, líder global de Vida Silvestre en WWF.

El documento exige un nuevo enfoque de conservación para hacer frente a estas amenazas y proteger a las ballenas, a través de una mayor cooperación a nivel internacional, regional y local.

“Por su situación geográfica, España tiene un papel crítico en los corredores azules de los grandes cetáceos y cuenta con algunas de las zonas más importantes globalmente. El Corredor Migratorio de Cetáceos del Mediterráneo Occidental o las aguas orientales de Lanzarote y Fuerteventura son dos de estos espacios clave que necesitan importantes esfuerzos de conservación y protección para salvaguardarlos”, destaca Beatriz Ayala, del equipo de Océanos de WWF España.

Ballena jorobada con su cría. Foto: Tony Wu / WWF.

Hermosas, valiosas y muy beneficiosas

Los beneficios de proteger los corredores azules van más allá de los grandes cetáceos, que son además un enorme tesoro. El Fondo Monetario Internacional estima el valor de una sola gran ballena en más de 2 millones de dólares (unos 1,84 millones de euros), lo que supone un valor global de la población mundial actual de grandes ballenas de más de 1 trillón de dólares estadounidenses.

Monetizaciones al margen, las grandes ballenas vivas son realmente beneficiosas y tienen dos enormes súper-poderes. Por un lado, desempeñan un importante papel en la mitigación del cambio climático; por otro, fertilizan los ecosistemas marinos por los que se desplazan y sustentan la vida marina que los habita, multiplicando las poblaciones de fitoplancton, la base de toda la cadena trófica marina y uno de los mayores sumideros de carbono.

‘Carbono azul’: atrapan gigantescas cantidades de carbono

En los últimos años, se ha descubierto que las ballenas son grandes aliados en la lucha contra el cambio climático, ya que pueden capturar grandes cantidades del carbono que está calentando el planeta y provocando la emergencia climática. Una sola ballena puede capturar la misma cantidad de carbono que miles de árboles.

Durante sus largas vidas, las ballenas acumulan el carbono atmosférico en sus cuerpos. Hablamos de mucho carbono, dado que algunas especies de ballenas pueden vivir más de 100 años. Cuando mueren, se hunden en el fondo marino y también lo hace el carbono almacenado en sus cuerpos. En la mayoría de animales terrestres el carbono es liberado a la atmósfera tras su muerte. Sin embargo, puede permanecer en las profundidades del océano durante siglos en un fenómeno conocido como “carbono azul”, ya que los elementos producidos por la descomposición de sus cadáveres pueden tardar hasta mil años en regresar a la superficie.

Su longevidad y enorme tamaño convierten a las ballenas en grandes sumideros de carbono. Cada gran ballena puede confinar hasta 33 toneladas de dióxido de carbono atmosférico, cantidad realmente impresionante comparada con los 21 kilos de dióxido de carbono que en promedio almacena un árbol a lo largo de su vida.

‘Ballenas bomba’: multiplican el fitoplancton

El fitoplancton está considerado un poderoso sumidero de carbono. Además de producir la mitad del oxígeno de nuestra atmósfera, el fitoplancton en su conjunto capta unas 37.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, aproximadamente el 40 % del CO2 generado, lo que equivale a cuatro veces la cantidad confinada por toda la selva amazónica.

Pues bien, las ballenas tienen un efecto multiplicador en la cantidad de fitoplancton allá donde viajan y lo hacen de dos maneras diferentes. Por una parte, mediante el efecto de la “ballena bomba”: a medida que las ballenas nadan a través de las columnas de agua, agitan los minerales de las profundidades de mares y océanos, los suben a la superficie y los esparcen con sus migraciones en un proceso conocido como “cinta transportadora de ballenas”. De esta forma fertilizan el océano con los nutrientes necesarios para ayudar al crecimiento del fitoplancton. Además y como complemento de su fertilización natural y masiva, las heces de las ballenas contienen hierro, fósforo y nitrógeno, sustancias que el fitoplancton necesita para crecer.

Cola de una ballena jorobada. Foto: Richard Barrett.

Décadas defendiendo a las ballenas

En WWF llevamos décadas defendiendo a las ballenas: con campañas contra su caza o la creación de santuarios mundiales para ellas, como la protección del Mar de Ross en la Antártida. Trabajamos para minimizar sus colisiones con barcos y para frenar la contaminación marina acústica, por vertidos, restos de artes de pesca abandonados y desechos plásticos que matan a las ballenas. Luchamos contra el cambio climático que calienta mares y océanos, y amenaza sus hábitats y fuentes de alimentación; y promovemos la creación de Áreas Marinas Protegidas (AMP) y acuerdos con pescadores para asegurar su futuro y proteger los corredores por donde viajan.

Es urgente actuar y tú eres parte de la solución

Queda mucho por hacer y es urgente actuar. Sabemos cómo hacerlo y debemos abordar ya las múltiples amenazas que afectan a su supervivencia. Aún estamos a tiempo de asegurar el futuro de las ballenas, que es también el nuestro.

Muchas de las soluciones para combatir el cambio climático son complejas y costosas, y restaurar las poblaciones de ballenas es una de las muchas formas naturales de aumentar el confinamiento de carbono necesario para ayudar a reducir los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Y, como especies migratorias, las ballenas pueden ejercer este súper-poder en todo el mundo, de forma global.

Cada vez hay más pruebas de que las ballenas desempeñan un papel en el ciclo del carbono y que son claves en la lucha para salvar a la humanidad de la crisis climática. Pero por sí solas no pueden salvar nuestro planeta y los gigantes marinos necesitan nuestra ayuda. Lo primero es recuperar sus poblaciones.

En la actualidad alrededor de 1,3 millones de ballenas surcan nuestros mares y océanos, una cantidad significativamente inferior a los entre 4 y 5 millones que debían existir antes de su caza comercial. «Si bien la prohibición mundial de la caza comercial de ballenas prácticamente ha eliminado esta amenaza, los grandes cetáceos aún enfrentan amenazas importantes para su supervivencia», señala Leigh Henry, directora de políticas de Vida Silvestre de WWF-USA.

Los mayores colosos de este maravilloso planeta están en la cuerda floja y tú puedes contribuir a salvarlos. ¿Cómo? Reciclando tus residuos, especialmente los plásticos, y participando en la limpieza de playas; pidiendo a las Administraciones que luchen con medidas eficaces contra el cambio climático; y uniéndote y colaborando con las ONG que defienden a las ballenas y sus hábitats. Con el esfuerzo de todos lograremos que las majestuosas ballenas y sus grandes saltos y migraciones pervivan muchos siglos más, ayudando al planeta y a la supervivencia de las generaciones venideras.

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