Cuarenta años de música trepidante en ‘Toma de tierra’, de Bruno Galindo

Cuarenta años de música trepidante en ‘Toma de tierra’, de Bruno Galindo

El periodista Bruno Galindo. Foto: Dolores Iglesias.

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El escritor y periodista Bruno Galindo ha hecho de su reciente libro ‘Toma de tierra’ un excelente compendio vital y experiencial y un magnífico análisis de las cuatro últimas décadas en la historia de la música. De Björk y Brian Eno a Manu Chao, Enrique Morente y Andrés Calamaro.

A veces no sabemos ni por dónde empezar. “Lo que marca un final siempre es un principio. O al revés”, escribe Galindo en las páginas finales de Toma de tierra. Pero lo importante es empezar. Ya me había recomendado el libro el gran Diego A. Manrique. Y Toma de tierra convence desde la primera página. Transita por la vida musical de las cuatro últimas décadas. Pero hay mucha vida cultural, muchas conexiones, intercambios y pasión.

El libro también vibra de anécdotas personales sorprendentes: andanzas periodísticas, batallas de un empleado discográfico y de un artista de spoken word. Galindo toma la distancia adecuada de alguien reservado, tiene el don de la discreción y la sintonía más natural. Es capaz de sorprenderte desde la sencillez, algo a lo que rendirse. Sin pavonearse, Galindo sabe narrar y conectar con el lector. Es alguien cultivado, que sin embargo no presume de ello. Pero ante todo hay mucha honestidad: desamores; análisis sinceros de la precariedad del mundo de la cultura, y del musical en concreto; experiencias casi chamánicas en México, situaciones de peligro real entre deudas, un apartamento destartalado, en un bar con mucha cachaça o una fiesta funk en una favela de Río junto a Fernanda Abreu, reportajes en Jamaica o en Tijuana, entrevistas con Al Hendrix (el padre de Jimi Hendrix) y BB King o dirigir el festival de spoken word de Montepellier encargado por el dramaturgo Rodrigo García, sus experiencias musicales con Le Voyeur o Prin’Lalá.

Toma de tierra se estructura a modo de diario desordenado cronológicamente, en el que habla de tres marcos: el periodismo, la industria musical (trabajó en WEA, EMI, CBS y Epic) y la vida artística (como vocalista, spoken word con Gary Louis, Nacho Vegas o el homenaje a Panero). Suena rotundo y certero cuando critica a las bandas de versiones; o comenta que los músicos tengan que pagar por tocar; cuando ilustra cómo las empresas tecnológicas escurrieron el bulto con el tema de las descargas ilegales y la piratería; al hablar de la SGAE o del cierre de salas de conciertos; de la crisis de 2008; de política y el desencanto chavista; de sensaciones reveladoras que percibe al entrevistar a Michael Hutchence de INXS o a Prince; de la magia de ciertos sitios; del punto espiritual de Ali Farka Touré atravesando el desierto del Sahel, entre muchas otras historias

David Byrne: “La clave del arte es la generosidad”

David Byrne, el ex Talking Heads y fundador del sello Luaka Bop, ficha al músico brasileño Tom Zé, le salva de volver a su pueblo a trabajar en una gasolinera, y le da un nuevo empujón a su carrera. Byrne le insinúa a Galindo que la clave del arte es la generosidad, y cita al arquitecto Buckminster Fuller: no es tiempo de posesión, es tiempo de uso.

“La música se mueve sola”, me dice por mail Galindo y me parece como que visiono esa variable transversal tan sustancial en nuestras vidas. “Al final la música ha llegado a entenderse como un arte global con múltiples orígenes y direcciones”, añade. Todo cambia. Revelador su encuentro y entrevista con Brian Eno en el festival noruego Punkt, o la reflexión de Bono sobre la música en directo en el futuro (en 1997, con su disco Pop). Galindo también se nutre de encuentros con los escritores Fernando Arrabal o el argentino Fogwill.

De Björk a Los Toreros Muertos

Aparecen historias de la música popular relacionadas con Whitney Houston (¡qué voz!), Luis Miguel, David Bowie, Lou Reed, Patti Smith, R.E.M, Nick Cave, Blixa Bargeld, Sinéad O’Connor, Ramones, Björk, Miles Davis, Prince, Debbie Harry y Chris Stein, Manu Chao, Santiago Auserón, Joe Strummer, Andrés Calamaro, una propuesta a Julio Iglesias; el texto que le encargó Mario Pacheco; Amaral y su incursión en la política vía un asesor oportunista; sus charlas con Enrique Morente para el libro sobre Omega que editó Lengua de Trapo; su papel de coordinador de la banda sonora de Historias del Kronen, o Los Toreros Muertos tocando en una fiesta privada para Pablo Escobar. También aparece de puntillas la televisión y el ninguneo de lo musical en la caja tonta, o el efecto que le produce hablar en tiempo real vía redes sociales con la cantante Yungchen Lhamo. Y es que Toma de tierra exuda sustancia, pero sobre todo vida vivida: a veces turbia, a veces cristalina. Algunas batallas te dejan seco, otras te producen la carcajada. El mundo de los artistas, ya sabéis, un mundo desbordante de ego y provisto de muchos arquetipos jungianos.

De Carlos Berlanga a David Bowie

Tal cual narra, se suceden episodios que te atrapan, que te enganchan a la lectura sin cesar. Galindo es retenido por la policía estadounidense en el aeropuerto JFK de Nueva York mientras Pearl Jam le espera a que llegue al CBGB para la presentación de su disco Ten. La muerte de Ballard, de Carlos Berlanga, de Bowie y las versiones que graba junto a Mercedes Ferrer. Hay dosis de actualidad en clave de Irak, Trump, crisis de Lehman Brothers, 15M, 11S y también el eco de la gentrificación y demás perdidas sociales. También está la pandemia de fondo final.

En definitiva, Toma de tierra atrapa por su ritmo trepidante, por el testimonio nutrido, rico y clave para entender algunas variables de la historia musical y cultural más reciente. Si les gusta la música, la vida o la cultura, agárrense a estas páginas porque vienen curvas, y toboganes. “Existe la idea de que dejas de escuchar música cuando te haces mayor. Yo creo que son los problemas los que te alejan de la música. No es menos cierto que en esas mismas situaciones la música te saca adelante”. Y suena La Fusa, el disco de Toquinho, Vinicius de Moraes y Maria Creuza (que Galindo adora, y yo también), mientras sigues viviendo.


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