¿Cuántos aparatos eléctricos y electrónicos tienes en casa? ¿Cien?

¿Cuántos aparatos eléctricos y electrónicos tienes en casa? ¿Cien?

Ilustración: Pixabay.

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Lo peor de todos esos aparatos domésticos que tienes en casa es que algunos, móviles incluidos, ya no funcionan y están guardados u olvidados en un cajón sin hacer ningún servicio, incluido el de llevarlo para su reparación, reutilización o reciclado. Cuando, de cara a este artículo, me puse a contar cuántos teníamos en nuestra casa, donde vivimos una familia de cuatro personas, sumé 46 aparatos en uso. Tras conocer la lista de más participantes en la encuesta, me di cuenta de que no había metido el disco duro, el ‘router’, los mandos a distancia, las lámparas LED o los cargadores. Al final no daba crédito: yo, comprometido con el medioambiente y anticonsumista, tenía 76 aparatos. Eso sí, nada comparado con los de la familia tecnófila de la encuesta: 281.

Llegas a casa de José Manuel Romero y Rosa Fernández, en la ciudad de Madrid, y nada más entrar te encuentras un dinosaurio articulado a pilas, un cuadro en la pared que se ilumina, cinco mandos a distancia repartidos entre la mesa del salón y las repisas de los muebles y en la cocina hay en ese momento dos freidoras en uso, una utiliza aceite y la otra no. Y si entras al baño, además de cuatro cepillos eléctricos, puedes activar un juego de luces si tienes bluetooth para convertir esta estancia en una mini-discoteca mientras escuchas música en el móvil. Es una familia formada por cuatro personas a cual más tecnófila, sea por necesidad, por trabajo, por aficiones (coleccionismo incluido), por los estudios o por el deporte.

En casa de José Manuel y Rosa son todos muy deportistas, de ahí que en poco tiempo sumes una cinta para correr, una bicicleta estática, tres cuentakilómetros para las bicicletas, cuatro pulsómetros, un podómetro y dos aparatos de electromusculación, entre otros. Sin esperarlo, uno de los hijos saca una caja diciendo: “¿Habéis contado esto?”. Nada menos que diez cargadores más a añadir a los doce que llevábamos hasta el momento y cuyo destino será el punto limpio tras este descubrimiento. El paseo por esta casa no deja de sorprender: tres huchas electrónicas, varios aparatos para masaje e hidromasaje, veinte relojes (“la mayoría es por colección”, dice Rosa) y once móviles (“los que desechan nuestros hijos los utilizo para juegos on line y diferentes aplicaciones que saturarían el mío”, afirma José Manuel).

El itinerario por esta casa me ha servido a mí y al resto de las personas que he elegido para esta mini-encuesta para caer en la cuenta de que utilizamos y guardamos en nuestras casas un considerable arsenal eléctrico-electrónico. Simplemente echando un vistazo al real decreto que regula la gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) nos damos cuenta de todo lo que se considera como tal, entre lo que hay no solo frigoríficos, móviles, lavadoras o tabletas, sino también radiadores, ventiladores, cuchillos eléctricos, relojes, calculadoras, lámparas LED, paneles solares, cámaras de foto, instrumentos musicales, herramientas, juguetes, termómetros, tensiómetros…

Ya contamos por aquí que hasta las tarjetas de crédito son consideradas RAEE, aunque para este artículo no las tenemos en cuenta. Pero sí los mandos a distancia, los cargadores de móviles, los flexos o la báscula para pesarnos. Con leer la etiqueta o información impresa directamente en los aparatos salimos de dudas: cualquiera que tenga un cubo de basura tachado nos alerta de que estamos ante un aparato que, tras el final de su vida útil, hay que llevarlo a un punto limpio, a una tienda donde compremos uno igual o que nos lo recoja la misma empresa que nos trae a casa el nuevo tras comprarlo por internet.

“No sabía que teníamos 132 aparatos”

“Hasta que no me lo has pedido y nos hemos puesto a buscar y contar todo lo que hay en casa, no me había hecho a la idea de que teníamos más de 130 aparatos”, comenta sorprendida Beatriz Guijo, que vive junto a su pareja, Roberto Hernández, y Héctor, el hijo de ambos, en una casa en medio de un prado en Peñacaballera, un pueblo de 140 habitantes de Salamanca. Al ser una casa aislada se añade una caldera de pélets, placas solares con su consiguiente kit de baterías, inversor y repartidor de conexión y la depuradora de la piscina. Y al tener un peque de seis años hay que contar también hasta once juguetes con baterías, además de unas zapatillas deportivas con luces. Bea contabiliza también todo lo que tenemos “guardado por guardar”, incluidos ocho móviles que, asegura, “gracias a este repaso vamos a llevarlos a reciclar”.

