Una selección de libros para detenerse, libros para pensar

Una selección de libros para detenerse, libros para pensar

‘Nighthawks’ de Edward Hopper. Foto: Instituto del Arte de Chicago.

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Puede decirse que vivimos en el tiempo de la (hiper)actividad: recibimos notificaciones infinitas en nuestro teléfono o reloj inteligente, los límites horarios con lo profesional desaparecen por culpa del teletrabajo, la presión de grupo digital nos empuja a compartir en redes sociales cada detalle nimio del día a día y experimentamos el impulso de ‘hacer más’ en todos los sentidospara realizarnos. Sin embargo, intuimos que algo debe cambiar. Partiendo de que la búsqueda de la calma ha sido una constante a lo largo de la historia, proponemos un recorrido por una cuarentena de obras y autores que invitan a frenar, vaciar la mente y repensar nuestro lugar en el mundo. De Séneca y Thoreau a Byung-Chul Han. De Irene Vallejo y Santiago Beruete a Pablo d’Ors. De ‘El libro del té’ a ‘Sentarse y nada más’. 

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Tomarse un descanso o un tiempo. Darse un respiro. Hacer un break, hacer un parón, una pausa. Tomárselo con calma, incluso con filosofía. Quien más, quien menos, habrá escuchado o pronunciado alguna de estas expresiones, y otras que proliferan en un presente caracterizado por el frenesí y la actividad. Y aunque la mayoría de ellas se emplean de forma accesoria respecto de una ocupación principal, sea esta trabajar o producir –hacer, en la primera acepción de la palabra–, todas ellas evidencian una sola cosa: la necesidad de parar. De una u otra manera, hemos alumbrado o permitido un mundo que, más allá de eslóganes slow que solo operan como contrapunto comercial a la cultura de usar y tirar y la disponibilidad permanente, parece albergar un miedo cerval al concepto de la pasividad, el silencio o el detenimiento. ¿Cuál es la causa?

Decía el estoico Epicteto (55-135) que nos convertimos en aquello a lo que prestamos nuestra atención, y parece claro que la vorágine no es sinónimo de una vida mejor. Si bien el estoicismo, base del pensamiento occidental, parece haber vuelto a las estanterías pervertido como herramienta al servicio del mindfulness de oficina –como ya sucedió con el bushidō de los antiguos samuráis, con El arte de la guerra de Sun Tzu y con multitud de conceptos y textos filosóficos que, cada cierto tiempo, los gurús de la eficacia reinterpretan en busca de nueva gasolina motivacional–, existe también una creciente y auténtica reivindicación literaria de la calma, la desconexión y el pensamiento crítico y renovador que surge de las mismas. Prueba de ello es la selección de títulos que presentamos a continuación, en la que hemos intentado trascender el libro de autoayuda y todas aquellas obras cuya única prédica se reduce a cargar las pilas para luego seguir alimentando la máquina.

Parar rima con pensar

El Bartleby creado por Herman Melville (1819-1891) es, con seguridad, uno de los personajes más fascinantes de la historia de la literatura. Existen ingentes interpretaciones acerca de por qué, ante una petición –a priori, lógica– de su empleador, el sufrido escribiente decidió que «preferiría no hacerlo». Y de por qué llevó su inmovilista decisión hasta las últimas consecuencias. ¿Dejadez o símbolo de rebeldía? ¿Cuestión de salud mental? ¿Víctima de la depresión? Sea como fuere, la literatura del detenimiento –si es que tenemos que bautizarla de alguna forma– hunde sus raíces en la noche de los tiempos, como un enigmático camino alternativo –quizás más largo, quizás con menos luces de neón– a la incesante locomotora del progreso, que nunca gustó de la indeterminación ni de la réplica. Así, Séneca argumentó sobre los beneficios de una correcta gestión de la ira como pasión dominante –argumentos, por cierto, cuya selección se ha recogido en un breve ensayo titulado El arte de mantener la calma publicado por Ediciones Koan de manera pandémicamente profética allá por febrero de 2020–, pero en pleno siglo XXI seguimos contando con un maravilloso catálogo de voces que nos invitan a guardar el reloj y cerrar los ojos como antídoto contra el mundo.

