¡ALERTA ROJA para la Amazonía! A un paso del no retorno

Yanomamis afectados por un incendio en la Amazonía. Foto: Nigel Dickinson / WWF.

POR ISAAC VEGA / WWF ESPAÑA

La muerte de más de 150 delfines rosados y grises en el lago Tefé de la Amazonía brasileña, a finales de septiembre y principios de este mes de octubre, da cuenta de la gravísima crisis ambiental que atraviesa el mayor pulmón verde del planeta; las primeras hipótesis sobre las causas apuntan a la prolongada sequía que azota la región y al explosivo e inusual aumento de temperaturas en las aguas. La Amazonía se acerca rápidamente a un punto de no retorno ecológico por la confluencia de la deforestación y los incendios, el cambio climático y la sequía. Nuestro futuro y el de muchísimas especies dependen de su supervivencia. ¡Por una Amazonía Viva, súmate a nuestra lucha!

¿Quién no ha soñado con ella? La Amazonía es un paraíso único, un jardín natural exclusivo y extraordinario que acumula todos los récords posibles, tanto de riqueza biológica y recursos como de la destrucción que viene soportando. Abarca ocho países: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana, Perú, Surinam, Venezuela; y un territorio, la Guayana Francesa. Y se extiende desde la base de la cordillera de los Andes hasta el Océano Atlántico, lo que le otorga una impresionante variedad de ecosistemas que la convierten en la región más biodiversa del planeta.

Con una superficie de unos 7,7 millones de km2, más de 13 veces el tamaño de la Península Ibérica, la Amazonía es el mayor bosque tropical: ocupa un área arbolada de 6,7 millones de km2 que contiene un tercio de las selvas del planeta y está regada por el sistema fluvial más extenso del mundo, con un millón de km2 de ecosistemas de agua dulce (ríos, humedales…). Para hacernos idea de la magnitud, sus ríos aportan una quinta parte de la descarga fluvial global a los océanos del mundo.

Pese a que el 17% de la selva ya ha desaparecido y que cada 20 segundos desaparece una superficie de bosque amazónico equivalente a un campo de fútbol, aún se mantienen grandes áreas en buenas condiciones, que son el hogar de más de una décima parte de las especies de animales y plantas conocidas, y de mucho de lo que aún queda por identificar: cada dos días se descubre nueva especie.

Atesora el 22% de las plantas conocidas (40.000 especies diferentes); el 14% de aves, como el águila harpía o los guacamayos y tucanes; una décima parte de los mamíferos (jaguares, perezosos, tapires, titíes o el delfín rosado); el 10% de anfibios (como las ranas veneno de flecha); reptiles como las anacondas o los caimanes y cocodrilos; y el 20% de los peces que habitan los trópicos (más de 2.500 especies distintas).

Además de brillar con tanta biodiversidad, su conservación es vital para luchar contra el cambio climático: sus árboles almacenan 140.000 millones de toneladas de carbono, equivalente a la emisión actual de gases por actividades humanas en 100 años.

Deforestación causada por un incendio en Rondonia. Foto: Andre Dib / WWF-Brasil.

Mucho más que vida vegetal y animal

En la Amazonía se pueden escuchar más de 330 lenguas, con todo lo que eso supone de riqueza intangible, cultura y tradiciones; y no solo hay selvas y ríos, también acoge grandes ciudades como Brasilia (3,5 millones de habitantes) o Manaos (2 millones). Habitada por 35 millones de personas, entre los que destacan más de 350 pueblos indígenas, que durante miles de años han vivido en perfecto equilibro con la Amazonía. Por eso, son vitales para la conservación y gestión de la biodiversidad; para asegurar el futuro de la región es esencial garantizar los derechos y la autodeterminación de los pueblos indígenas y las comunidades locales.

Sin embargo, debido a muchas presiones humanas y la expansión de la frontera agrícola, ganadera y minera, los pueblos, su cultura y muchos conocimientos milenarios están al borde de su extinción y del olvido. ​Múltiples desarrollos amenazan la integridad amazónica, sus especies y la asombrosa variedad de bienes y servicios locales y globales que proporciona, socavando su capacidad para estabilizar y regular los patrones climáticos regionales y mundiales.

Una deforestación galopante e imparable

Una de sus mayores amenazas es la sobreexplotación y el cambio de uso en el suelo. La región es un gigantesco «frente de deforestación», que ya ha devorado el 17% de sus árboles. Cada 20 segundos perdemos una superficie de bosque amazónico equivalente a un campo de fútbol, y la superficie arrasada, talada y quemada no deja de crecer.

