Cumbre del Clima de Glasgow: los gobiernos no progresan adecuadamente

Cumbre del Clima de Glasgow: los gobiernos no progresan adecuadamente

En la COP26 se generó gran número de documentos, pero el principal es el llamado ‘Pacto climático de Glasgow’. Foto: WWF-España.

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Por MAR ASUNCIÓN, responsable de clima y energía de WWF España

Tras dos semanas de incesante actividad en Glasgow, el documento final de la Cumbre del Clima de Naciones Unidas (COP26) no ha reflejado el clamor de la calle para abordar los profundos cambios que se necesitan para prevenir los peores impactos del cambio climático, y dar respuesta al llamamiento social para que se actúe de forma urgente y solidaria con los países más vulnerables y las generaciones futuras. Ha llegado el momento de la reflexión. Analizamos de manera sencilla, clara y directa las caras positivas y negativas de lo debatido y pactado en Glasgow.

Desde 1995 en que fue la primera Cumbre del Clima de Naciones Unidas, y tras 26 reuniones en que el mundo está pendiente de si los gobiernos serán capaces de dar la respuesta adecuada al enorme desafío que representa el cambio climático, salimos decepcionados, y en nuestros oídos resuenan las voces de los jóvenes que reclaman más acción y menos bla, bla, bla. Ante la pregunta de muchas personas sobre la utilidad de estas cumbres, nuestra reflexión desde WWF es que, mientras no haya nada mejor, se deben seguir realizando, ya que es el momento en que los gobiernos deben rendir cuentas ante la sociedad de sus avances –o falta de ellos– para proteger a los ciudadanos de los desafíos a los que nos enfrentamos. Por desgracia, siguiendo la nomenclatura de las calificaciones escolares, los gobiernos suspenden ante el desafío climático, es decir, no progresan adecuadamente, sino que necesitan mejorar.

En la COP26 se produjeron un gran número de documentos, pero el principal es el llamado Pacto climático de Glasgow, que es donde se plasman las principales conclusiones de los distintos bloques temáticos que se debaten, siendo los principales la mitigación, es decir, la reducción de emisiones, seguidos de la adaptación y la financiación. Pero, además, en esta COP tenían la tarea de terminar el libro de reglas del Acuerdo de París que llevaba varios años encallado al no ponerse de acuerdo sobre las reglas para que el comercio de emisiones no socavase los fundamentos para los que fue creado, que era aumentar la ambición, con una doble contabilidad o con un exceso de créditos.

Los primeros días hubo un aluvión de anuncios voluntarios y coaliciones que sirvieron para crear esperanza, entre los que destacan el anuncio de 103 países de reducir el 30% del metano para 2030, o la alianza de 133 países para frenar la deforestación para 2030, incluyendo Brasil, Rusia o indonesia. También 140 países, que representan el 90% de la economía mundial, serán neutros en carbono para mediados de siglo, es decir, que no emitirán más CO2 del que sean capaces de absorber por los ecosistemas o por sistemas de captura. El acuerdo entre China y EE UU para cooperar en la lucha contra el cambio climático, o alianzas privadas como la del sector financiero Glasgow Financial Alliance for Net Zero, donde 450 entidades financieras que representan 130 billones de dólares se comprometen a 0 emisiones netas de carbono para 2050, a la que le siguieron bastante más declaraciones y alianzas.

La parte negativa: incoherencia entre anuncios y acciones

Uno de los temas de los que se ha hablado mucho en esta cumbre es la falta de coherencia entre anuncios o compromisos a largo plazo y las acciones que se están realizando en la actualidad o los planes de reducción de emisiones en esta década. Es cierto que es necesario tener una visión a largo plazo, pero tiene que ir acompañada de objetivos y acciones en esta década. La ciencia es clara respecto a que los costes ecológicos, económicos y sociales serán mayores cuanto más tardemos en abordar las medidas de acción climática. Además, está en juego la credibilidad de estos compromisos a largo plazo si no van seguidos de acciones a corto plazo. Es como si alguien se comprometiese a reducir drásticamente su sobrepeso dentro de 30 años, pero sigue comiendo pasteles en la actualidad.

Los anuncios y alianzas del inicio podían considerarse un buen cimiento sobre el que asentar en el Pacto del Clima de Glasgow los compromisos a los que de forma colectiva se adherían los países, estableciendo detalles sobre el cuánto, el cómo y el cuándo los iban a realizar, y la forma de evaluación para asegurar que efectivamente estamos en la línea de no superar el 1,5 ºC de temperatura global respecto a las temperaturas preindustriales. Sin embargo, Pacto climático de Glasgow quedó muy corto en concreción e incluso, por la presión de grupos interesados como el de los combustibles fósiles, y de algunos países, se fue descafeinando en los sucesivos borradores y en el plenario final.