Agitación (Páginas de Espuma, 2020), del filósofo Jorge Freire (1987), ganó el XI Premio Málaga de Ensayo, y consolidó a su autor entre las voces más prometedoras del pensamiento español actual, gracias a una mordaz crítica del Homo agitatus como sujeto en constante búsqueda de experiencias y subyugado por el ansia del goce obligatorio.

En El tiempo regalado. Un ensayo sobre la espera (Libros del Asteroide, 2018), la periodista Andrea Köhler traza un mapa vital a través de los ineludibles momentos de espera a los que deberemos enfrentarnos en tanto que humanidad, y resalta el valor de la paciencia como vehículo para el auténtico crecimiento.

Kyle Chayka (1988), periodista y crítico cultural, acaba de publicar en castellano Desear menos. Vivir con el minimalismo (Gatopardo, 2022), un ensayo brillante que ahonda de forma exhaustiva en el sustrato filosófico del movimiento minimalista, a la vez que carga contra las tipografías en colores pastel y los trucos para ordenar el armario made in Marie Kondo.

Una vida tranquila (Galaxia Gutenberg, 2021), del onubense Coradino Vega (1976), es una definición y elogio del recogimiento como actitud vital, para lo que el profesor de literatura se fija, entre otros, en el pintor Giorgio Morandi (1890-1964), la poeta Jane Kenyon (1947-1995) o el compositor Frederic Mompou (1893-1987).

También Byung-Chul Han (1959), uno de los filósofos vivos más leídos del globo, aborda habitualmente en su obra –emparentada con la del sociólogo polaco Zygmunt Bauman (1925-2017), que acuñó el concepto de «modernidad líquida»– temas como la transparencia exacerbada, el burnout o «síndrome del trabajador quemado» y la tecnología como vector deshumanizante; de entre sus títulos más recientes, destaca La desaparición de los rituales (Herder, 2020) –una defensa de los rituales como mecanismo para cohesionar sociedades sin necesidad de comunicación– y No-Cosas (Herder, 2021) –análisis de la progresiva falta de corporeidad en el reino del smartphone y la inteligencia artificial.

En relación con esto último, fue notable la publicación en nuestro idioma de Cómo no hacer nada. Resistirse a la economía de la atención (Ariel, 2021), título en el que la escritora Jenny Odell denuncia la tiranía de las redes sociales y aporta diferentes estrategias –observación de aves incluida– para plantar cara a un sistema que nos quiere en perpetuo movimiento.

James Williams (1982) desarrolló una exitosa carrera en Google durante una década, hasta que tomó conciencia del impacto negativo en nuestras mentes de la tecnología digital; reconvertido en doctor por la Universidad de Oxford y especializado en ética de la tecnología, ha publicado Clics contra la humanidad. Libertad y resistencia en la era de la distracción tecnológica (Gatopardo Ediciones, 2021), donde advierte de la actual batalla por nuestra atención y se postula en contra de la dictadura del estímulo visual.

Y de que la hiperrealidad, la posverdad, la religión, el ateísmo, la literatura, la ciencia, la política o la economía –e incluso el presente– no son sino variedades de mentira cuyo alcance conviene pararse a analizar con detalle antes de que nos devoren, habló el escritor y doctor en filosofía Juan Jacinto Muñoz Rengel (1974) en su ensayo Una historia de la mentira (Alianza, 2020).

Dormir o no dormir

Admitámoslo: en ocasiones, no hay otra forma de parar que durmiendo. Hasta que contemos con implantes cerebrales capaces de alterar nuestras funciones vitales –en una suerte de realidad más propia de la ciencia ficción, pero que cada día está más cerca, el dormitorio se erige en irreductible aldea gala. Y es que, en palabras de Sófocles (496-406 a.C.), «el sueño es la única medicina efectiva».

