Las trampas del Estado de Bienestar llegan a la calle Alcalá

Las trampas del Estado de Bienestar llegan a la calle Alcalá

La instalación ‘Trampa del bienestar’ de Bene Bergado, en su exposición ‘Irreversible’ en la Sala Alcalá 31 de Madrid. Foto: Guillermo Gumiel.

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Nada más entrar en la Sala Alcalá 31 de Madrid te atrapa una gigantesca red, una enorme nasa que con su forma de embudo atrapa a pececillos desmemoriados. Pero rápidamente, por los muñecos-cuerpos blandos y deformes que hay en el suelo, uno se percata de que quienes quedan aprisionadas son personas. Son las trampas del Estado del Bienestar, instaladas en el centro de la capital con la exposición ‘Irreversible’. Es la ‘permaescultura’ de la artista bilbaína Bene Bergado.

“Una reflexión desde distintas perspectivas sobre cómo nos afectan las decisiones que se toman en la industria alimentaria, química y farmacéutica. Una colección de piezas de gran formato y diversas instalaciones que ponen de relieve el compromiso creativo de la artista sobre un modelo social que camina impasible hacia la destrucción de los territorios en el que la tierra desaparece bajo nuestros pies”. Así nos presenta la exposición el dossier de prensa.

Efectivamente, Irreversible nos lanza a la cara el alelamiento de las sociedades actuales del Bienestar; atontamiento para no ver, por ejemplo, las trampas de la industria alimentaria respecto a la más mínima dignidad animal y a nuestra propia salud; adormecimiento para no querer mirar hacia la ingente cantidad de química que nos rodea y que ingerimos. Seres adormecidos en un tonto Estado del Bienestar que nos despoja de criterio y –añade quien esto escribe– hasta del concepto de libertad, de tanto mal usarlo en la propia casa donde esta muestra se despliega.

Así, completando la instalación de la nasa en el gran espacio central de Alcalá 31 (sala de la Comunidad de Madrid), la proyección, como si fueran los títulos de crédito de una película de terror, de los cientos de aditivos que ingerimos con nuestros alimentos del día a día. Y rodeándola, sobre las paredes, 18 lienzos de 1 X 1 metros recubiertos con telas protectoras de las radiaciones electromagnéticas, mensaje poco complaciente, desde luego, pero con un desarrollo cromático tan estético, que, como en tantas otras cosas, nos habla de cómo se emplea la estética para ocultar la falta de ética. “Como sucede con el ahora tan frecuente green washing de las empresas”, interviene Bene Bergado. Paredes que nos hablan, nos gritan, que claman por la necesaria soberanía alimentaria de los pueblos. Por el bien del planeta y de la Humanidad, no renunciemos a la capacidad de decidir por lo más básico de nosotros mismos: lo que comemos.

“Me he centrado”, explica la artista, “en transmitir la idea de la intensa industrialización alimentaria que lleva a la sobreexplotación de la tierra y de la Tierra. En la idea de aceleración de nuestros ritmos de producción y consumo que nos abocan al colapso”. También el propio hecho de optar por la red como metáfora, como materia, para transmitirnos sus ideas, hace elocuente la polisemia de la palabra: esas redes que te comunican y a la vez te atrapan.

Sí, la instalación se titula Trampa del Bienestar’, y en su espacio interior se acumulan seres-contenedores, sacos de dormir con forma de larva y rellenos de materiales de desecho y semillas. “Seres crisálidas, atontados, adormecidos”, apunta la artista.

A Bene Bergado, que procede de una familia de un pequeño pueblo de la comarca de Las Merindades, en el norte de Burgos, le gusta crear de acuerdo con los ritmos naturales, no apresurados, no forzados; lo que le ha ganado más de un disgusto en los preparativos de sus entregas y exposiciones. Por eso, podemos llamar a su obra permaescultura, porque, al estilo de la permacultura, que reivindica ante todo respetar los ritmos de la naturaleza, y no forzar los ritmos productivos y regeneradores de la tierra –y de la que Bene Bergado nos habla permanentemente–, su trabajo requiere tiempo, reflexión y pausada digestión. Y eso lo podemos apreciar sobre todo en las numerosas esculturas e instalaciones que recorren la planta alta de la Sala Alcalá 31 y repasan lo creado por esta mujer en los últimos años. “Mi manera de trabajar tiene mucho que ver con la del agricultor, respetando los ritmos de los procesos de creación, no acelerándolos”.

La artista Bene Bergado en su exposición ‘Irreversible’. Foto: Guillermo Gumiel.

La obra ‘Huevos de basura’ de Bene Bergado. Foto: Guillermo Gumiel.

