Trazar el mapa de los plásticos en el mar de España en un velero

Trazar el mapa de los plásticos en el mar de España en un velero

Nacho Dean, a bordo del velero con el que lleva a cabo la expedición ‘La España Azul’ para mapear los residuos plásticos en los mares de España.

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La atracción del joven aventurero, ambientalista y escritor Nacho Dean por el océano no es nueva. Hijo de marino, en 2018 sorprendió al mundo con el desafío de unir los cinco continentes a nado (hizo 2.500 kilómetros) para lanzar un mensaje de conservación de los océanos. Ahora está inmerso en una nueva expedición, ‘La España Azul’, a bordo de un velero de 15 metros de eslora con el que, durante 10 meses, dará la vuelta a las costas españolas para hacer el ‘mapeo’ de los desechos plásticos que acaban en el mar. Al albur del viento, estos días navega ya con la bodega llena de objetivos científicos y de divulgación ciudadana por el Cantábrico.

“Queremos hacer un estudio completo del estado de los ecosistemas marinos y cómo están afectados por la contaminación plástica. En cada sitio hay unos problemas concretos; se trata de tener una visión lo más certera posible. Bajo la belleza que vemos al mirar al océano hay un sinfín de impactos que generamos a muchas especies y a nuestra propia salud. Hay tanta contaminación que cada muestra que recogemos estos días requiere hasta un día entero de análisis en los laboratorios. Es tremendo”, nos contaba poco antes de llegar a Bilbao, la que era su siguiente parada.

El malagueño Dean, antes de mojarse por el océano había dado la vuelta al mundo caminando –33.000 kilómetros en tres años, que acabó en 2016–, para alertar de la degradación del medioambiente, una aventura de la que salió el libro Libre y salvaje, pero el agua ocupa tres cuartas partes de nuestro planeta y ser padre le impulsó a ponerse en acción de nuevo para que en su futuro ella pueda disfrutar de un planeta azul. “Mi hija se llama Mar. Su nacimiento me hizo redoblar los esfuerzos ambientales. Yo no era navegante, como tampoco era nadador antes de la Expedición Nemo que me llevó a cinco continentes, pero si entonces tenía ese reto físico que conseguir, ahora de lo que se trata es de embarcar a la gente en el compromiso global por la protección oceánica, porque la cantidad de basura que contienen los mares es una barbaridad”.

Las cifras de los últimos informes estremecen. Un informe del pasado mes de junio de la OCDE, Global Plastic Outlook, señala que en 2019 se produjeron en la Tierra 460 millones de toneladas de plásticos (más del doble que hace sólo 20 años) y sólo el 9% se recicló. Buena parte se quemó (generando CO2) o se enterró. Pero, según sus datos, cada año acaban en ríos, lagos y mares más de seis millones de toneladas (otros estudios hablan de ocho millones) y concluyen que en el océano habría acumuladas 30 millones de toneladas. Otros 109 millones están en ríos, que acabarán desembocando esa basura que se inventó para perdurar.

Para el mapeo científico de nuestras costas (8.000 kilómetros), la expedición La España Azul cuenta con la colaboración principal de la Universidad de Cádiz y del CSIC. Recogen muestras de agua desde el velero en tres localizaciones de cada comunidad autónoma que visiten: en la costa, en la desembocadura de un río y en un área prístina, como es el caso de la reserva de Urdaibai en Euskadi, Oyambre en Cantabria o El Hierro en Canarias. También convocan limpiezas en las playas para determinar lo que hay. “Es importante registrar todo el perímetro costero que tenemos y hacerlo con los mismos protocolos en todos los lugares, lo que no se ha hecho hasta ahora. Todas las muestras las enviamos a Cádiz para su análisis en laboratorio. Además, con el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC vamos a obtener imágenes del espacio, del satélite Sentinel, de los lugares donde estamos para comprobar cómo se ven los filamentos de basura que detectemos desde la superficie”, explica Dean.

En algunos puntos también se realizarán prospecciones a profundidades de entre 15 y 30 metros gracias a la colaboración con la Federación Española de Actividades Subacuáticas. El objetivo es que todo ello acabe en un artículo científico que será publicado en una revista de impacto. Por su parte, también quiere escribir un libro que ayude a conocer mejor qué es lo que no vemos cuando miramos al mar desde nuestras playas.

Y es que tanto como la parte científica le interesa la divulgativa. Para ello, no sólo ha implicado a personajes públicos en su expedición, sus Ocean Heroes –entre otros, Cayetana Guillén-Cuervo, Edurne Pasabán, Albert Bosch y Odile Rodríguez de la Fuente–, sino que tiene previstas actividades con colegios e instituciones a lo largo de una aventura que se alargará hasta junio. “En 2020 publiqué La llamada del océano sobre mi aventura nadando. Entonces me di cuenta de la importancia de lo que pasaba con los plásticos, con la acidificación y la pérdida de biodiversidad. En el Estrecho de Bering, que crucé, conviví con inuit que echan su basura al mar porque no tienen ningún sistema de recogida de residuos. Y también vi sus moto-esquís herrumbrosas, porque ya no hay hielo suficiente para usarlas ni en invierno. Luego pensé que a mucha gente le queda lejos Alaska y que para concienciar es mejor conocer lo más cercano, así que busqué financiación privada y aquí estamos”, nos explica.

En cada parada, Dean y su equipo se reúnen con organizaciones locales e investigadores que trabajan desde hace tiempo en la recogida de datos sobre residuos marinos. En su afán de no dejar cabos sueltos, nos cuenta que está en contacto con una empresa de inteligencia artificial para utilizar una herramienta de predicción de escenarios de futuro plástico en nuestras costas. A nivel global, las estimaciones de la OCDE más recientes auguran que para 2060 se habrá triplicado la producción de este material (rondará los 1.200 millones de toneladas al año). Eso supondría, de no tomar medidas drásticas, que también se triplicaría lo que acaba en el mar.

De momento, mientras que la ONU espera tener para 2024 un Tratado internacional vinculante que frene esta pandemia –en un panorama político que ahora parece poco propicio- , envases, micro-fibras, bolitas de pellet, redes y microplásticos de todo pelaje siguen cruzando mares, flotando y en buques.

En España, gran parte de nuestros residuos plásticos acaban exportados a Alemania, Turquía, Malasia o Países Bajos, y lo mismo sucede en otros países del entorno: en 2020, la Unión Europea se libró de 2,37 millones de toneladas métricas de basura plástica enviándola a países no comunitarios, como Turquía, Malasia, Indonesia, Vietnam o India (por cierto, el Indo, el Ganges y el Brahmaputra son de los ríos más contaminados de la Tierra).

“Lo que está claro es que no basta con limpiar. Lo que hay que hacer es cambiar el modus operandi de las empresas, porque lo que tenemos es un grifo abierto que está llenando el océano sin freno. Deben eliminarse ya los plásticos de un solo uso, los envoltorios que están por todos los lados y también los micro-plásticos, que no vemos pero que están hasta en la pasta de dientes. Las crisis son oportunidades para cambiar las cosas”, concluye Dean antes de soltar amarras y seguir singladura… Por cierto, para seguir paso a paso la expedición, no hay como navegar por su web: https://laespanaazul.es/

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