‘DisCamino’: la manera más generosa de hacer el Camino de Santiago  

‘DisCamino’: la manera más generosa de hacer el Camino de Santiago  

DisCamino ayuda a personas con problemas a cumplir su sueño de hacer el Camino de Santiago. Foto: Discamino.

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El Camino de Santiago es recorrido cada año por cientos de miles de personas, no solo por su faceta religiosa, sino como camino de autoconocimiento, camino como retiro espiritual o incluso camino de aventura. Pero si hay un camino que se ha hecho y se hace desde otras formas de percepción es el realizado por DisCamino. Desde la generosidad, la solidaridad, el voluntariado, la visión altruista de la sociedad –alejándose de la mercantilización de todo– y la vinculación emocional con el otro.

La pandemia ha demostrado la capacidad humana para la rápida adaptación a la incertidumbre y ha puesto a prueba también nuestra capacidad de resiliencia. De los aplausos en los balcones hemos pasado a la irritabilidad, al dedo acusador, bien sea en el balcón o tras un perfil de redes. La crispación social aumenta al mismo ritmo que nos erigimos en conocedores expertos y nos permitimos opinar sin un atisbo de humildad sobre cualquier tema, lo dominemos o no. Por eso, cuando una se tropieza con una historia amable, no puede hacer otra cosa que ensalzarla con la esperanza de que el efecto contagio del buen hacer, del dar sin más se propague como onda. La amabilidad, los cuidados –de las personas o del planeta–, el buen trato son valores que no cotizan en Bolsa y que, a veces, resultan difíciles de encontrar. Por ello, arrancar este nuevo año con una historia cargada de amabilidad es un canto a la esperanza. Un 2022 que también, como consecuencia de la pandemia, la Santa Sede ha decidido que se prorrogue como Año Santo .

La historia de DisCamino comenzó en agosto de 2009, cuando Gerardo, un muchacho sordo-ciego de Vigo, hizo su primer Camino de Santiago pedaleando sobre un Copilot, un triciclo tándem de origen holandés que alguien decidió donar para que pudiera cumplir su sueño. A la plaza del Obradoiro llegaron consiguiendo algo más que una meta, un reto, una satisfacción personal, un tiempo compartido.

En 2012, el documental El desorden de los sentidos nos embarca en un viaje de conocimiento que atraviesa nuestros cinco sentidos para mostrarnos la realidad del mundo de Antonio, de 13 años, y Gerardo, de 34, el primero con parálisis cerebral, el segundo sordociego, dos jóvenes discapacitados que se enfrentan a la ruta francesa del Camino de Santiago en bicicleta y recorren 800 kilómetros demostrando que el Camino no acaba en Compostela.

Pero más allá de esta maravillosa historia, están las personas que la hacen posible, personas que entregan su tiempo a otras, que se implican en una causa sin valor transaccional de por medio, algo que no es nada habitual en una sociedad contemporánea que presume de innovadora, pero que ha caído en la mercantilización de todo; es por ello que el voluntariado cobra, si cabe, más valor que nunca.

DisCamino se compone ahora de un grupo de personas con discapacidad que, gracias a voluntarios que pedalean, a familias y amigos, recorren aventuras a través de la naturaleza y pueblos que discurren por el Camino de Santiago. Pero también encuentran tiempo para realizar visitas a centros educativos con algunos de sus miembros. Es así como yo conocí este maravilloso proyecto, en una visita al centro educativo en el que trabajo.

En las visitas escolares podemos escuchar cómo las diferentes personas que integran el proyecto nos hablan del mismo, de la discapacidad, de la vida desde otros puntos de vista. Los integrantes de DisCamino hablan, cuentan y, bien sea mediante su voz o ayudándose de un medio de comunicación alternativo, interactúan con el alumnado que atiende y empatiza con la situación y acaban siendo grandes admiradores del proyecto. Más allá de los currículos educativos, están las experiencias, el desarrollo de los valores humanos, la empatía y la generosidad… Y ¿qué puede haber más generoso que dar tiempo?

DisCamino se compone ahora de un grupo de personas con discapacidad que, gracias a voluntarios que pedalean, recorren aventuras a través de la naturaleza y pueblos que discurren por el Camino de Santiago.

