Encuentro socio-cultural en Colombia, en vísperas del gran cambio

Un encuentro socio-cultural en Colombia, en vísperas del gran cambio

Participante del encuentro ‘Narrarte en el Caribe’. Fotografía de Rubén Caravaca.

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Mañana, domingo 7 de agosto, es un día histórico en Colombia. El ex guerrillero Gustavo Petro asume la presidencia. Junto a él, como vicepresidenta, Francia Márquez, de origen afrocolombiano, activista medioambiental y feminista, abogada y defensora de los derechos humanos. Será el primer gobierno de izquierdas del país. Muchos ojos les miran. Y muchos corazones han puesto muchas esperanzas en ellos y en que por fin llegue un cambio real a ese país y aborden el problema de raíz: una tremenda desigualdad social y la estigmatización de muchos colectivos. Nuestro colaborador Rubén Caravaca acaba de regresar de Colombia, tras participar en unos encuentros socio-culturales al norte del país, y nos sirve de barómetro de estas vísperas del gran cambio.

Los días 29 y 30 de julio tuvo lugar el encuentro Narrarte en el Caribe, en el convento Villa Bernarda de la comunidad Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, en la localidad de Morroa – Montes de María, organizado por la Corporación Cultural Cabildo y la financiación de la Fundación Ford. Fui invitado a conversar sobre Narrativas culturales en clave de construcción de paz, aprovechando mi presencia en esas fechas para impartir un taller organizado por la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (AECID) en Cartagena de Indias.

Ubicada al norte de Colombia, entre los departamentos de Bolívar y Sucre, constituida por 15 municipios, Montes de María es un territorio con una tradición de lucha que llevó a la ocupación de tierras por parte de las asociaciones de campesinos en la considerada despensa colombiana. Un escenario que trajo la creación de milicias paramilitares, que decían luchar contra las diferentes guerrillas, pero se encargaban de recuperar fincas y tierras para ponerlas al servicio de grandes familias y la industria alimenticia, desarrollando monocultivos en detrimento de la soberanía alimentaria que caracterizaba la zona.

El Informe de la Verdad, presentado recientemente, muestra que en la región, “en menos de 10 años, el uso y la disposición de la tierra se transformó en un escenario de violencia y masacres que hicieron que miles de campesinos fueran forzados a abandonar sus predios”. En el año 2000 se reflejaron cerca de 400 desaparecidos por cada 100.000 habitantes y un desplazamiento forzoso de 215.505 personas entre 1998 y 2009. Una de las acciones más violentas es conocida como La masacre de El Salado. 450 paramilitares, pertenecientes al grupo Bloque Héroes Montes de María, apoyados por helicópteros, asesinaron a más de cien personas entre el 16 y 21 de febrero de 2000, mientras escuchaban música a ritmo de gaitas y tamboras.

Violencia oculta desde la época colonial

Violencia singular contra campesinos, indígenas y personas racializadas. En el Informe Final de la Comisión de la Verdad –en el marco del Reconocimiento por la Verdad del Pueblo Negro, Afrocolombiano, Raizal y Palenquero­–, una mujer que fue marcada con un hierro incandescente por un comandante paramilitar narró lo siguiente: “Yo nunca he podido olvidar eso. Eso lo tengo como aquí, no lo he podido olvidar nunca. Yo creo que ellos me hicieron eso porque era negra, creo que me marcó porque era negra, y me marcó como si fuera una esclava. En la época de la esclavitud marcaban las mujeres negras, así fue como me marcaron a mí las autodefensas”. A la violencia física y racial hay que unir la sexual. Violadas, algunas de ellas líderes de sus comunidades, obligadas a abandonar el territorio, formando parte de las miles de personas desplazadas por la violencia.

El Salado se encuentra próximo a El Carmen de Bolívar, uno de los municipios de la zona. Un día antes de iniciarse Narrarte, se produce un atentado por parte del narcoterrorismo del Cartel del Golfo resultando dos policías heridos; algunas personas que iban a participar en el encuentro replantearon su presencia.

Sobre aquellas realidades y consecuencias, la recuperación y reparaciones necesarias, hablamos con Rafael Ramos, miembro de la Corporación Cabildo, uno de los agentes culturales más reconocidos, con motivo del nuevo rumbo que emprende Colombia con la designación de Gustavo Petro y Francia Márquez como máximos responsables del país.