Con el inmortal poeta griego coincide el profesor de Historia del Arte y escritor Miguel Ángel Hernández (1977), que reunió sus reflexiones en torno al noble arte de mecerse en los brazos de Morfeo –y sus beneficios autónomos y desligados de la productividad– en El don de la siesta: notas sobre el cuerpo, la casa y el tiempo (Anagrama, 2020). No obstante, dado que no existen aún esos dichosos chips capaces de enviarnos a la ignota Kadath lovecraftiana en menos de lo que tardamos en pulsar un botón, muchas y muchos –aquí otro integrante de la hermandad– dormimos mal. Tenemos preocupaciones, pasamos demasiado tiempo frente a las pantallas y el acelerado ritmo profesional apenas nos permite un instante de paz. De todo ello se ocupa El mal dormir. Un ensayo sobre el sueño, la vigilia y el cansancio (Libros del Asteroide, 2022), del doctor en Estudios Hispánicos y novelista David Jiménez Torres (1986), que, en el momento de escribir este artículo, acaba de salir de imprenta, y con el que su autor ha ganado el I Premio de No Ficción Libros del Asteroide.

Leer siempre fue la respuesta

En una de sus frases más populares, Jorge Luis Borges (1899-1986) sentenciaba: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído». Verdad inmutable o falsa humildad del maestro bonaerense, lo cierto es que, si no podemos dormir, pocas alternativas mejores que encender la luz de la mesilla, abrir un libro y leer. Leer como terapia, como consuelo, como estado mental, como declaración de principios. ¿No es de hecho, una de las actividades a las que nos entregamos con mayor devoción en períodos vacacionales?

Y de entre todos los posibles enfoques de la lectura, uno de los más deliciosos es el que trata la bibliofilia y la examina en su calidad de experiencia transformadora, creadora de matices y espacio para el crecimiento interior. En febrero de 2020, la Federación de Gremios de Editores de España encargó a la galardonada filóloga Irene Vallejo (1979) –autora del más que merecido superventas El infinito en un junco (Siruela, 2019)– un texto al respecto para acompañar la petición de un Pacto de Estado por la lectura y el libro; el resultado fue el breve y mágico Manifiesto por la lectura (Siruela, 2020).

En la misma editorial encontramos Leer contra la nada (Siruela, 2021), pequeño y bellísimo volumen en el que el doctor en Literatura Hispánica Antonio Basanta (1953) desgrana en qué consiste el acto lector a través de pequeñas anécdotas, reflexiones y citas.

Ya que hablamos de libros que cambian nuestro discurrir, hagámoslo también de Clásicos para la vida (Acantilado, 2017), donde el filósofo Nuccio Ordine (1958), especializado en el Renacimiento, nos insta a recuperar a Platón, Shakespeare o Goethe, entre otros muchos clásicos atemporales, frente a la omnipresencia de la leyes del mercado y el pensamiento único.

Y si, en mitad de la noche, tampoco encontramos el ánimo para navegar la página, siempre podemos levantarnos y reestructurar nuestros anaqueles. Aunque quizás no sea exactamente de esto de lo que trata Cómo ordenar una biblioteca (Anagrama, 2021), del recientemente fallecido editor y escritor Roberto Calasso (1941-2021), y nos alegramos de que así sea; de otro modo, nos habríamos perdido un testimonio como pocos sobre una vida dedicada a las letras –llámese revista, reseña o librería.

En esta misma liga juega Bibliotecas imaginarias (Acantilado, 2021), en el que el escritor hispano-argentino Mario Satz (1944) homenajea con verdadero amor la atmósfera e historia de esos templos de la calma y el saber a los que alude el título.

La mirada oriental

A pesar de que el budismo zen –originado junto al Ganges, enriquecido en el Tíbet y en China, madurado en Japón– se opone frontalmente a cualquier forma de elucubración y sistematización teórica, son cada vez más los intentos por descifrar esta forma de sabiduría ancestral que subyace en muchos de los textos actuales en defensa del detenimiento. En palabras de Daisetz Teitaro Suzuki (1870-1966), principal responsable de su popularización en Occidente, esta disciplina insiste en manejar las cosas en sí, no abstracciones vacías.

Y, por ello, las palabras, cuando son muchas o muy elaboradas, pueden volverse en nuestra contra y apartarnos de esa realidad cuyo dominio es necesario para alcanzar la iluminación –lo que no significa que el zen rechace toda forma de comunicación verbal. Suzuki, en cualquier caso, nos legó obras fundamentales como Zen y la cultura japonesa (Satori, 2020), donde además de desgranar sus cimientos históricos, propone caminos como la esgrima, el haiku o el arte del té.