Total: 281 en casa de José Manuel y familia; 132 en la de Bea y familia, y llegamos a la nuestra, también con cuatro personas. Está elegida como ejemplo de hogar verde, pero la cifra llega a los 76 aparatos eléctricos y electrónicos. Aquí es cierto que mi afición a la reproducción y escucha de música suma 18 aparatos, incluidos cuatro tocadiscos y dos pletinas de casete, lo que demuestra que muchas de las aficiones, incluidas las deportivas y musicales, conllevan también una carga de estos aparatos. Como advertía al principio, en nuestra búsqueda hogareña salieron algunos descubiertos gracias a leer el resto de listas: dos frontales, dos flexos, una diana con flechas, el router y los mandos a distancia. Y sí, entre ellos hay varios sin usar o estropeados que irán camino de la reutilización o el reciclaje.

“Yo nunca he sido mucho de máquinas”

En la ciudad de Badajoz buscamos a una pareja cuyos hijos ya se han independizado; está formada por Clara Sanz, profesora de Universidad, y Eduardo Miguel, abogado. Lo mismo, Clara se sorprende igualmente de lo que encuentra, máxime cuando tiene que retocar la lista de sus primeros 42 aparatos al advertirle que echo en falta algunos. Al final se quedan en 51, incluidos un iPad y un móvil que no funcionan. Como vemos, siempre encontramos aparatos inutilizados o estropeados que deberían tener un mejor destino, aunque Clara advierte que en su caso sí han hecho una buena limpia: “Una de las ventajas de quienes estamos desplazados es que hemos hecho mudanza, y con ella mucha limpieza de aparatos que teníamos y ya no utilizamos”.

Bajando en el número de estos aparatos que encontramos por casa, subimos por la península ibérica hasta Cantabria, a Torrelavega. “Yo nunca he sido mucho de máquinas: me gustan el exprimidor de plástico, la minipimer porque ya nací con ella y, como mucho, usar el mando de la tele”. Así lo cuenta Aída Herreros en una de las entradas a su blog, en el que habla a menudo de sus problemas con las máquinas. Periodista, escritora y educadora también en el ámbito de la escritura, me dice: “Rico, he tenido que rebuscar por todos los sitios: debajo de la cama, en un arcón, bajo las faldas de la mesa camilla…”. Y ha dado con 44 “cachivaches” eléctrico-electrónicos, aunque un tercio de ellos están vinculados a la iluminación y sus siete lámparas de techo, cinco de mesa y dos flexos. En este caso, solo las lámparas, siempre que no sean bombillas de filamentos, se consideran RAEE al final de su uso, y no los cables ni el soporte.

Menos aparatos gracias a las “tejas sándwich”

Acabamos este periplo en un bello entorno sobre el que se levanta Azabal, una aldea de Las Hurdes cacereñas rodeada por el río Los Ángeles y que pertenece al pueblo de Casar de Palomero. Allí me cito con Justo Puertas, de 80 años, que está podando cerezos, y poco después se aparta para hacer una pequeña recolección de cítricos que se convierten en los mejores limones, pomelos y mandarinas que he comido en este invierno. Este deambular constante al aire libre dice mucho de lo que luego nos encontraremos en casa, ya que la lista de aparatos que reúnen Justo y su mujer, Sacramento Domínguez, es, con diferencia, la menos numerosa de las recogidas por mí: 25. Y gracias a Justo y Sacramento descubro qué es eso de las “tejas sándwich” que hacen que, por ejemplo, no tengan ningún aparato de aire acondicionado.

Habla Justo: “Mira, si salimos ahora por el pueblo verás que hay muchas casas con esos aparatos, pero en la nuestra no lo necesitamos porque tenemos por ejemplo tejas sándwich (son placas formadas por varias capas y láminas de espuma y acero que otorgan un gran aislamiento), que además hacen que pasemos el invierno solo con la chimenea francesa de leña que he arreglado con unas chapas por debajo para que tire bien y no pierda calor”. Un ejemplo palpable de cómo aplicar el concepto de la R de reducir al consumo de estos aparatos. Por cierto, Justo y Sacramento también tienen un electrodoméstico que no usan. “Sí, es una televisión en blanco y negro, pero la compramos al poco tiempo de casarnos y le tenemos mucho cariño”, afirma Justo.

Si sumamos todos los aparatos eléctricos y electrónicos de las seis familias aquí incluidas alcanzan los 609. Esto quiero decir que, haciendo una grosera media y posterior extrapolación al resto de hogares, tenemos unos cien aparatos en cada casa. Si multiplicamos esta cantidad por los 18.754.800 hogares que hay en España, según la última encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística, salen casi 2.000 millones de aparatos. Eso sin contar los presentes en comercios, fábricas, hospitales, centros educativos u oficinas. No obstante, la cifra que más nos tiene que preocupar es la de los 75 millones de ellos que mantenemos en casa (una media de cuatro por hogar), que no funcionan, que están estropeados y que se podrían aprovechar mejor si entraran en los canales correctos de reparación, reutilización o reciclado.

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