Así lo cuenta Bene Bergado en una entrevista que le ha hecho la comisaria, la historiadora de arte contemporáneo e investigadora Susana Blas, para el catálogo: “Mi relación con el campo y el pueblo a través de mis padres ha sido fundamental en mi configuración como persona, por lo que visibilizar la problemática que genera la industria de la alimentación, la deslocalización de la agricultura, el despoblamiento rural o la desmineralización de la tierra, como frentes a través de los que hay que abordar el cambio climático, son aspectos de mi reflexión en un momento de fricción y de crisis en la tierra y de la tierra. Tengo recuerdos de los últimos coletazos de la agricultura y la ganadería tradicional sostenibles, y de los ciclos cerrados en el pueblo de mis abuelos maternos cuando era muy pequeña, y después he vivido el paso a las concentraciones parcelarias y la agricultura de monocultivo subvencionada en todos los pueblos del valle (el valle de Tobalina). Este tipo de agricultura y ganadería intensivas al servicio de los grandes oligopolios empresariales ha provocado un despoblamiento rural difícilmente reversible. Las ayudas van dirigidas siempre a una producción no sostenible, que prima la cantidad y se olvida de sus consecuencias, la más importante, la destrucción de la capa fértil de la tierra, contribuyendo con ello a la desertización incuestionable de nuestro país y del resto de territorios. La desertización no entiende de fronteras… El respeto por el proceso y sus tiempos en la elaboración de lo que se tiene entre manos es lo que me hace entender esta idea de la agricultura ecológica familiar ‘de la huerta a la mesa’, sin intermediación”.

Y continúa: “Por mi manera de situarme en el arte me siento agricultora, ganadera, productora. Como autora, me hago responsable de todo el proceso, y no solo de las obras como productos. El tiempo del proceso no es el tiempo de la productividad. Entiendo el trabajo de elaboración como un tiempo en el que me encuentro con situaciones reales, con materias y contenidos, con aspectos que en parte conozco y en parte desconozco, con fuerzas y cosas que están en continuo cambio, con decisiones que abren nuevas posibilidades y que prescinden de otras; y atender a esos elementos no siempre garantiza una buena cosecha, pero la experiencia misma del proceso es la vida y lo que te hace vivir”.

Y ahí, en la planta superior, en los balcones de Alcalá 31, nos capturan de nuevo sus trampas. Volvemos a las trampas en las que estamos inmersos. Trampas-jaulas, como esa que reproduce en bronce envases de productos prohibidos para quienes padecen el síndrome de sensibilidad química múltiple, mujeres en su mayoría. O como esa jaula de hierro de la que cuelga una polea con la reproducción en bronce de un esturión, y en cuya tripa se acumulan tapones de plástico. O la trampa columna construida con un rollo de vallado del que se emplea para dividir terrenos, para levantar fronteras, y entre cuyos huecos asoman jirones de ropa negra, representación de fragmentos de vida atrapados por el drama permanente de las migraciones humanas.

La estantería ‘Gliptoteca’ de Bene Bergado, concebida a modo de depósito de memoria, en la sala Alcalá 31 de Madrid. Foto: Guillermo Gumiel.

Así, otra de las esculturas, de 2010, que llamará poderosamente la atención del visitante es la titulada Homo capitalensis, que recuerda que nuestra especie sapiens procede de África, pero cuyo acelerado desarrollo le está llevando al embudo de la trampa, de la nasa: “Esta obra compuesta por el esqueleto del tórax de un cuerpo humano desintegrado en un charco de chapapote con la forma del mapa de África cuenta con un omoplato vertical que parece, al primer golpe de vista, una aleta de tiburón. Juega temáticamente con los significados y significantes del tiburón, el dinero y el ser humano que desaparece en petróleo para indagar en la tesis de una sociedad que está en la etapa final de un tipo de energía”, la del petróleo, la de los combustibles fósiles.

Y de tanta trampa salen tontas y grotescas sus figuras híbridas –frecuentes en la trayectoria de esta artista-, como esas mujeres cerditas o esas calaveras humanas distorsionadas con caretas antigás, micrófonos o casquetes altavoces, que ocupan otro de los despliegues más atractivos de Irreversible: la estantería Gliptoteca, concebida a modo de depósito de memoria. O esas narices faláricas, de tanta mentira, de tanta fabricación de fake news. O esas baldosas con el símbolo de la radiactividad impreso hasta la saciedad… Junto a las jaulas, otro recurso narrativo al que vuelve una y otra vez Bene Bergado: el suelo que oculta algo, esas superficies bajo las cuales tratamos de esconder cosas, la basura, la mierda, las inmundicias, las injusticias, los atropellos, pero que a la mínima de cambio salen a la luz y nos explotan en la cara.

¿Irreversible?

Bene Bergado apuesta por el cambio de actitud y comportamiento que traen las nuevas generaciones concienciadas.

Y por todo esto, el saludo desde el panel gigante con el título de este proyecto es el famoso proverbio de la tribu Masai: “Uno no hereda la tierra de sus antepasados; la toma prestada de sus descendientes”.

‘Irreversible’, de Bene Bergado. Sala Alcalá 31. Acceso gratuito. Hasta el 25 de julio.

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Comentarios

  • Angel Coronado

    Por Angel Coronado, el 08 junio 2021

    Ética y Estética, he aquí dos conceptos que tanto Bene Bergado como Rafa Ruiz ayudan a desmontar, como los del Estado de Bienestar y la Trampa que se anuncian al principio.
    Porque tanto la ética como la estética, en el llamado el estado del bienestar, o mejor, tanto la Ética como la Estética en el seno del llamado Estado de Bienestar, escrito así, con letras mayúsculas, no se usan sino como dos más de las muchas Trampas que tanto Bene Bergado como Rafa Ruiz denuncian.
    Así, entiendo mejor esa ética y esa estética, en su estado de origen, que no es el Estado de Bienestar sino el estado del bienestar, o mejor, del estar bien. Y las entiendo allá escondidas en alguna de las estanterías en que puedo verlas, depositadas allí en esta exposición que, por cierto, todavía no he visto y quiero ver, aunque ya lo sé de antemano, de alguna manera ya lo está.

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