“Voy a parir un bebé muerto, con la sangre fría en las venas”.

“Voy a parir un bebé muerto, con la sangre fría en las venas”.

La escritora Marta Barrio.

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“Trajeron a mi hijo muerto. Los párpados cerrados escondían páramos silenciosos”. En su segunda novela, ‘Leña menuda’, Marta Barrio ha sido capaz de componer la nana que pocas madres serían capaces de cantarle a su bebé muerto. Y lo ha hecho sin desafinar. Nada queda fuera de su lugar. ‘Leña menuda’, que acaba de llegar a las librerías, es una novela perfecta de principio a fin. Una historia extraordinaria contada de una manera extraordinaria. ‘Leña menuda’ es la caja negra de la maternidad, pero también de la no maternidad.

El dinamismo de lo auténtico es un valor al alcance de muy pocos autores y, sin embargo, es el plato fuerte de la segunda novela de Marta Barrio (New Haven, 1986), Leña menuda. Ganadora por unanimidad del Premio Tusquets editores de novela 2021 y que debería estar presente en todos los palmarés literarios que se precien y presuman de serlo.

Leña menuda es un diario profundo que escapa al maniqueísmo recalcitrante que a veces lleva implícita la autobiografía, aunque la autobiografía no sea más que un recurso literario muy alejado de nuestra piel y de nuestra vida.

Marta Barrio es una narradora generosa e imposible de doblegar. La dueña absoluta de lo políticamente incorrecto, nodriza de párrafos que otros escritores no se atreverían a escribir. La brutalidad de su pragmatismo es extraordinaria. El silencio no es una opción en esta novela en la que las reflexiones  de la narradora son capaces de destruir y construir al mismo tiempo. Su ambivalencia supone para el lector caer en un estado de gracia ininterrumpido mientras dura la lectura. En su novela no hay espacios oscuros ni siniestros, pese a que el abismo que nombra sin tregua a su protagonista sea una lengua larga que atrapa la atención del lector como atrapa la tubular y sorpresiva lengua del colibrí el néctar de las flores más inalcanzables.

“En los aeropuertos la gente se siente cosmopolita e interesante. Las bocas sonríen al vacío, los ojos brillan como si se escondiera un secreto dichoso y los cuerpos tiemblan de excitación ante la perspectiva de sobrevolar océanos y cordilleras. Yo, la única viajera triste, era  una intrusa entre tantas caras radiantes y tantos pechos henchidos”.

Barrio es una observadora nata de la calles cortadas, de su lenguaje, de su valor, de su sacrificio. Las anchas avenidas son para otros escritores. Ella acude a la magnitud de la oscuridad hasta poblarla de locuacidad y lucidez, para reinventar el descrédito a la que es siempre sometida la heterodoxia con datos médicos, con verdades que hasta que ella llega son mujeres muertas:

“Voy a parir un bebé muerto, con la sangre fría en las venas. Mi parto será glacial, como la explosión de un volcán de hielo”.

Barrio hace malabarismos con todas las edades de la mujer y despliega como siempre la vistosa tela que supone su erudición controlada. Ese abanico de datos útiles que, una vez más, como ya hizo en Los gatos salvajes de Kerguelen, aletean sobre las páginas de su novela en un síntoma inequívoco de que la verosimilitud de su universo literario se sostiene sobre lo que los datos comprobables consiguen fabricar dentro de su poderosísima imaginación:

“Hay algo ominoso en el nacimiento de una criatura destinada al dolor”.

“Todos somos mutantes, y realizamos cambios genéticos, de los cuales algunos son inocuos y otros no”.

Todas las páginas de esta novela son imponentes, valientes, bellísimas, pero no solo desde lo estético sino también desde lo sintáctico. La construcción de sus reflexiones es un paraíso reordenado para la ocasión. Nada queda fuera de su lugar. Leña menuda es una novela perfecta de principio a fin. El punto cardinal que necesitaba la literatura española. La he leído casi sin poder respirar, con mis ojos amarillos pegados a los pasos de su protagonista de esa forma en que se pega la fiebre sobre la carne de quien ya se sentía fuera de la enfermedad. Marta Barrio ofrece un universo literario colosal en su todavía corta carrera como novelista.