De cualquier manera, hubo algunos avances respecto a acuerdos anteriores que también queremos señalar, para hacer presión sobre ellos a nivel nacional y concretar acciones para esta década y el año entrante.

La parte positiva: compromisos y mención al carbón

Como punto positivo destacamos que el acuerdo actualiza el objetivo del Acuerdo de París, destacando la necesidad de proseguir esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 ºC, ya que cada décima de grado más supone importantes impactos. También hace un llamamiento a establecer compromisos net 0 a mitad de siglo y objetivos más ambiciosos para 2030, que deberían contemplar reducciones globales de emisiones del 45% para 2030 respecto a 2010 para poder cumplir el límite de aumento de temperatura de 1,5ºC. Además, reconoce que los planes presentados por los países en vez de reducir emisiones para 2030 las aumentarían en 13,7%, por lo que hace un llamamiento a que los países presenten planes más ambiciosos el próximo año, y que haya una evaluación anual de los mismos para identificar si se va cerrando la brecha entre las reducciones necesarias y las planteadas.

Por primera vez el acuerdo emanado de la COP recoge una mención al carbón y a los subsidios a los combustibles fósiles, aunque la presión de los lobbies de los combustibles fósiles –presentes en la COP– y la intransigencia de algunos países, como la India, consiguieron descafeinar dichas menciones, quedando finalmente como “acelerar la reducción gradual de la energía con carbón que no contemple captura de CO2, y añadiendo el calificativo de “ineficientes” a los subsidios a los combustibles fósiles a eliminar, dejando a criterio de los países lo que se consideran subsidios eficientes. Desde WWF subrayamos que todos los subsidios a los combustibles fósiles deberían ser considerados ineficientes, ya que recordemos que el carbón, el petróleo y el gas natural son los principales emisores de CO2 que causa el cambio climático. De cualquier manera, es un mensaje a los inversores sobre el riesgo que tienen de perder valor sus activos si siguen invirtiendo en combustibles fósiles.

Finanzas incumplidas con los países en desarrollo

Las finanzas son un tema clave, ya que los países en desarrollo necesitan confiar en que van a poder contar con los recursos necesarios para desarrollarse sin contribuir al cambio climático, y para adaptarse a sus impactos. El texto reconoce que no se ha cumplido la promesa de transferir 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 y hace un llamamiento a que se alcance cuanto antes, y también urge a los países a que dupliquen su contribución para el fondo de adaptación.

A lo largo de todos los días hemos escuchado a los países vulnerables la necesidad de que se les compensen por las pérdidas y daños que están sufriendo sus países, como consecuencia de las emisiones históricas emitidas por los países industrializados y la insuficiente acción climática de los países más emisores, y que se cree un fondo específico para pérdidas y daños. El texto no recoge la creación de este fondo, sino solo asistencia técnica y ampliar apoyo, incluyendo financiación, transferencia de tecnología y creación de capacidades, para evitar, minimizar y abordar las pérdidas y los daños. Este tema volverá a salir en la COP27 de Egipto, y esperemos que entonces se pueda avanzar en su creación, ya que la justicia climática es imprescindible para avanzar en las negociaciones climáticas multilaterales.

Soluciones basadas en la naturaleza, aplazadas a Egipto

Es importante destacar que el texto final reconoce el papel fundamental de la naturaleza y los ecosistemas en el logro de la meta de 1,5 °C, anima a los gobiernos a incorporar la naturaleza en sus planes climáticos nacionales y establece un diálogo anual sobre los océanos para la mitigación basada en estos ecosistemas. La contribución que tiene la naturaleza para aumentar la resiliencia de los más vulnerables y cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible es vital, lo que debe hacerse especialmente junto a los pueblos indígenas y las comunidades locales. Sin embargo, la referencia a las Soluciones Basadas en la Naturaleza se eliminó del texto final en Glasgow y debe ser retomado en la COP27 en Sharm El Sheikh.

La magnitud de la transformación es tal que necesitamos cambiar la forma en que producimos y consumimos la energía, los alimentos, nos transportamos, y nos relacionamos con la naturaleza. Ahora es tiempo de actuar en nuestros países a todos los niveles y, para lograrlo, pedimos al Gobierno español que revise el objetivo de la ley de cambio climático para aumentar la ambición lo antes posible, y así lanzar de forma clara el mensaje a los sectores económicos de la magnitud del reto al que nos enfrentamos. Necesitamos, en fin, aumentar la velocidad en que recorremos el camino hacia la descarbonización.


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