Así, por ejemplo, en 2019 los incendios forestales aumentaron un 30% en la Amazonía brasileña, registrándose casi 90.000 focos, en su mayoría debidos a la deforestación ilegal. La deforestación para producir soja y carne es responsable de la mayoría de incendios forestales y un 85% se deben a la deforestación ilegal.

Con demasiada frecuencia, se prende fuego al bosque para transformarlo en terreno agrícola o apto para el ganado y, tras las cenizas, además de la crisis ambiental surgen problemas sociales derivados del acaparamiento de tierras.

En el episodio 16 de nuestro podcast Somos Naturaleza, viajamos a la Amazonía para descubrir el impacto de la deforestación y otras amenazas con alguien que la conoce muy bien: el doctor Germán Poveda, miembro del Panel Intergubernamental del Cambio Climático y del Comité Directivo del Panel Científico para la Amazonía.

Guacamayos en la Reserva de la Biosfera Manu en Perú. Foto: Andre Bartschi / WWF.

Responsabilidad de la UE en la deforestación amazónica

Los europeos tenemos mucha culpa como grandes importadores de piensos y soja que destruyen los bosques, y la Unión Europea es el segundo mayor mercado de soja brasileña tras China. Gran parte de las importaciones de soja de la UE provienen del cerrado brasileño, que acoge el 5% de la biodiversidad mundial, y donde la tierra se ha transformado rápidamente para la producción de ganado y soja, provocando la pérdida de un tercio (32,8%) de su superficie de bosque entre 2004 y 2017.

Y no solo soja, también madera, piensos, chocolates, carne… Muchos productos que llegan hasta nuestros supermercados provienen de la destrucción de los bosques. En WWF promovemos y formamos parte del movimiento europeo No Te Comas el Bosque, que persigue que la UE regule esta importación de productos para evitar que los consumidores europeos seamos cómplices en su desaparición.

Infraestructuras, minería y extracción de combustibles fósiles

Más de 250 proyectos de construcción de presas corren el riesgo de alterar gravemente la hidrología de todo el bioma, con efectos catastróficos sobre peces migratorios de la cuenca amazónica. Y más de una veintena de proyectos de construcción de carreteras faraónicas ejercen una gran presión sobre densos bosques. La experiencia previa hace pensar que esto dará lugar a un rápido aumento de la pérdida de bosques, una sobreexplotación de recursos y un incremento del tráfico ilegal de fauna amenazada y de la transmisión de enfermedades infecciosas.

Por otra parte, un estudio de WWF denuncia el espectacular aumento de la minería y la extracción de combustibles fósiles en la región: más de 800 permisos de explotación minera y de petróleo y gas, ya concedidos en áreas protegidas, y otros 6.800 en proceso de examen. Aunque muchos no llegarán a la explotación activa, sí muestran un arrogante desprecio por las políticas de conservación en los países amazónicos.

Esta suma de acciones transformadoras supone una degradación, pérdida y fragmentación del hábitat de muchas especies amenazadas, como el jaguar, para los que desplazarse es tan vital como respirar. Éste y otros muchísimos animales pierden su hogar y las vías naturales que les podrían llevar a nuevos territorios y refugios, a fuentes de alimentación alternativas o al contacto necesario con individuos de su especie. Pierden los caminos seguros para desplazarse y para sobrevivir.

Vista aérea de la deforestación por un incendio para plantar soja en Rondonia. Foto: Andre Dib / WWF.

Incendios y contaminación, enfermedades y hospitalizaciones

A todo este rosario de desastres ambientales hay que añadir el drama humano y los problemas de salud derivados del saqueo a la Amazonía. Por una parte, el humo de los incendios contiene grandes cantidades de partículas finas que contaminan el aire y pueden provocar enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Sólo en 2019, más de 2.200 personas fueron hospitalizadas por problemas respiratorios relacionados con los incendios en la Amazonía, una muy pequeña muestra de la dimensión real del problema, ya que la mayoría de afectados no acude a un hospital.

Por otra parte, según un reciente estudio de WWF, High Cost of Cheap Water (octubre 2023) que aborda la importancia de la calidad del agua para el consumo en muy diferentes partes del mundo, los pueblos del Amazonas se ven especialmente afectados por altísimos índices de contaminación con niveles de mercurio 7,5 veces superiores a los niveles habituales de la población.

Y, por último, la muerte masiva de miles de peces y de más de un centenar de delfines de río hace pocas semanas ha encendido todas las alarmas sobre una emergencia que afecta también a miles de otras especies que habitan los ecosistemas acuáticos y ha desencadenado una crisis alimentaria y de acceso al agua en comunidades de la Amazonía brasileña que están viéndose afectadas por la muerte de peces y la contaminación que estos generan en las fuentes de agua para el consumo humano.

