11 maravillosos abrazos para celebrar el Día Internacional del Abrazo

11 maravillosos abrazos para celebrar el Día Internacional del Abrazo

Un detalle del cuadro ‘El abrazo del amor del Universo’ de Frida Kahlo.

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Hay muchos días mundiales a lo largo del año, muchos, pero en estos tiempos pandémicos de distancia social, pérdida de sonrisas en público, de precaución extrema para besarse, abrazarse e incluso darse la mano –y vamos ya para dos años-, merece la pena detenerse en el que se celebra hoy: el Día Internacional del Abrazo. Desde ‘El Asombrario Recicla’ vamos a apostar por la cuarta R: Recuperar. Recuperar esa placentera sensación del abrazo que nos da confianza y energía. Y lo vamos a recuperar a través de 11 famosos abrazos/besos en la pintura. Desde Juan Genovés a Picasso, de Rodin a Frida Kahlo y Keith Haring.

‘El abrazo’ de Juan Genovés.

Juan Genovés. Todo un símbolo. Sin duda, en España es el abrazo artístico más conocido y con mayor significado, y con él queremos empezar este recorrido. El abrazo de este pintor fallecido recientemente, en mayo de 2020, ha pasado a la historia como símbolo de la reconciliación durante la Transición de nuestro país hacia la democracia. Tanto que este lienzo de 1976 se convirtió en póster habitual de las habitaciones de muchos jóvenes de los 70 y 80, y que incluso se tradujo en una escultura situada a principios de este siglo en la plaza de Antón Martín de Madrid, como homenaje a los abogados laboralistas asesinados en la calle Atocha en 1977.

‘El abrazo’ de Gustav Klimt.

Gustav Klimt. El árbol de la vida. Y este es seguramente el abrazo artístico más conocido a nivel mundial, más amoroso y menos social que el anterior. Muy en la línea del cuadro más famoso de Klimt, El Beso, forma parte de un friso de tres paneles en los que también están representados el árbol de la vida y una mujer. Puro simbolismo, en forma y fondo, del pintor austriaco especializado en estilizados desnudos femeninos.

Egon Schiele, ‘El abrazo’.

Egon Schiele. Morbo y pasión. Klimt influyó muchísimo en otro pintor austriaco, el adorado y morboso Egon Schiele, gran especialista en pieles y retorcidos desnudos. Nos dejó muchos amantes y su cuadro El abrazo es una hermosa aproximación a la pasión que sirve de prólogo al acto sexual. Por cierto, y viene muy a cuento en estos tiempos de prevención sanitaria que estamos viviendo y que no han sido ni mucho menos ni los primeros ni los más trágicos: Schiele murió con solo 28 años, víctima de la pandemia de gripe que arrasó Europa en 1918; tres días antes fallecía también su mujer, embarazada de 6 meses. Y para hacer más dramático el episodio, seis meses antes había fallecido también de la gripe su amigo y mentor Gustav Klimt, con 55 años.

‘Abrazo’ de Pablo Picasso.

Picasso. Cien abrazos. Ya sabemos de lo pasional de este pintor; de ahí que haya sido sin duda uno de los artistas que más ha tocado el tema del abrazo, desde los grabados en los que el hombre es representado como pura fuerza bruta, a menudo convertido en minotauro, a sus pinturas más figurativas, dulces y melancólicas en torno al año 1900. Luego, en su pintura cubista, con menos intensidad, pero también siguió ofreciéndonos bellísimos cuerpos entrelazados. En total, más de 100 picassos abrazados.

Rodin. ‘Eterna primavera’.

Rodin. Esculturas con vida. Y si en pintura fue Picasso, en escultura no nos cabe duda de que los abrazos más bellos e intensos nos los ha dejado el francés Auguste Rodin, a menudo en colaboración con su mujer, Camille Claudel. Ahí está la pieza Eterna Primavera, esculpida en una sola pieza de mármol entre 1903 y 1906, y que en 2016 se subastó en Nueva York por nada menos que 20,4 millones de dólares. Ahí están también El beso, una de sus esculturas más conocidas y reproducidas, y otra obra de portentosa energía sexual y complicada composición en un abrazo que no nos deja indiferentes, la escultura titulada Soy bella (también conocida como El Rapto), resultado del ensamblaje de dos figuras anteriores.

Guayasamín. ‘Madre y niño’.

