Bosques urbanos para ciudades más sanas, felices y limpias

Bosques urbanos para ciudades más sanas, felices y limpias

El lago de la Casa de Campo, Madrid.

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Más sanas. Más verdes. Más felices. Más limpias. Más frescas. Más silvestres. Más ricas. Más seguras. Así son las ciudades que cuentan con bosques urbanos bien gestionados en calidad y cantidad. Lo dice el ‘Llamamiento a la acción’ que cientos de expertos lanzaron tras el I Foro Mundial sobre Bosques Urbanos organizado por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en 2018 en Mantua (Italia). Ahora, en 2020, la propia FAO ha vuelto a insistir en esta línea en su anuario ‘El estado de los bosques del mundo’, y hasta el Foro Económico Mundial de Davos lo respalda. Sin ser un referente en la materia, en España aún contamos con varios ejemplos de bosques urbanos para ser MÁS.

“Desplegar infraestructura verde y hacer espacio para la naturaleza dentro de los paisajes urbanos para mejorar la salud y la calidad de vida de los ciudadanos y reducir la huella ambiental de las ciudades y la infraestructura”. Lo publicaba hace unos meses el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en su quinto informe Perspectiva mundial sobre la diversidad biológica, que denuncia el incumplimiento generalizado de las Metas de Aichi para este año 2020 como mandato del Convenio de Biodiversidad. En el informe se pide frenar y detener el declive acelerado de la biodiversidad a través de ocho transiciones, entre las que figura la “transición de las ciudades y las infraestructuras”.

Otro organismo de la ONU, la FAO, publicaba en mayo la edición anual de El estado de los bosques del mundo y recordaba que “la crisis de la covid19 ha puesto de relieve la importancia de conservar y utilizar de manera sostenible los recursos naturales, reconociendo que la salud de las personas está vinculada a la salud de los ecosistemas”. Por ello, concluye que “el objetivo de lograr resultados óptimos en materia de salud para las comunidades de seres humanos debería tenerse en cuenta en la gestión y planificación de los bosques, no solo para zonas rurales, sino también para zonas periurbanas y urbanas”.

Hace poco, Adrián Escudero, catedrático de Ecología de la Universidad Rey Juan Carlos I, y Fernando Valladares, profesor de Investigación en el Departamento de Biogeografía y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), titulaban un artículo en The Conversation de manera elocuente: Bosques urbanos, imprescindibles contra el cambio climático. En él mencionaban que hasta el Foro de Davos propone “plantar pequeños bosques urbanos para impulsar la diversidad y luchar contra el cambio climático”. También resaltan el proyecto de la Gran Muralla Verde impulsado por la FAO entre el Sahel y Asia Central para frenar el avance del desierto y contrarrestar el cambio climático. “La iniciativa implicará la creación de zonas verdes urbanas en territorios conquistados por el asfalto y el hormigón en las principales ciudades de África y Asia”, aseguran. 

Árboles más allá del adorno y el agobio del tráfico

La realidad es que, en general, la pérdida de biodiversidad que constata el informe del PNUMA tiene que ver también con las ciudades. Desde hace años hay innumerables ejemplos, herramientas, estudios, proyectos e investigaciones para guiar las manos y las cabezas de las personas que están al frente de la gestión de la biodiversidad urbana y más en concreto del arbolado. El trabajo de la FAO cita dos: el Índice de Singapur por biodiversidad en las ciudades  y el proyecto Tree Cities of the World. En los dos se ofrecen ejemplos y herramientas para conseguir que los bosques urbanos sean algo más que árboles ahogados entre el tráfico y aceras estrechas o ejemplares de adorno entre praderas de césped domesticado con herbicidas y cortacéspedes.

En España, la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) dispone de un manual reciente que debería estar en primera línea en la mesa de esas personas que gestionan el arbolado en las ciudades: 100 medidas para la conservación de la biodiversidad en entornos urbanos. En él se incide que “es importante aumentar el número de árboles en las calles, pero también ampliar el catálogo de especies que se plantan y, sobre todo, estudiar y planificar la ubicación y la selección de estas. La diversificación del arbolado es una medida necesaria para reducir el riesgo de propagación de plagas y enfermedades y para minimizar las pérdidas de arbolado urbano como resultado de las plagas u otros factores ambientales, como el cambio climático”.

Esto último resulta esencial para urbes como Madrid. Autoproclamada en numerosas ocasiones como una de las ciudades del mundo con mayor número de árboles en total y per cápita, pero donde son miles los que caen cada año debido a su mal estado de conservación. Ecologistas en Acción lo denunciaba en 2018 cuando se cayeron varios árboles y se procedió a talar los que se consideraban enfermos: “Se ha primado la cantidad sobre la calidad del arbolado; la planificación ha sido deficiente y no se han tenido en cuenta las especies y su proyección de envergadura futura; tampoco se han respetado los marcos de plantación, es decir, la distancia entre los árboles; y no ha existido un plan director de arbolado para la ciudad”.