Declaración de Belém: “A un paso del no retorno”

En la búsqueda de soluciones, el pasado 8 de agosto, al término de la última Cumbre Amazónica celebrada en Brasil, los gobiernos de los ocho países amazónicos firmaron la Declaración de Belém y enviaron un importantísimo mensaje al mundo: “Debemos actuar ya para evitar que la Amazonía alcance el punto de no retorno”; algo que podría ocurrir en menos de 10 años si seguimos perdiendo su naturaleza al ritmo actual.

Entre los avances alcanzados en la cumbre, destacan el acuerdo para fortalecer la Organización del Tratado de Organización Amazónica, clave para impulsar el desarrollo sostenible, y el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales. Sin embargo, fue muy preocupante la falta de una meta concreta para acabar con la deforestación en la región. Brasil y Colombia se comprometieron a detenerla hasta 2030, pero ese objetivo no fue secundado por el resto de países.

Plantación de árboles madre en la Amazonía. Foto: WWF-Brasil.

40 años cuidando el mayor pulmón verde del planeta

En WWF llevamos más de cuatro décadas trabajando en la Amazonía, sobre el terreno y desde las oficinas de cada país y desde la Unidad de Coordinación Amazónica (que agrupa a Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guayanas y Perú), porque la naturaleza no entiende de fronteras y la región debe ser comprendida y gestionada como un todo.

Creamos reservas y trabajamos en la ampliación y mejora de la red de áreas protegidas. Promovemos el aprovechamiento forestal sostenible del bosque y el desarrollo de nuevas tecnologías para la protección forestal y el seguimiento de especies clave, como el jaguar. Todo ello, de la mano de las comunidades locales y respetando los derechos de los pueblos indígenas.

Hemos provocado un cambio tan importante que conservar ya no es suficiente para detener la rápida degradación y debemos restaurar la naturaleza y devolver la vida a los ecosistemas más esenciales, como los bosques de la Amazonía.

Árboles madre y restaurar el pulmón para sobrevivir

Para hacerlo realidad, en WWF participamos en la Iniciativa 20×20 para recuperar los bosques en América Latina y el Caribe. Junto a 40 socios de conservación y los gobiernos de 17 países, vamos a restaurar 30 millones de hectáreas en la región para 2030 y mucho de ese esfuerzo irá dirigido a devolverle la esperanza a la Amazonía.

En esa dirección se encuentra nuestro trabajo para restaurar el bosque atlántico con “árboles madre”. Las madres son fuertes, resistentes y posibilitan que otros crezcan y prosperen, y esto es válido para tanto para las personas, como los animales y los bosques. Cada bosque cuenta con “árboles madre” que permiten que los bosques se establezcan, adapten a las adversidades y desarrollen a largo plazo.

En el bosque atlántico brasileño, el palmito o palmera dulce desempeña ese papel: son árboles resistentes a plagas y enfermedades, crecen más rápido y alto que otros, y brindan protección frente al calor o la lluvia. Producen semillas genéticamente robustas con más probabilidad de sobrevivir y que son una fuente de alimento clave para muchas especies amenazadas. Pero, tras siglos de deforestación y sobreexplotación de palmitos, sólo queda un 12% del bosque atlántico original brasileño y las palmeras madre de palmito son cada vez más escasas.

Desde 2019, en WWF Brasil han creado un banco de datos de árboles madre, recolectado semillas y plantado más de 390.735 plántulas de 220 especies, incluyendo palmitos, que son la nueva generación de restauración forestal y la esperanza de uno los bosques más amenazados del planeta.

Por una Amazonía Viva…

Queda mucho por hacer y debemos actuar ya. Como resumen de nuestras demandas prioritarias y urgentes, pedimos el cese de la deforestación y de la minería ilegal de oro hasta 2030, acompañados de esfuerzos globales para que el aumento de la temperatura media del planeta no supere los 1,5 ºC. Además, en nuestro último gran informe Amazonía Viva (Living Amazon Report 2016), hacemos un llamamiento urgente para lograr la protección del 80% de la región. 

Los bosques de la Amazonía son esenciales para el mantenimiento del equilibrio ecológico del planeta. La región está en crisis, nos necesita más que nunca y nuestro futuro y el de muchísimas especies depende de la calidad de su supervivencia. Por una Amazonía Viva… ¡Súmate a nuestra lucha!

  COMPROMETIDA CON EL MEDIO AMBIENTE, HACE SOSTENIBLE ‘EL ASOMBRARIO’.

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