Aire Libre Otoño: hojarasca, viñas ecológicas y aves migratorias
La belleza melancólica de la hojarasca. Foto: J. Rico.
En una época en que el paisaje y el cuerpo piden observar los amarillos, ocres, marrones y rojos de las hojas que penden de los árboles, proponemos dirigir la mirada hacia el suelo, hacia las hojas que ya han caído: la hojarasca. Además, nuestra observación adquiere más interés si añadimos que ahí, entre esas hojas caídas y el suelo que alimenta y protege, está el mayor reservorio de carbono tras el de los océanos. También, en momentos aún de vendimia en algunas partes de España, es muy importante la presencia de una buena capa vegetal entre viñedos para dotarles de salud y biodiversidad. Viajes a Gredos, encuentros en Tenerife –como el de Letras Verdes– y la llegada de aves migratorias nos hacen disfrutar de estos paisajes y sus suelos otoñales.
Hojas de álamos, robles y castaños, restos de los erizos que envuelven los frutos de estos últimos, partes de una hiedra rastrera, frutos rojos caídos de un rusco… Y, alternativamente, también se ven algunas setas –lepiotas principalmente–, las agallas –o cecidias, o bugallas, o agallones, o abogallas, según la zona– que producen algunos árboles para aislar a sus parásitos, a ese lagarto sin patas que es el lución –también llamado enánago, ahora que acabo de leer Calabobos, de Luis Mario–, y un montoncito de huesos de frutos ligeramente cubiertos de carne que no es otra cosa que el excremento de un zorro.
Todo un mundo en descomposición –menos el lución, claro está– que enriquece cualquier paseo otoñal entre bosques, especialmente entre los caducifolios de la mitad norte peninsular. Y luego está lo que resulta más difícil de ver –caracoles, gorgojos, chinches, arañas, grillos, lombrices…–, pero que se presiente cuando ves a los mirlos y los zorzales revolver la hojarasca para dar con ellos y comérselos.
En un artículo de investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) para la revista Naturalmente reflejan la importancia de esta primera capa del suelo: “La hojas muertas constituyen una fuente importante de nutrientes y de materia orgánica para el suelo. Sirve de alimento a millones de microorganismos que lo habitan y las descomponen liberando CO2 y permitiendo la incorporación de nutrientes y de carbono. Los depósitos de hojarasca y de materia orgánica del suelo son el segundo reservorio en el ciclo de carbono, el primero son los océanos”.

Viñas de las bodegas Contreras Ruiz, en Huelva.
Secanos Vivos, Vinos Vivos
Ya está. Con todo esto, la observación del suelo se convierte en un aliciente más de nuestros paseos otoñales, incluso de aquellos más transformados en los que no esperamos encontrar gran cosa. Es el caso de los viñedos. Con la vendimia aún presente en los lugares menos cálidos de la península y las islas, es buen momento para conocer de cerca esta actividad y los entornos en los que se desarrolla. Las cubiertas vegetales que aportan nutrientes a las viñas son una de las formas para naturalizar este cultivo, al igual que la creación de lindes arbustivas, muros de piedra seca y charcas o la instalación de cajas nidos para rapaces y murciélagos.
Una buena referencia para acercarse a viñedos y bodegas que cumplen con estas máximas de respeto a la biodiversidad es acudir al mapa del proyecto Secanos Vivos de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) y seleccionar Vinos Vivos. Aquí damos con las bodegas Contreras Ruiz, en Rociana del Condado (Huelva) y con esta presentación: “Queremos compartir nuestra ilusión y explicar nuestras pasiones. Te invitamos a pisar nuestro terruño, a respirar el viñedo, ver el color de las estaciones en Doñana y a continuar tu visita conociendo de cerca cómo elaboramos nuestros vinos en la bodega, compartiendo charlas con nosotros y catando la colección”.
Viñedos con catas y respeto por el entorno
Difícil resistirse a la invitación de Contreras Ruiz –visitas a partir de cuatro personas– o a la de Los Raigones, viñedos y bodega situados en Llano del Espinar (Córdoba). En este caso, se amplía la oferta de visitas a algunas con tapas, con desayuno molinero, con almuerzo o con cata dirigida. Para las tres últimas se requiere un mínimo de diez personas y cuatro para la primera y para otra que incluye un recorrido más amplio en todoterreno por la sierra de Montilla, que para eso estamos en plena Ruta del Vino Montilla-Moriles.
Tampoco pintan mal las propuestas de La Bodega de las Estrellas desde Valdepeñas (Ciudad Real): “Te mostramos la cultura de los vinos naturales, hechos sin aditivos, y sus sensaciones propias sin modificar o maquillar, en una bodega tradicional valdepeñera, familiar y urbana, con el encanto de sus patios, nave y cueva de tinajas con más de 200 años de antigüedad. Con degustación de vinos ricos y naturales”. Eso sí, Dionisio De Nova, su propietario, nos pide que hagamos una llamada urgente relacionado con uno de los problemas del medio rural: “Después de cinco generaciones nos quedamos sin relevo generacional; si no recoge alguien el testigo, cerramos”.