Guayasamín. La madre protectora. En los años 80, el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, famoso por sus cuadros de manos que reflejan un mundo marcado por la violencia, las miserias y la desigualdad, pintó una serie de abrazos entre una madre y un hijo que expresan la ternura y la protección, y que marcan su inconfundible estilo de denuncia del dolor y opresión, de la intemperie, de la desprotección que sufre la gente más humilde.

‘El abrazo del amor del Universo’ de Frida Kahlo.

Frida Kahlo. La Madre Tierra. Y del abrazo colectivo, el abrazo de pareja, el abrazo sexual y el tierno de una madre a su hijo, nos vamos al global. No podía faltar aquí la icónica pintora mexicana, que tantas veces se autorretrató; en 1949 nos dejó el óleo El abrazo del amor del Universo. La Madre Tierra abraza a la propia Frida, y a su vez la artista acoge en su regazo, como si fuera un niño, a su marido, el muralista Diego Rivera, dotado aquí con un tercer ojo. La composición se saludaría hoy como una obra plenamente ecologista, de comunión con el planeta y defensa del Todo.

Rafael Canogar, ‘El abrazo’.

Rafael Canogar. Hacia la abstracción. Genovés consiguió fama con solo un lienzo de abrazos, pero no podemos olvidar a un coetáneo suyo, Rafael Canogar (nacido en Toledo, 1935; y el único vivo de los artistas aquí reseñados), que, aunque conocido sobre todo como gran representante de la abstracción española, nos deja varios sentidos –y poco difundidos- abrazos, desde su etapa más figurativa, pintados en los años 60, a otros más conceptuales a finales de esa década y comienzos de los 70.

Abrazo de Keith Haring.

Keith Haring. Este artista neoyorkino y activista de los derechos LGTB+ y contra la marginación social y la estigmatización por otra atroz pandemia, la del VIH, ha tenido gran influencia en el mundo de la ilustración con su lenguaje alegre, desenfadado, sencillo, pero muy reivindicativo y muy empático. Sus dos figuras dándose un abrazo de apoyo no pueden expresar más camaradería: ‘tío, ¿qué tal te va?, estoy contigo, que sepas que me puedes llamar cuando quieras’.

‘Los amantes’ de Magritte.

Magritte. ¿Por qué cubiertos por un paño? Los amantes, del belga René Magritte (cuya gran exposición en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid está a punto de terminar, el 30 de enero), nos ofrece un enigmático y conceptual –como toda la obra de este artista- beso y abrazo entre un hombre y una mujer cuyos rostros quedan ocultos por un paño blanco, una especie de sudario. Hay cuatro versiones, todas pintadas en 1928. Entre las diversas interpretaciones, figura la que apuesta por una representación del abrazo/beso de la muerte (algo que tampoco en este repaso podíamos obviar, por la importancia que ha tenido en el arte), ya que, cuando era adolescente, Magritte presenció cómo sacaban el cadáver de su madre, que se había suicidado tirándose a un río, con la camisa mojada cubriéndole la cara. Otras opiniones se inclinan por que pudo haberlo pintado como una metáfora del amor imposible, del amor prohibido o del amor perdido. Nos recuerda tanto a esos abrazos a través de plásticos que hemos visto en los peores tiempos de esta pandemia…

Roy Lichtenstein, ‘Abrazo’.

Lichtenstein. ¿Por qué llora esa mujer? Y tras el enigma Magritte, vamos a terminar de buen rollo. Tan pop, tan cómic, pura pasión y deseo, de la mano (y pincel) del estadounidense Lichtenstein en este beso/abrazo de 1963 y que en una subasta en el año 1990 alcanzó la cifra de 6 millones de dólares. Pero, un momento, se nos acaba el artículo, pero…, pero ¿por qué, entre tanto color y pasión, está llorando esa mujer; qué le pasa que, aunque parece que se siente reconfortada por ese caluroso abrazo, está llorando?


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Comentarios

  • Conchi Barón

    Por Conchi Barón, el 21 enero 2022

    ¡Hola!
    Me encantan el punto de vista con el que se ha informado sobre el Día Internacional del Abrazo; toda la información aportada sobre esas obras de arte relacionadas y también la forma en que se ha contado. Autor del artículo, ¡un abrazo enorme!

    • Ainhoa

      Por Ainhoa, el 22 enero 2022

      Creo recordar que el título del cuadro de klimt, no era «el abrazo», sino «el beso».

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