Dido y Eneas, el preciosismo acuático de Blanca Li

‘Dido y Eneas’, el preciosismo acuático de Blanca Li

Una escena de ‘Dido y Eneas’ en versión de Blanca Li. Foto: Pablo Lorente.

Blanca Li ha estrenado su versión coreográfica de la ópera de Henry Purcell ‘Dido y Eneas’ en los Teatros del Canal de Madrid. Con dirección musical de William Christie y una escenografía basada en el agua, la luz y lo escultórico, Li logra una versión bella e intimista.

La coreógrafa y directora de escena Blanca Li y el músico y director musical William Christie estrenaron el martes su nueva producción de Dido y Eneas en los Teatros del Canal de Madrid. Se trata de una versión coreográfica de esta ópera, probablemente la más conocida de Henry Purcell, de la que ya se han realizado varias versiones dancísticas. La última que pudo verse en Madrid fue en la temporada 18/19 en el Teatro Real: un espectáculo que ya es un clásico ideado por la alemana Sasha Waltz.

Dido y Eneas es una ópera corta en su duración, apenas 50 minutos, pero grandísima en su ser. Ya lo dice William Christie, que ha participado en más de una decena de producciones de esta obra: “Es una obra de una belleza inigualable y que posee la facultad de detener el espacio y el tiempo. Es una partitura que en un corto espacio de tiempo logra aglutinar emociones muy intensas”. Director musical y directora de escena saben que, según los estándares que demanda el público (y los teatros) actuales, el metraje de Dido y Eneas se queda corto, así que en esta versión, y a modo de prólogo, se incluye la obra Celestial Music did the Gods inspire, también de Purcell, y escrita el mismo año que Dido y Eneas, 1689, por encargo de un colegio rival de la escuela de señoritas Josias Priest en Chelsea (Londres) en el que se estrenó la ópera. Una deliciosa oda a la música y su deleite que pareciera, desde luego, compuesta para que Christie la utilizara de esta manera.

Lo primero que sorprende en esta producción es la decisión de Christie de interpretar la partitura con una orquesta tan pequeña como la que probablemente utilizó el propio Purcell en su estreno. El coro, de tan solo ocho cantantes, también es reducido. Y es un acierto –incluso teniendo en cuenta que la acústica de la Sala Roja de los Teatros del Canal no es la mejor del mundo–, porque mima un montaje que se ha concebido como premeditadamente intimista. Concertino, segundo violín, viola, violonchelo, contrabajo, flauta, oboe, tiorba y el clave de Christie bastan para construir una versión fantástica de la partitura de Purcell. No en vano Les Arts Florissants, el coro y la orquesta fundados por Christie, poseen una de las tres mejores grabaciones (Harmonia Mundi, 1985) que se pueden escuchar de esta ópera junto a la de Nikolaus Harnoncourt de 1982 y la de Trevor Pinnock de 1989.

La dirección de escena de Blanca Li es intimista y preciosista. Le encarga la escenografía y el vestuario escultórico de los tres personajes solistas a la artista plástica Evi Keller, que utiliza un material que responde a la luz de diferentes formas, variando las sombras y los colores dependiendo de cómo incidan en él los rayos de luz. El movimiento de los cantantes solistas resulta muy comprometido, subidos a unas plataformas móviles (que han de ser movidas por los bailarines) y encorsetados en sus vestidos-escultura-reflectantes. El resultado, sin embargo, es sorprendente, puesto que los diferencia de la masa (bailarines y coro) que queda en el plano inferior y, además, esa situación elevada les permite relacionarse en un sorprendente plano intimista que refuerza el drama y la tragedia.

Un poco más ajetreado es, sin embargo, lo que ocurre en el plano terrenal. Blanca Li propone que el agua sea un elemento fundamental en su propuesta, tanto que el escenario está cubierto por una fina capa líquida sobre la que los bailarines ejecutan sus movimientos que, según la coreógrafa, son fundamentalmente el reflejo de los sentimientos de los personajes de la ópera.

Sasha Waltz, de la que hemos hablado anteriormente, también utilizaba el agua en su montaje de Dido y Eneas, aunque tan solo en el prólogo previo al primer acto, con unos llamativos tanques de agua transparentes e iluminados en los que evolucionaban los bailarines. Blanca Li, sin embargo, la hace protagonista durante todo el espectáculo, no en vano el mar y la lluvia están muy presentes en la ópera de Purcell: el héroe troyano llega a Cartago por mar en el primer acto; en el segundo, tras el aquelarre de las brujas en el bosque, cae una tormenta, y el tercero arranca en los muelles donde espera el barco en el que Eneas abandonará a Dido para marcharse a fundar Roma por petición divina.

Algunas de las evoluciones de los bailarines resbalando y deslizándose sobre la superficie mojada del escenario recordaban, sin duda, a momentos del arrollador espectáculo ‘Vollmond’ (Luna llena), de 2006, una de los últimas coreografías de Pina Bausch, que pudimos ver en el Real Coliseo Carlos III de El Escorial en 2008, y en el que los bailarines jugaban y resbalaban, en ocasiones violentamente, sobre un gigantesco charco formado por la lluvia que caía en escena mientras sonaba música de Cat Power y Tom Waits, entre otros. En la coreografía de Blanca Li destacaron los momentos más intimistas sobre los más festivos y, sobre todo, la escena del lamento de Dido al final de la ópera, cuando la maravillosa mezzosoprano Lea Desandre canta el lamento fúnebre When I am laid in earth. Es entonces cuando todo el espectáculo cobra un nuevo sentido y Blanca Li consigue una de las imágenes más bellas de la noche, con los bailarines formando una embarcación que se aleja a remo de la costa y se transforma en un amasijo de sentimientos encontrados que el mar engulle sin remedio.

En el apartado vocal, Lea Desandre estuvo impresionante en el papel de Dido, cantando con gran emotividad y con esa voz cristalina que enamoró a William Christie. El barítono Renato Dolcini supo separar muy bien sus dos papeles de Eneas y la Hechicera, pese al ya mencionado problema de movilidad. La modulación de su canto fue suficiente para dar credibilidad a sus dos personajes. La soprano Ana Vieira Leite posee un bonito timbre que utilizó tal vez con un exceso de sobriedad para interpretar el personaje de Belinda. Impecable y emocionante el coro de Les Arts Florissants, uno de los mejores ingredientes de la velada.

Puedes consultar aquí las funciones de ‘Dido y Eneas’ en Los Teatros del Canal de Madrid. 


Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

Comentarios

  • Maria

    Por Maria, el 19 enero 2023

    Una pena. Fantásticos los bailarines. Sobraban. No hacía falta falta ni el agua ni los bailarines. El señor Christie y Les Arts Florissants no necesitan todo ese montaje confuso. La señora Blanca, de apellido Li que supongo no es el suyo de nacimiento, mejor que se dedique a otras cosas, por ejemplo a ocuparse de verdad de la dirección de los teatros del Canal.

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.