Teresa Vicente: “La naturaleza es más poderosa que los humanos” 

Teresa Vicente ha logrado dotar de personalidad jurídica al Mar Menor.

La batalla por los derechos de la naturaleza en España pasará a la historia gracias al empeño de una jurista que desde muy joven ha querido que esos derechos no fueran palabras escritas en un papel, sino una obligación legal y, por lo tanto, exigible en los tribunales. Se trata de Teresa Vicente, profesora de Filosofía del Derecho y directora de la Cátedra de Derechos Humanos y Derechos de la Naturaleza de la Universidad de Murcia. Hace poco más de un año recibía el Premio Goldman, el ‘Nobel del medio ambiente’, por haber logrado dotar de personalidad jurídica al Mar Menor, un espacio natural agonizante que llegó a convertirse en un emblema mundial de desastre ambiental. Es nuestra nueva invitada en ‘la entrevista circular’.

Hace solo unos días, Vicente dimitía como tutora legal del espacio, cargo en el que llevaba apenas unos meses, y denunciaba que las administraciones central y autonómica están boicoteando unos derechos que han sido avalados por el Tribunal Constitucional. En una carta hecha pública dejaba claro que es “una situación de bloqueo” a la que no ve fácil solución. Empeñada en que el Mar Menor sea un ejemplo de ecosistema con capacidad de ejercer una personalidad propia que tiene reconocida, hablamos con ella de esa gran movilización ciudadana que abrió un camino por el que hay que seguir batallando y de otros retos ambientales que considera preocupantes. 

¿Qué le llevó a centrar su carrera en algo tan poco conocido como los derechos de la naturaleza?

Cuando comencé Derecho en Murcia, en la década de 1980, no me gustaba mucho el ambiente de mi facultad. Prefería irme con la gente de Biología, que hablaban del profesor Ramón Margalef, de la Cumbre de Estocolmo o de los informes del Club de Roma. Me parecía mucho más interesante. En esos momentos había una separación entre ciencias sociales y naturales que complicaban el panorama, pero al final pude hacer mi tesis sobre justicia ecológica, cuestionando que no se defendiera a la naturaleza por su valor, que el todo el Derecho se centrara solo en los seres humanos. 

Hace seis años comenzó a defender que el Mar Menor necesitaba personalidad jurídica y lo que parecía impensable se consiguió. ¿Está satisfecha de lo logrado?

Ha sido un gran éxito, pero no se puede bajar la guardia. Fue tras las tremendas crisis por contaminación del Mar Menor, en 2019 y 2020, cuando lanzamos la Iniciativa Legislativa Popular (IPL) para que este espacio pudiera defenderse de las agresiones. Recogimos casi 640.000 firmas, lo que obligó al Congreso a aprobar esa ley en septiembre de 2022. Luego Vox la recurrió ante el Tribunal Constitucional, pero en noviembre de 2024 una sentencia la avaló totalmente. En mayo pasado, por fin, se aprobó un reglamento que regula cómo es la representación legal del Mar Menor a través de una Tutoría y varios comités. El problema surge cuando las administraciones nacional y autonómica se confabulan para vetar propuestas que favorecen al ecosistema que están representando. Olvidan que en esa gobernanza no representan a sus instituciones sino al espacio. No puede ser que estén ahí para entorpecer los derechos que deben ser protegidos y por eso he dimitido, aunque voy a seguir trabajando en la misma línea.

En todo caso, se han conseguido importantes avances en poco tiempo.

Sí, ya hemos personado al Mar Menor en 16 procedimientos judiciales y se han presentado propuestas sobre la navegación, priorizando la vela, pero a la vez el gobierno de Murcia ha presentado un Plan de Ordenación de la Cuenca Vertiente del Mar Menor, ahora en exposición pública, que no menciona la ley de derechos de ese espacio, y eso no puede ser cuando esa administración forma parte de la tutoría. Por otro lado, otro avance importante ha sido el empoderamiento de la ciudadanía en cuanto al ecosistema. Con la última amenaza de la última dana, enseguida se hizo un informe científico. También se han cerrado 9.000 hectáreas de regadío ilegales. Antes no se hacía nada, no se veía nada. Y destacaría también que el Tribunal Superior de Justicia de Murcia ha abierto expedientes sancionadores. Ahora, los jueces llaman al Mar Menor para que se defienda y eso es muy importante. 

¿Es algo replicable a otras zonas del país?

Por supuesto, pero es importante ver los fallos para tratar de evitarlos. Lograr que un espacio natural tenga derechos debería ser tan fácil como abrir una empresa. Siempre es mejor una ILP que una ley presentada por un partido, aunque es más complejo. Ya nos han pedido asesoramiento en La Albufera, el Delta del Ebro, en Galicia, en Doñana y en el río Manzanares de Madrid. Pero para que salga adelante una personalidad jurídica se requiere una movilización social muy fuerte. 

Ahora mismo, ¿cuál cree que es el principal problema ambiental al que nos enfrentamos?

Me preocupa mucho la IA. Justo aparece cuando lo que necesitamos es lo contrario: menos consumo de energía y de agua. Resulta que nos preocupa la subida de temperatura del océano y, por otro lado, nos lanzamos de cabeza a una tecnología que precisa agua fría y lo que hace es calentarla. Hasta hace un año vivíamos sin IA y ahora se activa en cuanto abres un teléfono móvil, pero es que no podemos hacer un uso ilimitado de energía para algo que no es necesario. 

Respecto a hace unos años, ¿hay un avance en conciencia ambiental?

Mucho, y lo he comprobado en estas movilizaciones por el Mar Menor. La gente decía: “Yo soy el Mar Menor y me muero como él”. Es una identificación muy potente y no solo en Murcia, sino en todo el país. Los derechos de la naturaleza requieren de ese cambio de conciencia ambiental. 

¿Qué diría a los escépticos del cambio climático?

Que me parece increíble que aún no sientan que estamos viviendo fenómenos extremos, me gustaría saber a qué los atribuyen si no es cambio climático. Debería bastarles abrir los ojos cada día y mirar a su alrededor. Comprobar que algo que tenía armonía, la ha perdido. Y no hay que olvidar que la naturaleza es más poderosa que los humanos. 

¿Qué es para usted la economía circular?

No me parece mal, es una solución basada en la naturaleza que trata de que no se genere basura, pero yo voy un paso más allá de la economía circular, como es la economía ecológica que postula Joan Martínez Alier. Se trata de poner el énfasis en la sostenibilidad, pero también en la justicia y los límites planetarios. Es decir, ir hacia un sistema socio-ecológico más equilibrado y regenerativo, no quedarse en el ciclo de los productos. 

En su caso, ¿qué prácticas ambientales pone en marcha en el día a día?

Intento comprar poco plástico, pero al final siempre es mucho más del que debiera, porque no es fácil conseguirlo cuando se tiene poco tiempo para hacer la compra. Sí que procuro usar poco el móvil para hacer fotos y vídeos, porque luego se suben a la nube y a acaban en centros de datos. Tampoco compro nada online y prefiero que sean productos locales, pero eso es algo que no nos lo facilitan las empresas. Para compensar, dedico mucho tiempo a la defensa de los derechos de la naturaleza.

¿Un lugar que le sirve de refugio o al que le gusta regresar?

Es un bosque en el centro de Alemania, en la región de Wendland, donde voy a menudo. Allí terminé mi libro Justicia ecológica y derechos de la naturaleza en 2023. Me gusta pasear por allí, me relaja y me encanta perderme entre los árboles que rodean la aldea donde está la casa a la que voy. 

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