¿Hacemos los hombres más ‘ghosting’ que las mujeres?

¿Hacemos los hombres más ‘ghosting’ que las mujeres?

Foto: Pixabay

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Esta palabra que habla de cómo ‘ignoramos’ al otro, o a la otra, de manera deliberada (comportándonos como fantasmas –ghosts– que desaparecen) parece nacer para designar esa mezcla fatal entre pérdida de interés, posición de poder y las opciones que brindan las aplicaciones digitales que lo facilitan. Hoy, en esta sección quincenal a dos voces, prestamos atención a esa manera pasiva de tratar mal a alguien en territorio amoroso, el ‘des-trato’. Estos son diálogos sobre encuentros, el eterno femenino resistente y las masculinidades errantes. A cargo de Analía Iglesias y Lionel S. Delgado, que abordan el amor o su imposibilidad en tiempos de turbocapitalismo.

Con esto de escribir de masculinidades y cosas así, resulta que, sin saberlo, me convertí en el consultor amoroso de varias amigas. Para muchas, el comportamiento masculino es a veces indescifrable. Jugar a ser el traductor, ese antropólogo que intenta dar sentido a los comportamientos de los hombres a los ojos de algunas amigas hetero o bi es divertido. Pero empecé a preocuparme cuando algunos escenarios se repetían. Muchas me contaron sobre episodios repetidos de comentarios bordes, desaparición después del encuentro sexual o la primera cita… Intentaré abordar ese tema en las siguientes líneas: ¿qué papel tenemos los hombres en el destrato?

Leí el concepto de destrato por primera vez en el libro de Ana Requena, Feminismos vibrantes. Ahí aprendí que des-tratos son comportamientos que no entran en lo que tradicionalmente se denomina mal-trato, pero sí que se encuentran ligados al des-precio, des-afecto, des-cuido, des-cariño o des-carte. Son comportamientos que resultan violentos por omisión y no por acción. Y son difíciles de identificar porque operan a cuentagotas y cuando notamos sus consecuencias, fácilmente pensamos que son “cosas nuestras”. Y en estas épocas de virtualización de la vida y el peligro del deseo, como decía Analía en su último artículo, hablar de estos temas es importante.

La cosa es que las historias que me llegan normalmente hablan de hombres que no somos claros, desaparecemos después de follar, desatendemos necesidades emocionales, no nos implicamos en los cuidados más allá de lo mínimo… Y, claro, no quiero caer en una especie de oda a que lo único deseable son las relaciones súper profundas, vinculaciones fuertes y duraderas. No siempre queremos vincularnos profundamente. No siempre tenemos tiempo, o ganas, o predisposición para hacerlo. Las relaciones superficiales o fugaces son una opción perfectamente legítima si las dos personas están de acuerdo. Pero es que incluso en este tipo de relaciones podemos tener un posicionamiento ético e intentar hacer bien las cosas.

Tampoco quiero caer en una señalización fácil que identifique a los hombres como malos malísimos. De hecho, hay pocas investigaciones que cuantifiquen por género la incidencia de comportamientos como el ghosting (desaparecer de manera repentina como forma de cortar una relación, dejando de contestar mensajes o directamente bloqueando al contacto), pero en la realizada por la empresa CreditLoan, las mujeres parecen más proclives a ghostear que los hombres. Para algunas autoras, esto podría tener una razón de género de fondo. Y es que entender las formas en las que el género interactúa con la vida emocional es fundamental.

Socializaciones emocionales

Estos comportamientos de destrato pueden leerse como ligados a las socializaciones de género diferenciales: los hombres nos hemos podido desligar del rol de cuidador (de leer y procurar que las necesidades de las demás personas estén cubiertas) sin pagar ningún precio, porque nos dedicamos al de protector (normalmente, otros hombres) y proveedor (de dinero y casa).

Esa idea nos permitió no tener que desarrollar habilidades sociales y emocionales de gestión de sentimientos. Aunque todo el mundo puede sentir todas las emociones, los relatos de género dan mayor peso a algunas (que encuentran más fácil salida o se ven más censuradas) sobre otras. Y la masculinidad ha alimentado que los hombres podamos sentir y demostrar abiertamente dignidad, rabia, adoración, júbilo y cosas así. Pero ha sido más difícil que integrásemos como una necesidad el desarrollo de la escucha, demostrásemos inseguridad o duda.

Esto favorece que, a la hora de enfocar vinculaciones, a los hombres nos resulte más complicado poder identificar emociones propias, poder comunicarlas de manera efectiva, leer emociones ajenas, comprender necesidades y comportarnos responsablemente.

No quiero decir que las mujeres se salven de esto y sean maravillosos seres de luz. No. Pero los contextos patriarcales están montados de tal forma que a los hombres nos es más sencillo realizar sin consecuencias acciones de destrato (porque tenemos más modelos en qué fijarnos, nos sentimos menos culpables cuando lo hacemos, y porque nadie nos va a insultar o amenazar si nos comportamos como unos capullos).