De hecho, también podemos iniciarnos en la mistérica práctica de esta religión sin dios desde otra de las obras fundamentales para su ejemplificación: El libro del té (Libros del Zorro Rojo, 2021) de Kakuzō Okakura (1862-1913), un ensayo poético que analiza la ceremonia japonesa del té y sus nexos con el vacío y la delicadeza. Porque, quién sabe, quizás acabemos emulando los pasos de Éric Rommeluère (1960), enseñante budista francés y discípulo de algunos de los más relevantes maestros nipones de la última mitad de siglo, que recogió su aprendizaje en Sentarse y nada más (Errata Naturae, 2018), una invitación práctica y comprometida a la meditación zen y una crítica del mindfulness.

La naturaleza, ese locus amoenus

Dicho todo esto, el plan por antonomasia para la desconexión sigue siendo la escapada, transitoria o definitiva, a la naturaleza. El paisaje indómito, el canto de los pájaros y el dolce far niente rural permanecen instalados con firmeza en el imaginario colectivo desde mucho antes de que Garcilaso de la Vega (1491-1536) compusiese sus églogas, o de que Fray Luis de León (1527-1591) le cantase a la sencillez de un huerto en su célebre Oda a la vida retirada.

Varios siglos después, Henry David Thoreau (1817-1862) escribiría Walden (Errata Naturae, 2017), una de las obras centrales en lo que a renunciar al mundanal ruido y abrazar lo verde se refiere; el de Massachusetts hizo a un lado la vida urbanita para vivir en una cabaña construida por él mismo –aunque solo fuese por un par de años y el lugar no del todo remoto– desde la que predicar el no consumo, la soledad y la vuelta a la naturaleza.

Entre sus discípulos morales podríamos encuadrar al malogrado Christopher McCandless, en cuya historia real se inspiró Hacia rutas salvajes (2007) –galardonada película dirigida por Sean Penn–, pero también a algunos más actuales y sorprendentes, como la ex presentadora de televisión y periodista Beatriz Montañez (1977), que optó por dejarlo todo y marcharse a una casa de pastoreo oculta en el bosque como respuesta a una vida mediática en la que sentía que algo no funcionaba como debiera; un lustro de aislamiento más tarde, ha narrado sus experiencias en Niadela.

Ahora bien, uno de los antecesores más destacados del ascetismo rústico lo encontraremos en el ermitaño nipón Kamo no Chōmei (1155-1216) y sus Pensamientos desde mi cabaña (Errata Naturae, 2018); otrora poeta acostumbrado a la vida cortesana, fue más lejos y terminó viviendo en una choza de apenas tres metros cuadrados en pleno monte –lo justo para dormir, leer, escribir, hacer música y meditar– que, pese a su sobriedad, le serviría como punto de comunión con el universo.

Para Ark Redwood, jardinero jefe de los jardines de Chalice Well, Glastonbury, está claro que el cultivo y cuidado de las plantas guarda amplias similitudes con la paz mental, y basta una lectura de La meditación y el arte de la jardinería (Siruela, 2016) para convencernos de ello.

El profesor Santiago Beruete (1961) abonó la idea –permítanme la broma–Verdolatría. La naturaleza nos enseña a ser humanos (Turner, 2018) con un bonito tratado sobre la esencia humana a partir de la botánica, el pensamiento ecologista y el retorno a la tierra más pura.

En Con calma. 50 historias de la naturaleza (Editorial Flamboyant, 2020), la editora y escritora Rachel Williams recoge pequeñas curiosidades –ilustradas por Freya Hartas– que solo tienen lugar en plena naturaleza, despacio, cuando nadie parece estar observando. 

Silencio, se piensa

Sin embargo, nada de lo que hemos citado a lo largo de este artículo sería posible sin el ingrediente principal: un relajante y duradero silencio. Para Maurice Maeterlinck (1862-1942) –autor, por cierto, de bellos ensayos como La vida de las abejas (Ariel, 2018) o La vida de las hormigas (Ariel, 2018)– el silencio «es el sol que madura los frutos del alma», y no cuesta entender el porqué.

