La vitivinicultora ecológica que estudió Derecho pero decidió volver a las raíces

Bodega Chozas Carrascal, en la Comunidad Valenciana.

María José eligió estudiar la carrera de Derecho, porque el campo no era lo suyo… En principio. Se había criado entre viñas, pero decidió marcharse a estudiar y dejar atrás el mundo rural. Pero al terminar la universidad, algo no encajaba y volvió a sus raíces. Hoy en nuestra serie mensual dedicada a gente del mundo rural hemos hablado con María José López-Peidro, una bodeguera de vino ecológico que decidió volver a su pueblo, San Antonio de Requena (Comunidad Valenciana). Agricultores y ganaderos siguen con su protesta. Frente a desenfoques interesados y manipulados sobre los problemas del campo, ‘El Asombrario’ sigue aportando buenas prácticas, experiencias en positivo y con futuro.

De pequeña jugaba y correteaba por las viñas, pero al tomar la decisión de elegir una carrera no quiso saber nada relacionado con el mundo vitivinícola y optó por Derecho. “Quería ser abogada, estudié la carrera y me gustó, pero cuando acabé no me apetecía estudiar una oposición”, nos cuenta María José.

Sus padres, María José y Julián, habían empezado a cultivar viñedos en los años 90, en la tierra del abuelo de Julián. También volvieron a las raíces. El nombre de la bodega, Chozas Carrascal, es en honor al abuelo, que sus paisanos conocían con el apodo cariñoso de Chozas.

En 1990 se enamoraron de esta tierra y su singularidad, y vieron las posibilidades que ofrecía para la elaboración de vinos singulares, cuentan los bodegueros. Estudiaron el entorno y su historia vitícola y volvieron a ubicar las viñas donde tiempo atrás estuvieron, sabedores de que la experiencia de los antiguos viticultores no podría errar.

“Mi abuelo era de Requena y mi padre quería volver a los orígenes, volver a su comarca, y cambiar la imagen que se tenía de Utiel-Requena que era vino de volumen, vino a granel, y quería dar valor al microclima y a la altitud que tenemos, y hacer una revolución y dar valor al terruño que tenemos”, explica María José.

María José se dedicó en un primer momento a la exportación, para que la bodega familiar se conociera en los circuitos internacionales y que la imagen del vino de Requena no se asociara a vino a granel de baja calidad, sino un vino que empieza en la tierra y acaba en la boca.

“En ese momento solo teníamos presencia en el mercado local, en la Comunidad Valenciana, y con 22 años, al acabar la carrera, me dediqué a viajar, me gustó mucho, pero noté que tenía una carencia formativa, así que hice un Máster vitivinícola”, nos cuenta María José.

En 2017, su hermano Julián se incorpora a la bodega como ingeniero agrónomo y enólogo. “Mis padres siguen activos, pero vamos poco a poco haciendo el relevo generacional en la bodega”, señala María José, quien ahora está “muy contenta, me gusta mucho lo que hago porque la bodega forma parte de mí, y trabajar feliz es importante”.

Las viñas de la familia están situadas entre 750 y 840 metros, una de las más altas de la Comunidad Valenciana, cerca de la Sierra Moreno. La altitud y la cercanía a la sierra son dos variables que caracterizan a esta bodega. “Somos vinos mediterráneos de altitud, y tienen una frescura y una acidez especiales”, comenta María José.

La fauna y flora presente en Chozas Carrascal también ejercen su influencia, atrayendo a los depredadores naturales que ayudan a minimizar los trabajos en viña. En la finca tienen carrascas y hierbas aromáticas como tomillo y lavanda que atraen a polinizadores. “Estamos haciendo plantaciones en mitad de la fila de viña para regenerar el suelo y favorecer la biodiversidad”, apunta María José.

Desde la bodega lo tienen claro: “No sólo queremos que nuestras uvas mejoren con el tiempo, sino que además queremos que estas parcelas únicas pasen de generación a generación y que nuestra contribución al campo sea lo menos intervencionista posible. El término ecológico es algo más que una etiqueta en el vino, implica una forma de entender la vida”.

De esta forma, en 2002 decidieron dejar de hacer uso de herbicidas y así parte del trabajo lo hacen las golondrinas que les visitan. En 2004 incorporaron el abono orgánico con estiércol de oveja, y mediante un cultivo ecológico consiguen que los suelos no sean inusualmente fértiles, lo que haría que las plantas tuvieran un excesivo vigor y por tanto ofrecieran mayor producción y menor calidad. En 2010 obtuvieron la certificación de viñedo ecológico.

María José López-Peidro en la bodega Chozas Carrascal.

Efectos del cambio climático

“Con lo que estamos sufriendo con el cambio climático, nos está haciendo padecer mucho más el calor”, comenta María José. Los dos factores que como consecuencia del cambio climático más están notando en las viñas es la sequía extrema que padecen, con un otoño muy seco, y las vendimias cada vez más tempranas. “Vemos que la pluviometría cada vez es menor y tenemos menos frío, y las oscilaciones térmicas cada vez son menores”.

La maduración de la uva se adelanta cada año, y lo normal era vendimiar a principios de septiembre, pero el año pasado empezaron el 14 de agosto. “Cada vez se adelanta más la vendimia y las que mejor se adaptan a los climas extremos son las variedades autóctonas, porque aguantan los ciclos más largos y responden mejor”, indica María José.

La producción de 2023 bajó a la mitad respecto a 2022. “Hemos tenido un 50% menos de cosecha respecto al año anterior, y esto es fruto de lo que está ocurriendo, y aunque afortunadamente no todos los años son así, sí que vamos a tener una heterogeneidad en las añadas muy grande, con años en los que no llueve nada”, explica. “Hay que adaptarse a lo que va viniendo”.

El año pasado abonaron más la tierra para dar fuerza a las viñas, ante las pocas lluvias, removieron más la tierra para que se oxigenara y podaron para que no hubiera tanta cantidad de uva, y sí de mejor calidad.

Olivos centenarios

En una parte de la finca, en 18 hectáreas, cuentan con olivos centenarios de la variedad cornicabra. El aceite Mirall de la Terra que producen es de un verde intenso y brillante y en su sabor hay recuerdos a tomate, hierbas de monte y alcachofas.

Antes recogían la oliva y la llevaban a una almazara grande para molturar, pero ahora cuentan con una almazara ecológica próxima a la finca para aceite de oliva virgen extra. “Recogemos la oliva muy temprano, el 30 de octubre del año pasado, cuando estaba todavía verde y nos sale un aceite de muy alta calidad y sabor muy intenso y aromático”, termina María José.

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