Papamoscas gris. Foto: J. Rico.
Las aves del viñedo y de la migración
Perdices, urracas, trigueros, mochuelos, abubillas, alondras… Son algunas de las aves que frecuentan los viñedos, en especial aquellos que, como los de Secanos Vivos, respetan más el paisaje y la biodiversidad circundante. Y ya que estamos hablando de ello, es recomendable visitar la web del proyecto Aves entre vinos y, por ejemplo, conocer las diferentes marcas que tienen nombre o etiquetas con protagonistas ornitológicas. Hasta 75 especies de aves, también exóticas, aparecen entre las botellas de vino.
No son tan exóticas, pero en pleno viaje migratorio entre Europa y África hay que prestar mucha atención al paso y observación de especies que rara vez se ven el resto del año, como el colirrojo real, los mosquiteros musical y bilistado y el papamoscas gris. Para ello, ayudará mucho, como cada año, la organización de decenas de actividades durante el Día Mundial de las Aves, que tendrá lugar principalmente entre el 3 y el 4 de octubre. Por recomendar una zona donde hay “parada y fonda” recurrente de estas pequeñas criaturas aladas, las cinco citas de Cantabria, con itinerarios guiados, anillamientos y puestos de información, apuntan buenas maneras.

Punta de Teno, en Buenavista del Norte, Tenerife.
De Gredos a Tenerife
Aparte del paso de aves migratorias, el otoño es el momento idóneo para disfrutar con otras manifestaciones de la naturaleza, como la llegada de otras aves, las invernantes, el celo de las cabras monteses o la aparición de setas en nuestros campos. Una propuesta de tres días (del 11 al 13 de diciembre) desde Birdeo con epicentro en la sierra de Gredos (Ávila) servirá para aunar todo ello. La observación de bandos de grullas en la laguna del Oso y del enfrentamiento entre machos monteses entre lo más escarpado de la sierra y una ruta micológica entre pinares confirma este “completo otoñal” entre lo natural y lo rural.
Y ya que de aves migratorias e invernantes hablamos, concluimos con otra ave, la que ilustra el logo del encuentro Letras Verdes, que entre el 11 y el 14 de noviembre celebrará su sexta edición entre los municipios tinerfeños de Buenavista del Norte, Los Silos y San Miguel de Abona. Al cierre de este artículo no se conoce aún el programa, pero la cosa vuelve a pintar bien por el plan de acción climática que asume el evento como “hoja de ruta estratégica diseñada para reducir al mínimo la huella ecológica de este foro literario y concienciar a sus asistentes sobre la emergencia ambiental”. Y pinta igualmente bien porque, aparte de la relevancia de las personas que acudan como autoras y promotoras de letras verdes, habrá catas de productos de la tierra y rutas y visitas etnográficas y agroecológicas.




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