Entre los ensayos recientes que con mayor dedicación estudian el noble arte de callar se encuentra la Biografía del silencio (Galaxia Gutenberg, 2020), del sacerdote católico y teólogo Pablo d’Ors (1963), auténtico boom editorial por la claridad de sus exposiciones y la intensa apuesta por la meditación como camino de desarrollo.

Por su parte, el famoso explorador noruego Erling Kagge (1963) –primera persona en alcanzar los tres polos terráqueos: Norte, Sur y cima del Everest– también se pronunció al respecto en El silencio en la era del ruido (Taurus, 2017), donde indaga en el autoconocimiento y la admiración ante el mundo que podemos lograr a partir de un silencio genuino y personal.

En el breve El secreto del silencio (Ediciones Rialp, 2016), el doctor en Filosofía y Derecho Rafael Gómez Pérez (1935) subraya los diversos motivos por los que un ser humano puede estar en silencio, y qué podemos aprender de ello.

Y en Viajes al país del silencio (Océano Travesía, 2021), autoras como Georgina Cebey (1982), Elisa Díaz Castelo (1986), Patricia Arredondo (1988) y Mónica Nepote (1970), entre otras, explican en qué lugares o bajo qué circunstancias han hallado el tan deseado silencio.

Parar

Desconocemos si es cierta o no la –a menudo, malinterpretada– frase del filósofo francés Blaise Pascal (1623-1662) acerca de que somos infelices debido a nuestra incapacidad para permanecer quietos en una habitación. Ahora bien, igual que uno de los efectos de la pandemia ha sido demostrar que muchas realidades socioeconómicas admiten –y precisan– un cambio de perspectiva, todas las obras de las que hoy hablamos tienen algo en común: un enorme potencial transformador. ¿Hace tiempo que el remolino de información incesante le supera? ¿Sueña con un retiro –espiritual o no– en las montañas, sin llamadas, correos electrónicos ni pantallas, sin más compañía que la de su perro o gato, una chimenea y una humeante taza de café? ¿Pagaría por convertirse en protagonista de los cuadros de Edward Hopper? Empiece por el listado de títulos que le proponemos. Y recuerde: otra de las muchas acepciones del verbo hacer no es sino la de volverse, transformarse.


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Comentarios

  • Lorea

    Por Lorea, el 20 febrero 2022

    Increíble lista de títulos de libros propuestos pero aún mejor los comentarios que los acompañan. Yo habito entre la vida digital que requiere mi negocio con mi actividad principal de jabonera artesanal en la que disfruto del jardín, la huerta y la hortaliza de casa y la facilidad de conectarme por internet. No obstante, mi pleito diario es restarle al ruido lo que me da la tranquilidad para no parecer esquizofrénica. Mi actividad principal la hago en silencio sin música. A veces con audiolibros o TED talks.

  • Erika

    Por Erika, el 21 febrero 2022

    … Solo leyendo esta lista tan larga me he estresado, es necesario tanto leer para simplemente parar? 😉

    • Rene

      Por Rene, el 24 febrero 2022

      Léelo con tranquilidad…es relajante!!! Creo que son buenas opciones para nuestra alma

  • Millan

    Por Millan, el 21 febrero 2022

    Una guía rica en recursos; cuatro o cinco de los libros los tengo; gracias por compartir tus lecturas y opiniones. LEER SIEMPRE TIENE PREMIO

  • Carlos

    Por Carlos, el 21 febrero 2022

    Muy interesante.

  • Juan

    Por Juan, el 22 febrero 2022

    Muy interesante artículo. Sobre todo el recomendar libros para seguir cultivando el hábito de la lectura.

    • Augusto

      Por Augusto, el 22 febrero 2022

      Excelente articulo. Los felicito.

  • Nelly

    Por Nelly, el 23 febrero 2022

    Me gusta la literatura

  • Luis Alejandro

    Por Luis Alejandro, el 24 febrero 2022

    ¡Excelente articulo!

  • Claudia Moliné

    Por Claudia Moliné, el 25 febrero 2022

    Gracias por información tan completa. Libros para tener en cuenta, algunos ya leídos y que vale la pena detenerse y releer ; otros no, pero su presentación hace que queramos leerlos. En lugar de abrir el celular. 😁

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