‘Temas de conversación’ sobre cómo abusar de las mujeres

‘Temas de conversación’ sobre cómo abusar de las mujeres

La escritora Miranda Popkey. Foto: Elena Seibert.

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En ‘Temas de conversación’, su primera novela, Miranda Popkey (Santa Cruz, California, 1987) sabe concretar cualquier ángulo que forme el abuso contra la mujer y visibilizar cómo ese abuso transforma su naturaleza. Popkey es despiadada a la hora de narrar lo que la sociedad hace con las mujeres y no se olvida de incluir el tema de la maternidad. Un artefacto de sinceridad extrema. Un libro feroz, de una brutalidad programada, dando voz a muchísimas mujeres para conseguir dinamitar los cimientos de los estereotipos sociales.

A veces tirar una moneda al aire es un acto irrefutable de valentía, tanto que la mirada se desvía una y mil veces antes de fijarse en el resultado de nuestra suerte. Pero eso jamás ocurre en Temas de conversación, porque la mirada de la autora es la moneda que no deja de hacer piruetas casi suicidas sobre temas como el amor, el deseo, la maternidad, la amistad sin caer en las reflexiones podridas de otros libros.

Temas de conversación es un libro que te hace retroceder a las emociones más puras, a las no contaminadas, a la esencia de nosotros que guarda con celo la memoria y que nosotros deformamos, moldeamos y destruimos con saña a medida que vamos viviendo para satisfacer a un emporio que nos expulsa una y otra vez de él.

Temas de conversación te permite acceder a  todas esas  verdades que se han quedado quietas sobre esa parte de corazón que la vida desdice y somete sin pudor y sin sentido.

Es un  libro exquisito, de frenética armonía. Un ejercicio de realidad y de desmitificación bárbaro. El arte de escuchar como materia de defensa.

Popkey disfruta exponiendo la vistosa y explosiva falibilidad de su protagonista, convirtiéndola en un cometa luminoso y pragmático que desordena el mundo hasta obtener las respuestas que su precario orden le niega a cualquier ser humano. Su protagonista es un potente altavoz. Y el eclecticismo de la autora es una ventaja para quien convive con su personaje principal.

Temas de conversación es un libro de una brutalidad programada y reprogramada por la autora; parece un libro inofensivo cuando comienza, pero es un diablo de lengua supersónica que cuestiona cada segundo de la existencia humana. Es feroz, por ejemplo, con  la crítica que la sociedad declara como real contra la mujer, con las invenciones con que aniquila su tranquilidad, incluso su supervivencia. Y lo hace dando voz a muchísimas mujeres para conseguir dinamitar los cimientos de los estereotipos. Y lo hace mostrando la violencia machista como un escaparate en el que la justicia jamás meterá la mano para paralizar al maltratador.

Popkey irrumpe en la realidad de un caso mediático, el apuñalamiento que sufrió Adele Morales a manos de su marido, el intocable Norman Mailer, y que fue prolíficamente aplaudido, porque las mujeres no pueden desear como los hombres o avergonzar a sus maridos en el marco de sus narcisistas y multitudinarias fiestas, máxime si eres una mujer de una etnia alejada de las políticamente correctas en esas cloacas que manosea el poder hasta hacerlas a la medida de sus manos:

“Tampoco es que Norman no les pegara a las mujeres blancas, pues a su cuarta esposa le dio por lo menos una paliza, y no fue en privado, y era rubia y de piel más clara que yo. Pero creo que el hecho de que una mujer no fuera blanca, y Adele no lo era, lo hacía más fácil. No para Norman, sino para el resto de ellos. Para el resto de nosotros”.

“Trató de protegerse, por supuesto, pero todo el mundo la culpó a ella de todas formas. La madre de Norman, sus amigos, el mal llamado establishment literario entero. No se divorciaron oficialmente hasta el setenta y dos. Recuerdo haberme enterado o quizás me lo contó alguien, ya se sabe cómo circulan estos cotilleos, y haber pensado  que debería buscarla  y decirle algo, algo como lo siento. Ahora ya es demasiado tarde, por supuesto”.

Popkey utiliza para construir Temas de conversación una larga comparativa femenina, una minuciosa exhalación en la que comparte hechos que denotan la debilidad de la mujer frente a una sociedad que no dialoga con ella, que la sume en un silencio que justifica y jalea cada gesto masculino. Popkey sabe concretar cualquier ángulo que forme el abuso contra la mujer y visibiliza cómo ese abuso  transforma su naturaleza. Es despiadada a la hora de narrar lo que la sociedad hace con las mujeres, y por supuesto es imposible que se olvide de incluir el tema de la maternidad en este artefacto de sinceridad extrema. No se olvida de que la maternidad es en demasiadas ocasiones la cárcel que desfigura a la mujer hasta anularla, hasta neutralizarla y centralizarla en un papel único y alienante. Su capítulo Fresno, 2014 es un invierno en el que las protagonistas arden de frustración, de dolor, de impotencia.  Un invierno en el que la culpa es un tótem mutante que les corta el paso y que las convierte en testigo de cargo contra otras mujeres:

“No estaba borracha, pero no confiaba en mi cuerpo, sospecha que pudiera almacenar algo de alcohol en reserva, que escondiera el etanol en mis conductos, y lo soltara cuando mi hijo mamara. Parecía algo que una mamá reciente no debería hacer, beber con sus amigas mientras su bebé dormía. Sórdido es la palabra que me venía a la cabeza. Y vaga y mala”.

Popkey no se olvida del deseo de las mujeres, de sus fantasías a veces tan alejadas del poder de los hombres que estos acaban apuñalándolas en fiestas zarandeadas por el aliento de la intelectualidad. No se olvida de que las mujeres pueden desear a otras mujeres, y recala con firmeza en la delicadeza con que esos sueños recorren su cabeza, cómo alimentan el famélico cuerpo en el que las embute la rutina conyugal. Popkey no se calla nada:

“La elegí yo a ella, a esa mujer sin nombre”.

No obvia tampoco la precariedad con que la libertad arrincona a las mujeres cuando osan  pronunciar su nombre. Y hace de la inverosimilitud la única verdad. La imaginación de Popkey entronca con la realidad con una contundencia desmitificadora. Glorioso es en ese sentido el capítulo Santa Bárbara, 2016.

Así que es evidente que no deben dejar de leer Temas de conversación, la historia de una evolución inteligente y necesaria.

Un boletín de nihilismo desbordante y de cinismo teledirigido por la brillantísima mente de esta joven escritora:

“Lo que le pregunté a esa mujer fue: ¿Tienes hijos? Eso es socialización femenina, es decir, el deseo de ser aceptada en todas partes, llevado a su extremo lógico”.

Un diario plural en el que hay preguntas  capaces de abrir en canal al mundo, de abrirlo de esa forma hábil con que abre el ardiente calor del verano el cuerpo en apariencia compacto y prieto de una sandía.

Léanlo porque asistirán a un exuberante vía crucis de arena y sol, porque serán testigos de un canto lúbrico y a ratos macabro de lo que significa ser mujer y pertenecer a la sociedad siéndolo.

No dejen de leerlo, porque Temas de conversación es un libro poderosísimo alejado de las normas de interlocución. Una búsqueda del interlocutor ávida y saciante. 

´Temas de conversación’. Miranda Popkey. Traducción de Patricia Antón. Gatopardo Ediciones. 201 páginas.


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