Las dos últimas corporaciones municipales (Ahora Madrid y Partido Popular/Ciudadanos) han reconocido tanto el valor de este arbolado urbano como su deficiente gestión y mantenimiento, y la segunda ha emprendido el proyecto Bosque Metropolitano, con el que quiere crear un cinturón verde de 600 hectáreas alrededor del meollo urbano, similar al Anillo Verde con el que ya cuenta una de las ciudades modélicas en este aspecto: Vitoria/Gasteiz. Pero mientras, los vecinos critican al Consistorio madrileño por actuaciones como la tala de árboles en plena ciudad, como el desastre de este verano en la plaza del Niño Jesús.

Parque de La Rambleta en Valencia. Foto: Joan Banjo.

Invertir en bosques urbanos es invertir en calidad de vida

El manifiesto emanado del I Foro Mundial sobre Bosques Urbanos recuerda: “Las inversiones en silvicultura urbana pueden contribuir en gran medida a la calidad de vida”, y ahonda en ello: “Las áreas verdes y los bosques urbanos, si están bien diseñados y manejados, contribuyen sustancialmente a una vida saludable y al bienestar a través de la prevención de enfermedades, la terapia y la recuperación”. Lo mejor de este documento es que aporta ejemplos a tener muy en cuenta desde Atlanta (Estados Unidos), Helsinki (Finlandia), Vancouver (Canadá) o Bangui (República Centroafricana).

Más ejemplos aparecen en Treepedia, que recoge las ciudades con un mayor porcentaje de superficie cubierta por el dosel arbóreo, lo que no quiere decir que tengan más árboles ni que esas zonas verdes sean modélicas. En este caso ocupan los primeros lugares Tampa (Estados Unidos), Breda (Países Bajos) y Singapur. No obstante, desde Treepedia aseguran: “El aumento de la superficie que abarca la copa de los árboles en una ciudad contribuye a reducir las temperaturas urbanas al bloquear la radiación de onda corta y aumentar la evaporación del agua. Al crear microclimas más habitables, los árboles también mitigan la contaminación del aire causada por las actividades urbanas cotidianas”.

En España, además del camino marcado por Vitoria/Gasteiz y su Anillo Verde (y actuaciones en la avenida Gasteiz, con la vuelta a la luz de un arroyo y su vegetación, antes sepultado), en el manual publicado por SEO/BirdLife se subrayan buenas prácticas como las llevadas a cabo en los parques de La Marjal (Alicante), Las Llamas (Santander), La Rambleta y Malilla (Valencia) y otras por venir, como el bosque urbano de Málaga, impulsado por asociaciones vecinales, pero amenazado por proyectos urbanísticos.

A la par que se impulsa y demanda una mayor y mejor presencia forestal en las ciudades, se debe disfrutar de la que ya existe, recordando que la permanencia de setos, arbustos, praderas sin siega intensiva ni herbicidas, con madera muerta y hojarasca enriquecen su biodiversidad. Así, ponemos rumbo al parque de la Devesa de Girona y el bosque de galería del río Ter, a la Casa de Campo madrileña, al Parque Natural de Collserola y la Montaña de Montjuic en Barcelona, al parque del Castillo de Soria y su prolongación hacia los sotos del Duero, al parque José Antonio Labordeta de Zaragoza…

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Comentarios

  • Isidoro

    Por Isidoro, el 28 noviembre 2020

    Hoy te he encontrado por estos lugares y hoy Comienzo a leerte, gracias por compartir el sentir por el medio natural.

    • Javier Rico

      Por Javier Rico, el 02 diciembre 2020

      Gracias a ti Isidoro. Me alegro que te gusten este tipo de artículos. Seguiremos en esta línea.

  • Luis Calzada

    Por Luis Calzada, el 29 noviembre 2020

    En el distrito de Barajas en Madrid , cerca de la T4 , el recinto ferial y la ciudad deportiva Del Real Madrid , unos cuantos vecin@s llevamos 10 años plantando árboles para poder conseguir tener lo que llamamos Bosque Urbano de Barajas.
    Hemos plantado unos 1400 árboles en un parque forestal del Ayto. De Madrid , los cuidamos todo el año.

    • Javier Rico

      Por Javier Rico, el 02 diciembre 2020

      Hola Luis. Conozco vuestra iniciativa personalmente, totalmente vecinal y muy loable. Le estoy dando vueltas a un artículo en el que refleje vuestro trabajo y el de otros colectivos que llevan a cabo iniciativas similares en otros lugares al menos de Madrid. Enhorabuena y gracias por ese Bosque Urbano de Barajas que os estáis currando.

  • Luis Calzada

    Por Luis Calzada, el 29 diciembre 2020

    Un grupo de vecino estamos creando un Bosque Urbano en Barajas Madrid

  • Concepción Mingorance Martín

    Por Concepción Mingorance Martín, el 11 enero 2021

    Gracias ????

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