Vanina Bruc persigue la libertad de trans, drag, lesbianas y brujas

Vanina Bruc persigue la libertad de trans, drag, lesbianas y brujas

La escritora Vanina Bruc. Foto: Pepa Serrano.

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A caballo entre la disidencia y las ansias de libertad, los relatos de Vanina Bruc recogidos en ‘Pronto seré de oro y carmín’ reflejan una pluralidad de existencias marcadas por la confusión, la crisis y la magia. Las protagonistas de sus historias son personas fuera de la norma –por ser trans, por hacer drag, por ser lesbianas, por ser brujas– que solo buscan ser libres y vivir sus vidas a su modo. Hablamos con ella.

Vanina Bruc nació en Barcelona y se licenció en Comunicación por la Universitat Autònoma de Barcelona. En 2017 publicó su primera novela, Vera. Además, escribe relatos, artículos y ensayos para VEIN Magazine, Fucking Young!, Oxymore Magazine o Harper’s Bazaar Art. En ficción, también ha escrito guiones y textos teatrales. Pronto seré de oro y carmín (Dos Bigotes, 2021) es su primer libro de relatos.

Vanina combina su intensa actividad como escritora con su faceta como modelo –en un ámbito más performático– y con la ilustración. Entre sus influencias se encuentran referentes tan dispares como Sailor Moon, Destiny’s Child, Jane Austen, F. Scott Fitzgerald, Björk o Kate Bush, además del anime, el art pop, el drama decimonónico, lo romántico o la elegancia punk. Su particular universo está alimentado por apasionantes disciplinas como el autodescubrimiento, la ciencia ficción, el misticismo, la estética, la disidencia, la mitología, lo queer, las emociones, la sensibilidad y el mundo contemporáneo.

Tu libro es una preciosa y variada colección de relatos sobre personas fuera de la norma. Lindo, Keiko, Bandita… personas como tú y como yo que al final solo buscan ser libres, ser amados, no tener miedo, vivir en paz. ¿En qué te inspiraste para dar vida a sus historias?

Creo que, en general, tenía la intención de hablar sobre personajes en situaciones extremas y crudas que al mismo tiempo vivían destellos de extrema belleza, que es algo que fui descubriendo conforme avanzaba con la escritura. Suelo tener la mente muy abierta a todo lo que me rodea y la inspiración la encuentro en lugares que me sorprenden, y en este caso fue un poco así. La idea de Keiko surgió mientras miraba actuaciones de danza Butoh e investigaba el personaje de Kazuo Ohno, y de ahí busqué algo que aunara lo tétricamente hermoso. Lindo salió escuchando la canción Ancora Ancora Ancora de Mina Mazzini sentada en una terraza y rodeada de geranios y pensando en la percepción del cuerpo y de lo sexual que tienen los demás. ¡Ciao, Bandita! fue una casualidad cósmica, ya que en otro relato hablé de dos chicas que atropellaban a una persona y se daban a la fuga, y lo mezclé con otros elementos que me gustaban, eso y la necesidad de amor y la poca autoestima. Fue una mezcla de investigar sobe la necesidad de ser una misma, del amor propio, del amor externo, de alcanzar la máxima frecuencia posible, de estallar, de enloquecer, de rascar en la complejidad de la mente humana y darle contextos que me parecían interesantes y maravillosos.

Por tus relatos desfila todo tipo de personajes. Una mujer trans japonesa que vive en Nueva York. Dos jóvenes drag queens en un particular ‘road trip’. Una chica enamorada de una influencer de Instagram. El colectivo LGTB+ no puede ser más diverso y heterogéneo. Sin embargo, se nos sigue reduciendo –sobre todo desde los sectores más reaccionarios– a una serie de estereotipos manidos y, en muchos casos, malintencionados. ¿Por qué crees que es así?

Porque tiene mucho peso el concepto de la otredad. Muchas personas hacen esa distinción y ese hincapié en los estereotipos porque consideran nuestras personas, cuerpos, identidades y realidades como figuras alienígenas que pretendemos desestructurar su mundo y suponemos algo peligroso como estandarte de la libertad. Confesando que la idea de ser una princesa trans alien me parece fantástica, evidentemente este planeta es de todas por igual, y de hecho ese supuesto juicio de lo LGTB+ desde la norma, lo correcto, el patriarcado, es una consecuencia de una supuesta superioridad moral que se atribuyen. ¿Quién ha decidido esa norma? ¿Quién ha decidido que esa corrección puede justificar los juicios nefastos, la intolerancia, la podredumbre de corazón de quien niega la existencia de las demás?