Creo, sin embargo (y, posiblemente, desde cierta ingenuidad social que elijo como postura), que este destrato masculino viene, salvo casos concretos de tipos manipuladores y misóginos, por des-conocimiento, des-preocupación y des-atino (otra vez, el des del destrato, pero esta vez a nivel de causas). Muchas veces no sabemos hacerlo mejor. La mayoría de veces no hemos aprendido (¡Ojo! ¡Porque no hemos querido! Que quede eso claro) a comunicar mejor, a escuchar mejor y a ser claros. Si un hombre quiere sólo una relación esporádica, resulta mucho más sencillo (porque el patriarcado legitima) jugar al amor y luego desapegarse o desaparecer que hablar claramente.

¿Hay voluntad de manipulación en esto? Quizás algunas veces, pero no todas. Para mí, estos años son de mucho aprendizaje comunicativo, mucha integración de la responsabilidad y pérdida del miedo a ser claro. Pero no siempre fue así. En algunos casos me he visto metido en dinámicas donde pierdo el interés en las primeras citas (porque la persona no corresponde a mi idealización previa, porque no compatibilizamos o porque no puedo sostener por tiempo o energía nada con ella). Y en esas experiencias tienes que tomar la decisión ética de, o comunicar claramente (con todo el miedo que supone hacer sentir a alguien mal, con el miedo que supone exponer algo que ni siquiera tienes claro) o desaparecer…

Esa decisión es curiosa: en la investigación sobre ghosting de Elisabeth Timmermans y otros, de la Universidad de Rotterdam, sobre las razones de ghostear, los resultados arrojan que el 67% de los entrevistados que afirman haber hecho ghosting culpan a la persona ghosteada (ignorada), el 44% se culpan a sí mismos, el 29% a la app y el 22% a no tener obligación de contestar (cabe aclarar que se podían dar varias respuestas simultáneas). Así, el ghosting parece una mezcla fatal entre pérdida de interés (razón emocional), posición de poder (razón material) y aplicaciones de comunicación que facilitan el destrato (razón contextual).

Amor romántico y ‘ghosting’

La socialización romántica tampoco ayuda. ¿Cuántas horas de nuestra vida la hemos dedicado a ver y absorber ideas sobre la conquista del tipo de Bigfish o 50 primeras citas, donde el hombre se esfuerza y demuestra su valor con muestras de cariño y lucha contra las adversidades? La idea romántica del amor cortés, donde el hombre juega con el vasallaje y la adoración para conseguir el amor de la dama sigue operando hoy en día. Y en las mujeres también influye: la idea de que mostrar interés demasiado rápido puede hablar mal de ella tiene la raíz en la idea de que la resistencia y la cotización al alta del amor son muestras de valor.

Este amor romántico, contra lo que se podría pensar, se encuentra además relacionado con comportamientos de destrato. En un estudio del Haverford College, Gili Freeman y demás compañeras constataron en su investigación sobre ghosting que aquellas personas con mayores creencias en el destino de la pareja y, por lo tanto, ideas ligadas al amor romántico como la media naranja, son más proclives a realizar ghosting. Esta tendencia a la desaparición podría basarse en la idea de que, al no encajar en la idealización del destino, tenemos más fácil desapegarnos y desaparecer por falta de interés. Género y amor romántico se mezclan para justificar comportamientos nefastos. Qué sorpresa.

Espacios para hablar

Hay varias investigaciones que no identifican diferencias muy fuertes entre géneros a la hora de hallar actitudes de destrato. Sin embargo, el tema de que hayan sido las mujeres las que visibilicen más los comportamientos del destrato es interesante. No solo porque eso demuestra que el feminismo ha logrado dar voz a una realidad emocional muy importante, sino porque el hecho de que los hombres hablemos tan poco de esto puede significar que sufrir episodios de ghosting u otros destratos aparecería como humillación masculina y fracaso de virilidad. Eso llevaría a no hablar y, por lo tanto, dejar el tema pendiente. Otra vez, la socialización de género afecta a la vida emocional, como decía más arriba.

Pareciera que los únicos espacios donde los hombres podemos hablar de estas experiencias de destrato (las que realizamos pero también las vivimos) están monopolizados por una perspectiva misógina y rencorosa: historias del ghosting padecido abundan en la machosfera, ese mundo virtual ligado a la subcultura incel. Es importante que los hombres hablemos de estas cosas, pero no desde el victimismo, sino desde la responsabilidad y la apertura emocional. Reconocer posiciones de poder, vulnerabilidad e inseguridades para des-andar, des-afiar y des-truir desigualdades, malestares y silencios.

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Comentarios

  • Maria

    Por Maria, el 20 febrero 2021

    Esto típico de comportamientos Narcisistas.
    Y el daño es terrible o se por experiencia propia. Algunas víctimas acaban suicidándose o sufriendo durante años.
    No se puede frivolizar ni quitarle importancia.
    Un saludo.

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