La verdad y la trastienda de ‘los farsantes’

La verdad y la trastienda de ‘los farsantes’

Javier Cámara y Bárbara Lennie protagonizan ‘Los Farsantes’. Foto: Luz Soria.

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‘Los farsantes’, escrita y dirigida por Pablo Remón y encabezada en el reparto por Javier Cámara y Bárbara Lennie, habla sobre las miserias, frustraciones y sueños que esconde el oficio de actor. Una de las obras de más éxito de la temporada teatral en Madrid. Sigue hasta el 12 junio en el Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional.

Un farsante siempre habita en el mundo de lo ficticio. Según la RAE, un farsante es un actor o actriz de teatro, especialmente de comedias. Alguien que interpreta a otro que no existe. Por otro lado, farsante es también aquel que finge lo que no es o no siente. Aquel que se autoengaña para no admitir que el fracaso forma parte de su vida. Un término cuyas acepciones dialogan entre sí y que componen el eje argumental de Los farsantes, la nueva obra del dramaturgo, guionista y director Pablo Remón, autor de Los mariachis, El tratamiento o Doña Rosita, anotada, obra por la que se alzó con el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2021.

En la obra, Ana Velasco sueña con ser actriz de éxito. En sus sueños, se imagina recogiendo un Premio Goya sin siquiera haber sido nominada. Sin embargo, la realidad la obliga a subsistir interpretando a una Dorothy puesta de ketamina que recorre el camino de baldosas amarillas ante un público infantil que la abuchea. También es profesora de pilates. Por su parte, Diego Fontana es un director de cine comercial que, tras sobrevivir a un accidente de avión, se replantea su carrera y decide abandonar un proyecto millonario para sumergirse en una película de autor. “Quiero dejar hablar al niño que llevo dentro”, le explica a Álex Ávila, un productor que, tras esnifar un par de rayas de cocaína y beberse de trago un whisky doble, se deja convencer de semejante locura.

Sobre las tablas, cuatro actores: Bárbara Lennie, Javier Cámara, Francesco Carril y Nuria Mencía. Cuatro farsantes que dignifican el oficio a través de esta obra que viaja del esperpento a la comedia sutil, de la frustración a la emoción resignada de unos personajes que quieren alcanzar su sueño. Un ejercicio de autoficción que los cuatro intérpretes defienden con la sabiduría propia del que ha estado en esa situación. En ese lugar en el que el fracaso y el triunfo se debaten sobre la cuerda de un trapecio. Ellos, ahora encumbrados en la cima del éxito, conocen mejor que nadie lo difícil que son esos inicios tortuosos.

Y para ellos está dedicada esta obra, para esos actores que esperan desesperanzados a ser elegidos en el siguiente casting. Esos que siguen sacrificando sus vidas y sueñan despiertos. Que se disfrazan de farsantes para no asumir su derrota. Una obra que nace del imaginario único de un Pablo Remón que, como si de un tramoyista con futuro de escritor se tratara, expone las reflexiones y miserias que se esconden detrás de los focos y las cámaras.

Sin embargo, lejos de ofrecer un enfoque dramático con fines derrotistas, Remón tiene la capacidad de construir un relato de comedia con momentos hilarantes que irradian ternura. Los diálogos sacuden al público por su genialidad pasmosa. Diálogos que nacen del ingenio de un autor que, una vez más, demuestra ser de los más brillantes del panorama actual. El elenco de actores que articulan cada palabra desde la más absoluta verdad, hace el resto.

Tras dos horas y media de función, el telón cae al mismo ritmo que las lágrimas tardan en recorrer las mejillas del rostro de Bárbara Lennie. Unas lágrimas que inundan el patio de butacas de una verdad ficticia. La verdad ficticia de los farsantes.


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