La marcialidad y la construcción de la sociedad en base a lo patriarcal se remonta a la aparición del bronce y a la invasión de los pueblos indoeuropeos que impusieron sus estructuras de clases y poder masculino sobre los matriarcados igualitarios que veneraban a la Diosa Madre y existían antes allí. Leer sobre eso permite –por lo menos a mí– tener una idea más clara de donde vienen esas creencias residuales y esa contención heterosexual y apropiada de la que hemos tenido que liberarnos por ejemplo tú y yo también, y de cómo ese juicio que les justifica –para ellos– que actúan tan pobremente como seres humanos hace que sus ataques no nos afecten tanto y de hecho nos alegremos infinitamente de no formar parte de eso. Para mí existir fuera de esa norma es lo mejor que ha podido pasarme.

Esto entronca mucho con un tema que aparece prácticamente en todas las entrevistas que hago, la ‘interseccionalidad’. Creo que tu libro sigue esta misma idea, al recoger historias de personas disidentes y no demasiado normativas. ¿Por qué consideraste relevante relatar las miradas y formas de vivir de personas tan diferentes dentro del colectivo LGTB+?

No pensé ni por un momento en hacerlo de un modo distinto. Yo vivo fascinada por la pluralidad y me estimula muchísimo el cerebro la variedad de realidades y confecciones mentales que hay, y además tampoco conozco muchas piezas que hagan alarde de toda esa interseccionalidad. Consideré que era una cuestión de equilibrio y que vino de modo natural que se retrataran esos espectros, ya que desafortunadamente también hay norma dentro del colectivo y hay más ficciones de algunas letras que de otras. Así que para mí era crucial que hubiera esa pluralidad de matices y piezas bonitas para todas, que se expandiera de mil modos distintos y se celebrara la diferencia, que es poder y riqueza.

Creo, de hecho, que tu libro hace un trabajo excepcional dando voz y visibilizando realidades que habitualmente desconocemos. Uno de los grandes males de nuestra sociedad es la falta de empatía: Somos tan privilegiados en tantas cosas que nos cuesta muchísimo ver las injusticias y las discriminaciones cuando afectan a los demás. O simplemente de concebir que existen personas que viven la vida de forma diferente. ¿Crees que las personas cisheterosexuales son realmente capaces de entender y respetar esto?

Cuando me preguntaron a quién iba dirigido el libro, reflexioné y pensé que de entrada era para todes –y todas las personas del colectivo, las extrañas, las que viven en los límites–, pero también para todas aquellas curiosas y de mente abierta que quieran ahondar, conectar y estimular la empatía. No puedo hablar de la generalidad de las personas cishetero ya que algunas que conozco son un sueño, conectadas, abiertas, empáticas, y otras me miran con desdén cuando doy un paseo y me hacen pensar en lo gris de su existencia. Las ficciones tienen la capacidad de sumergirnos en mundos y abrirnos esas ventanas, esas otras miradas, ¡y qué hay mejor que eso!

Me hace gracia que algunas personas actúen neciamente y finjan no entender, cuando darse la libertad a una es dárselas a las demás y la empatía es una cualidad mágica. Yo me di cuenta de que contaba con ella de pequeña y me dio mucha alegría, tener esa capacidad y esa bondad en mí y poder hacer algo con ello. Confío en que sí sean capaces de entender y empatizar, ya que la amabilidad hacia las otras es amabilidad hacia una misma y tal vez se den un espacio más grande, más agradable y más bueno en el que existir ellas mismas.

En pleno debate sobre la Ley Trans, ¿cómo llevas que dentro del propio colectivo existan facciones muy intolerantes hacia algunos de los miembros más frágiles de la comunidad LGTB+? Me refiero a las feministas trans-excluyentes. Mujeres lesbianas, bisexuales… que pertenecen al colectivo, pero que no dudan en cuestionar y debatir sobre la existencia y las experiencias de las mujeres trans.