Desde fuera, creo que el conflicto en Colombia –más allá del armado– viene de lejos, años de señalamiento, estigmatización, desde la época colonial; quizá sea un buen momento para acabar con ello.

Sobre todo, para generar propuestas diferentes de cómo abordarlo. En años y años hemos visto cómo se han forjado por parte del Estado y los grupos guerrilleros teorías del fin del conflicto armado; lo que vemos ahora es el surgimiento de otras organizaciones criminales, autodefensas, grupos armados que sirven a las estructuras del narcotráfico, paramilitares, múltiples violencias de exclusión social con población étnica, despojo de tierras por proyectos extractivitas. Es claro que el fin del conflicto se debe abordar desde la justicia social, que es una propuesta del nuevo gobierno. El origen del conflicto colombiano, lo que ha generado su permanencia de tantos años y otras formas de violencia, es la desigualdad social.

Quizás el primer paso sería reconocer la existencia de esa violencia, discriminación étnica, campesinos con escasa valoración…, que habría añadir al machismo, sexismo, homofobia…

Estos temas son un gran reto en Colombia; siento que hay un ambiente social que reacciona cada vez más de frente en la apropiación de mecanismos de exigibilidad de derechos, movilizaciones sociales, participación desde la academia e iniciativas de gobernanzas inclusivas y un activismo social con apoyo de la cooperación internacional, que trabaja para lograr cambios en la inclusión y la diversidad con enfoque diferencial e interseccional.

¿Existe cierto negacionismo sobre ello? Omitiendo la división entre “unos” y “otros”, se habla poco de “nosotros”

Pasos pendientes en las reformas estructurales para el nuevo gobierno: incluir en las agendas legislativas los mecanismos que logren superar estas brechas. Cada día se habla más de estos temas, se respeta más la diversidad, sobre todo en los contextos urbanos; hay que escalar las negociaciones en la parte rural, insertarlas en las agendas de la gobernanza con acciones.

La violencia cultural de la que no se habla

Violencias culturales durante años ¿qué hacer desde las periferias, el mundo rural/campesino/indígena/afrodescendiente… para acabar con ellas? Garantizando la diversidad, la multiculturalidad que puedan convivir en común.

Son temas que quedaron incluidos en la reforma de la Constitución de 1991, faltando voluntad política para implementar acciones desmontando violencias de racismo estructural. Educación sobre las poblaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes, políticas de inclusión y diversidad necesarias.

La mejor respuesta la podemos encontrar en el contenido débil del capítulo étnico de los Acuerdos de Paz, con una desdibujada implementación. Culminar el capítulo étnico de los acuerdos garantizaría un alto a las violencias culturales en las comunidades étnicas, para su participación autónoma y disfrute de los territorios.

Transformación cultural imposible sin medidas sociales, económicas…

El nuevo gobierno debería pasar del discurso sobre la potencialidad de la cultura en el desarrollo humano a generar acciones demostrando la fuerza de ese motor como dinamizador social, lográndolo con la cultura si se respalda con políticas públicas claras.

¿Qué impulso debería dar la gestión de Petro-Francia?

El nuevo gobierno plantea una agenda de reformas que apunta a generar cambios que favorezcan unas condiciones de justicia social, mayor inclusión laboral, tenencia y aprovechamiento de la tierra, garantizar los derechos culturales, la economía propia de los pueblos étnicos, asegurando una educación de calidad y gratuita.

De «enemigo interno» a presidente

Realidad compleja: Un ex guerrillero, calificado por la policía y mandos militares como “enemigo interno” al frente de la seguridad; una persona afrodescendiente anunciando medidas culturales que ponen en cuestión valores sustentados durante décadas por las élites urbanas.

Las propuestas del Pacto histórico lideradas por Petro y Francia son las bases del cambio al que ese sector de élites urbanas, y la clase política que ha venido gobernando, ven como amenaza a la estabilidad nacional, porque representan y proponen remover bases excluyentes y manipuladoras que las han mantenido en el poder.

Una de las jornadas del encuentro ‘Narrarte en el Caribe’. Fotografía de Corporación Cabildo.

¿Y el papel de la sociedad civil?