Leña menuda es la caja negra de la maternidad, pero también de la no maternidad, la caja negra que el lector deberá aprender a manipular para descubrir los secretos de una mujer perdida entre preguntas, asediada por el dolor, por la precariedad emocional a la que las mujeres tantas veces se ven abocadas. Es una historia extraordinaria contada de una manera extraordinaria. Hay que tener un pulso muy firme para escribir cualquiera de los párrafos de este deslumbrante falso diario. De esta novela sin ángulos muertos, sin adornos narrativos, de esta novela formada por palabras en carne viva en la que la autora da cabida a la insólita refracción de la oscuridad. Marta Barrio tiene una voz narrativa tan particular que deja ecos eternos en la memoria del lector:

“Cuando se dibujaron las dos rayas azules en la prueba del embarazo, me sentí adulta, de repente, casi por primera vez”.

Leña menuda está escrita desde el respeto más absoluto y desde la documentación literaria y médica más exhaustiva. El texto posee una luminosidad extrema y una concreción temática desbordante:

“Quizás haya más voluntad de destrucción que de creación en mí, o quizás solamente pueda crear una sola cosa a la vez, y mi cuerpo esté demasiado centrado en producir carne de mi carne, como para además obligar a mi mente a producir una obra maestra”.

Además, la autora introduce una escalofriante contradicción que sin duda revaloriza su historia. Barrio habilita lo involuntario como mapa, como una cartografía contundente, sin fisuras, enérgica, pero sin alardes. Barrio es exacta en lo estético, pero sin lirismo. Conmueven las imágenes que construye surcando la narración a través del contexto, no incurriendo jamás en ese ventajismo de aislar lo que surtirá efecto de antemano. No hay trucos de magia en esta novela:

“Cuando alguien se mudaba de país, yo casi lo daba por muerto y me centraba en aquellos con los que sí podía quedar los fines de semana, aunque no me quisieran tanto como los que se habían marchado”.

La dureza de lo que se cuenta tanto desde lo biológico como desde lo literario es sin duda el férreo soporte que necesita la verdad para no trasmutar en tremendismo. La alternancia entre la narración emocional, la narración científica y la filosófica le procuran un equilibrio irrefutable a este diario:

“Las almas las creaba Dios, las mujeres solamente la carne”.

A esta novela que deja en evidencia la brutalidad que lleva implícito ser mujer:

“El turismo abortivo era un privilegio de clase, al alcance de una pocas”.

“Este relato que yo empecé como un cuaderno de bitácora de la gestación se ha convertido, a mi pesar, en otra cosa: en un libro de duelo, testimonio de la interrupción de un embarazo. Mi matriz será de tinta y de papel, y no de carne, mi hijo un personaje imaginario que vivirá entre las páginas de un libro. Este giro narrativo no estaba en el guión”.

“Mi peón había sorteado de nuevo el peligro y se dirigía hacia su destino. Otro día menos para volver a casa y ganar la partida”.

Y que genera de manera inclusiva la audacia de ese perdedor que no busca justificación sino consuelo:

“Pienso en el ejército de clones de ‘La guerra de la galaxias’, y en todas las películas de ciencia ficción en que la eugenesia, la clonación o la selección genética de los más aptos para el combate tiene derivas totalitarias”.

“La intantofagia es una práctica común en el mundo animal: las osas se comen a sus oseznos cuando se dan malformaciones, pero también en épocas de sequía o escasez de recursos”.

Marta Barrio ha escrito una novela que ha resultado ser el magnético y despiadado epílogo para la historia de demasiadas mujeres, y en ella ha luchado por borrar de sus manos, de su piel y de su memoria el estigma social que la caprichosa genética ha grabado una y otra vez sobre ellas. Marta Barrio ha sido capaz de componer la nana que pocas madres serían capaces de cantarle a su bebé muerto. Y lo ha hecho sin desafinar, sin incurrir en silabeos ramplones y sin tarareos disuasorios:

“B. arruga la nariz. Quiere despistarme mientras esperamos que nos traigan a mi hijo muerto”.

“Trajeron a mi hijo muerto. Los párpados cerrados escondían páramos silenciosos”.

“El dolor era como un pájaro carpintero  que me picoteaba las heridas, impidiendo que se formasen costras”.

“Lloro por X, y por su corazón que ha dejado de latir dentro de mí, y sin embargo todas las dudas que hubiese podido albergar se esfumaron al desnudarle”.

Marta Barrio ha sido capaz de  escribir el cántico que desdice a los fanáticos, porque aunque ellos no lo sepan  a veces el aborto es sin duda una de las caras de Dios.

‘Leña menuda’. Marta Barrio. Tusquets. 315 páginas.


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Comentarios

  • angel coronado

    Por angel coronado, el 12 octubre 2021

    Me gustaría poder escribir algo después de haber leído este texto como hubiese podido hacerlo antes. Tengo que intentarlo. Y voy a dejarlo como se deja lo que a veces piensas que no volverá jamás.

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