Actuar como actúan es ser fascistas. Me parecen, y supongo que ya sospechabas por dónde iría mi respuesta, que son malas personas, ya que no tiene ninguna otra explicación. Sus argumentos me resultan monstruosidades y creo que hay que tener el espíritu sumido en la más absoluta oscuridad para hacer lo que hacen. ¿Cuándo la placa de La Veneno apareció con pintadas el 8M? Si eso no es de ser unas sinvergüenzas, que alguien me lo explique de otro modo. Pero no nos vamos a ir a ningún sitio, vamos a seguir poderosas frente a las olas de fascismo y recordaremos con elegancia que el mundo es de todas por igual y a modo de recordatorio, todo ese odio que ahora nos mandan se promovió antes hacia las mujeres lesbianas y racializadas. Así que esa etiqueta de feminismo cuando luego actúan igual que el señoro que me hace sentir incómoda al ir a comprar fruta y me observa del pelo a los tobillos no es feminismo. El feminismo es inclusivo o no es. ¡Y aquí seguimos! ¡Y seguiremos maravilloses!

Siguiendo con la Ley Trans, que esperamos que sea aprobada este mismo año, ¿qué tres conquistas legales le faltan al colectivo trans y consideras más urgentes de conseguir?

De entrada que el cambio de nombre y género en el DNI –que ojalá también no tener que especificarlo– no implique dos años de hormonación y otras medidas decididas por señores que no tienen ni idea de lo que supone ser una persona trans. Esto es primordial y está afortunadamente incluido en la Ley Trans. Aquí entra otra vez el concepto de la otredad. Luego habría que regularizar de algún modo la exclusión del mundo laboral de las personas trans por el hecho de ser trans. Y no tanto una conquista legal, pero las miradas de esos señores son también consecuencia de muchos mensajes nocivos en medios y partidos políticos que opinan sobre la Ley Trans sin que esté presente una persona trans. Como decíamos antes sobre la empatía, es que no hay otra, y ser conscientes que no somos una lejanía, que pagamos impuestos y nos pertenece este mundo exactamente del mismo modo.

¿Cuál crees que es el mayor enemigo hoy en día de las personas trans (y del colectivo LGTB+)? Porque hay una cosa que me preocupa mucho: con un partido de ultraderecha presente en las instituciones, legitimado a diario por los medios, parece que el discurso contra lo diferente se está recrudeciendo. ¿Crees que las personas LGTB+ estamos en más peligro que antes?

Me parece más grave lo de las TERFs –feministas transexcluyentes– que los señoros de extrema derecha, ya que estamos todas sorteando del mismo modo el patriarcado. No creo que estemos más en peligro que antes, ya que en el siglo XX se nos encerraba en campos de concentración y demás atrocidades que la gente comete en nombre de supuestos valores. Hace unos días leí un texto que decía: “nos pareció bien atacar a las brujas por ser brujas y no a las personas que las quemaron vivas”, pues lo mismo así, ¿en nombre de la moralidad está bien ser un demonio vomitivo pero lo insultante es ser una misma? Menuda sandez, ya que hacer eso no tiene nada de humano. Habrá un partido de ultraderecha, pero es que no nos vamos a ir a ningún sitio. Y como ya nos hemos deshecho de esa culpa, de ese miedo, de esa imposición y ese control, tenemos el poder de saber que nuestra libertad es un derecho y que no tenemos que agachar la cabeza ante la supuesta inquisición de corazón podrido. Y sobre todo tener claro que somos buenas, que somos nosotres, y que ya no vamos a permitir que figuras como la de Edmundo, el inquisidor de uno de los relatos de Pronto seré de oro y carmín, decida que su maldad y mezquindad son lo “correcto”.

RECOMENDACIONES

Una novela con protagonistas trans que te guste.

Nunca he leído ninguna… Pero si la encuentras, dímelo, que la leeré con muchas ganas. En otras ficciones, Euphoria, Veneno, Pose o Transparent me han acompañado mucho.

Un/a escritor/a LGTB+ imprescindible.

Virginia Woolf que me tiene fascinada, Federico García Lorca, Gloria Fuertes, Oscar Wilde, Jean Genet, Paul B. Preciado.

Un/a activista referente.

Me inspira mucho el mensaje de Indya Moore, Dominique Jackson y ese increíble discurso diciendo que no vamos a pedir la aceptación sino que la vamos a exigir, Carla Antonelli poderosa en el Parlamento, Hunter Schafer por ser ella y darnos lo que nos ha dado en Euphoria, Valeria Vegas en cualquier aparición y Roberta Marrero.

Un/a político/a que creas que está haciendo mucho por el colectivo.

Desde luego Carla Antonelli, e Irene Montero por esa ley que necesitamos. Y a nivel internacional siempre me gusta saber del mensaje de Alexandria Ocasio-Cortez.

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