Debe rodear, acompañar y apoyar los cambios propuestos. Fortalecer las acciones de las organizaciones de base que trabajan desde las periferias en agendas de paz y reconciliación. Participar de las oportunidades de educación y proyectos productivos propuestos. Generar empleo y producción de alimentos que bajen los indicadores de hambre existentes en el país.

Estamos en un momento histórico: Tratados de paz, Comisión de la verdad… Una paz estable, prioridad del nuevo gobierno, ¿puede fracasar si no se construye desde los territorios, desde las comunidades?

Tanto el Tratado de Paz como el Informe y legado de la Comisión de la Verdad sugieren una ruta de trabajo para lograr una paz duradera basada en la atención de las comunidades y sus territorios, superando desigualdades, construir desde la implementación. La falta de cumplimiento de los Acuerdos de Paz sigue generando violencia en los departamentos.

Desde Cabildo pensamos que la paz es un proceso de construcción social similar al de los campesinos que cultivan, cuidando sus plantas hasta obtener los frutos, interviniendo muchos factores en el proceso. La base está en las comunidades vulnerables, que fueron las que pusieron más víctimas en el conflicto, las afros e indígenas.

Violencia transformando la soberanía alimenticia

Imposible hablar de territorios sin recordar las consecuencias de desplazamientos, abandono de tierras, expulsiones por el conflicto armado. “Si no las vendes tú, las venderá tu viuda” como ‘respuesta habitual’ de los violentos. El monocultivo cambió hábitat y tradiciones. Trasmutó la soberanía alimentaria comunitaria. ¿Se puede restituir, volver al origen?, ¿es irreversible?

Quiero señalar que es importante no ver solo el desplazamiento desde los territorios rurales, también está presente en el ámbito urbano. Capitales nacionales, pertenecientes a las clases políticas tradicionales, y extranjeros, avalados por una maquinaria corrupta, facilitan el ingreso y permiso a proyectos, generando una gentrificación que afecta a la vida cultural de las comunidades.

Hay que comprometer el retorno seguro a los territorios, validar la tenencia de la tierra a sus comunidades. Garantizar una reforma rural que permita producir alimentos en grandes extensiones que en la actualidad están ocupadas por monocultivos contaminantes o simplemente en los títulos de propiedad de los terratenientes. Se ha desaprovechado el uso productivo de la tierra, sin medidas gubernamentales con facilidades a campesinos y empresarios agros. La situación no es irreversible, es necesario volver al origen, acabar con las tierras sin producir junto a una gran población desempleada.

Acabamos comentando uno de los temas más relevantes en el reciente panorama político colombiano, la participación de mujeres negras, indígenas pobres y trabajadoras de comunidades vulnerables en multitud de procesos sociopolíticos. Pudimos apreciarlo directamente en Narrarte en el Caribe, donde tuvieron importante presencia en colectivos tan diversos como Corporación Cultural Chumbúm Gale Compae, Agrupación Herederos del Bullerengue, Fundación centro cultural jóvenes para jóvenes, Asociación Mujeres Espejo de Cartagena, Fundación cultural para la formación integral – Generación Yhanderson, Sembrando Paz, Jóvenes Provocadores de Paz de la Alta Montaña, Hicotea Films, Festival regional de Danza, Asociación de Mujeres Tejiendo Sueños y Sabores de Paz (Tejedoras de mampujan), Festival Voces a la Luna, Colectivo Violeta,  Colectiva Libertarias, Colectiva Feminista Grito Violeta del Caribe, Colectivo El Bonche, Corporación Okan Tissué, Fundación El Proceso, Fundación Manos y Mentes Creativas, Ruta cultural Maché: El tinto conversado, Ruta cultural Maché: Plantas medicinales, Ruta cultural Maché: iniciativa de paz alrededor de la caña de flecha, Unión Temporal Construyendo Esperanza, Mujeres Tejedoras de Sueños, Asociación De Productores Indígenas Agroecológicos De San Antonio De Palmito Sucre – Asproinpal, Bullenrap, Fundación Sinumar, Corporación Jayeechi, Escuela Tradicional Sauyepia Wayuu, Huerta Caribe, Corporación Cultural Atabaques, Consejo Comunitario de Robles, Creole Group, Fundación Sociocultural Villa Bernarda.


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