Javier Pitillas, pionero de la aventura DisCamino, nos relata el comienzo y la causa ante mi pregunta de cómo surge: “Fui entrenador de Gerardo en 1996 y 1997, contratado por la ONCE. Al acabar el contrato, éramos ya amigos o, mejor dicho, había sido atrapado por lo que sentía siendo sus ojos y sus oídos, y seguí en contacto con él, llenando su vida de deporte (lo que más le gusta en el mundo). En 2009 pudimos hacer realidad su sueño más importante y deseado, andar en bicicleta y hacer el Camino de Santiago. Al llegar a la plaza del Obradoiro, después de 12 días de Camino, nació DisCamino. Nació cuando Gerardo dijo que buscara más personas con problemas como él para hacer el Camino muchos años. Y nos pusimos manos a la obra. No hizo falta buscar a esas personas. Ellas nos buscaron a nosotros. En 2010 hicimos otro Camino. En 2011, otro. En 2012 fueron 2. En 2015 hicimos 15… Llevamos hechos más de 80 con más de 300 personas con diferentes discapacidades. Lo hago porque sí, porque me gusta el deporte, porque me llena acompañar y ayudar al que no puede, porque me da vida dar vida”.

Javier no ve a personas que ayuda, sino a personas con las que comparte deporte, aventuras, emociones, retos…, sus amigos, sus hermanos, sus compañeros… “y cuando ellos hacen realidad un sueño, su alegría y su felicidad son nuestra alegría y nuestra felicidad”. Reflexiona sobre qué le aporta, sobre el crecimiento personal y comenta que con el tiempo aprendemos a tratar la discapacidad con absoluta normalidad. “Saber mirar a los ojos, hablar a la cara a quien parece que no se entera, esforzarse por entender lo que te dicen… Eso requiere un aprendizaje que implica un gran crecimiento personal”.

Para Alba, maestra de infantil y pedaleadora, DisCamino le ofrece la oportunidad de entrenarse en la visión altruista de la sociedad. “¿Cómo dejar de levantarse un sábado temprano y no pedalear con ellos? Es difícil, la vinculación emocional que se establece se resume en lazos de apego que deberían ser indispensables en nuestra sociedad”.

Cuando hablamos de los valores, del tiempo, de la entrega gratuita, del dar, Javier lanza una invitación: “Invitaría a la gente a acercarse, aunque sólo fuera por curiosidad, a algún lugar en el que alguien necesitara unos ojos que vieran por él, unas manos que le sostuvieran, unas piernas que caminaran por él… y que ellos fueran esos ojos, esas piernas o esas manos. Después, justo cuando lo hubieran hecho, les pediría que se pusieran por un momento en la piel del otro y que imaginaran lo que es depender de alguien para todo: para levantarse, para caminar…, incluso para ir al baño; y justo entonces les diría que pensaran en lo que darían para que alguien les ayudara a hacer cada una de esas cosas en el momento en el que más lo necesitaran. ¿Qué sentirían? ¿Serían capaces de imaginarlo? Os aseguro que si lo hacen, muy probablemente su vida ya no volverá a ser la misma”.

Si la pandemia nos ha afectado a todos, DisCamino no ha sido una excepción. Los albergues se han tenido que adaptar a las restricciones, muchos han cerrado y no siempre ha sido fácil buscar alojamiento. A esto hay que sumarle inconvenientes ya existentes como que no siempre la orografía del terreno acompaña para poder transcurrir con bicicletas adaptadas. Como el propio Javier indica, no se puede asfaltar una vía romana, lo que les obliga muchas veces a tener que hacer el camino por carretera, pero esto no es un escollo sino que siguen adelante y con nuevos retos, como subir al Mulhacén o recorrer otras vías para seguir sumando caminos. Ahora cuentan con 125 copilotos con diferentes tipos de discapacidad que buscan seguir abriendo y haciendo camino.


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Comentarios

  • Javier Pitillas

    Por Javier Pitillas, el 19 enero 2022

    Muchas gracias por habernos elegido para tu artículo y por el bonito y amable modo de hablar de nosotros.

  • VICTOR ALVAREZ

    Por VICTOR ALVAREZ, el 06 febrero 2022

    Estimada MIRIAN.
    La labor altruista que realizáis no tiene precio. Mucho ánimo y muchas gracias.

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