Negacionistas frente al “colapsismo” por la crisis climática

Foto: Pixabay.

El asunto principal que debería ocupar al mundo es reintegrar la Tierra a similares límites geofísicos y ecosociales que antaño la caracterizaron. Al menos hasta la expansión de la revolución industrial. No resultará sencillo. Hay que tener mucha imaginación y alto compromiso para impulsar la salida del actual entramado socioeconómico que se ha demostrado injusto para muchas personas. Máxime en un contexto de un cambio climático creciente (transgresiones meteorológicas ignoradas por quienes discrepan con lo del cambio o crisis). Al estudio del cual los dirigentes principales del PP-VOX en España y varias comunidades autónomas no quieren dedicar ni un minuto, al menos eso dicen en público. Nos encontramos con el bloqueo de negacionistas y retardistas por puros intereses económicos frente al riesgo de “colapsismo”, según alerta Naciones Unidas.

Es opinión casi generalizada que para dejar un escenario habitable hay que llevar a cabo una serie de transiciones ideológicas, socioecológicas, económicas y de gobernanza. También, que nos encontramos en unos momentos críticos. Lo publicitan y certifican tantas reuniones mundiales organizadas para escanear economía, ecología, salud global, biodiversidad, alimentación suficiente y saludable, transgresiones meteorológicas y climáticas, la pobreza, etc… La idea general, casi un axioma, es que ya no es posible escondernos de nuestras acciones. Sin embargo, hay quien no siente esta incógnita vital ni un minuto.

Sabemos que asumir compromisos de mitigación y adaptación climáticas no es fácil, pero intuimos que es una cuestión de justicia. Se supone que todos los partidos políticos quieren implicarse en mejorar el entramado social. En esta dimensión, mucho de lo que acontece va de la mano de lo climático. Ambos escenarios –clima y sociedad– interaccionan. Bastantes veces originan el aumento de las desigualdades. Pero todo depende del contexto. Las variables incentivadoras de los posibles colapsos –no solo en lo climático– impiden por el momento valorar lo bien hecho y lo que queda por hacer. Pero la situación no está totalmente cerrada.

Las circunstancias climáticas graves fueron evidenciadas en el informe de la OMM para la ONU Unidos en la Ciencia 2023. Una recopilación de alto nivel de múltiples agencias de la ciencia y los servicios más recientes relacionados con el tiempo, el clima y el agua para el desarrollo sostenible. Su lectura, a la que hay que dedicar muchos minutos por su trascendencia, nos encamina hacia el “colapsismo” (la creencia basada en ciertas evidencias de la ciencia y algunas suposiciones fundamentadas). Eso sí, el informe acompaña la idea con muchos datos y cifras. En este caso, y en otros muchos que afectan al funcionamiento global del sistema Tierra y sus biodiversidades, nos planteamos la posibilidad de que sea cierto. Más que nada por el principio de precaución.

En este contexto, en un minuto pueden llegar desde la memoria escenarios ya colapsados desde un punto de vista ecológico. Ejemplos no faltan: el Mar de Aral, el envenenamiento del Mar Menor, África y sus hambrunas aniquiladoras junto a sequías eternas, el latrocinio de la selva amazónica, la defunción de la vida marina, las amenazas especulativas del agua de Doñana, los ríos secos del sistema amazónico, las consecuencias de las graves inundaciones en lugares distantes, entre otras muchas.

Millones de minutos necesitan los meteorólogos para entender y explicarnos la realidad de los fenómenos atmosféricos. Deben adaptar rápidamente sus modelos de lectura para prever lo que puede suceder en 2030. Porque el cambio climático, del que Aemet también se ocupa en descifrar, desborda las escalas meteorológicas utilizadas hasta ahora. Las sequías, generalizadas en muchos lugares, las recurrentes DANA de este año, las olas de calor según territorios son tres de las circunstancias que necesitan muchos estudios, pero también de diálogos y actuaciones de mitigación y adaptación.

Mónica López explicaba en RTVE que en cierta manera lo climático que se pensaba acontecería en 2050 ya está sucediendo. Por decir cosas como esta o parecidas, la gente que sabe de meteorología y climatología está siendo vilipendiada por quienes no le quieren dedicar ni un minuto. También sucede en Francia según leímos en Le Monde (5-10-2023). La noticia subrayaba: “Los especialistas en clima son atacados en las redes sociales por cuentas anónimas que cuestionan la realidad del calentamiento o su gravedad. Un discurso que se difunde entre las elites políticas y económicas”.

Muchos minutos emplea la gente a quejarse del calor de este año. Titubea sobre el cuál será la causa de semejantes récords de temperaturas. Muchas horas y días de calor; tantas que ahora mismo, en octubre, duda si se encuentra en esa nueva estación que alguien nombra como “veroño”. No falta quien lo atribuye al cambio climático, sin preocuparse si es verdad o no. La realidad es que las circunstancias climáticas han arruinado muchas cosechas agrícolas y explotaciones ganaderas. ¿Será la causa del alza de la cesta de la compra? Por eso teme que la continuidad de esas alteraciones cambie su vida. La subjetividad de la gente a la hora de valorar las señales climáticas va transitando hacia un pensamiento más abierto, que se apoya en cifras que da la ciencia. Por cierto, sepan quienes dicen que no quieren dedicar ni un minuto a pensar en el cambio climático que las compañías de seguros ya no ofertan ciertas coberturas. Barruntan que si lo hacen tendrán pérdidas millonarias ante los riesgos aumentados por inundaciones, sequías, incendios y otras catástrofes. ¿En este caso cuenta más la ideología o la realidad?

También hay gente de ciencia que defiende que el colapso ecológico multidimensional no es previsible. Si bien constatan la cantidad de incertezas que tenemos delante. Frente a estas sería necesario un empuje permanente de la población ante sus gobiernos para que las alianzas entre todos permitan enfrentarnos a los problemas medioambientales. Si se miran bien, son algo así como metáfora de (in)justicia social.

Demasiados minutos dedican los negacionistas a difundir sus proclamas. Deberían reservar bastantes para leer el reciente informe “Earth beyond six of nine planetary boundaries”, publicado en Science Advances. Es el primero con estas dimensiones investigativas. Es de acceso libre y fue noticia importante un par de días por muchos medios de comunicación de España. Hicimos un amplio comentario en el artículo La Tierra y sus límites planetarios, sujetos siempre a controversia. Allí se puede ver con más detalle la evolución de los límites planetarios ya rebasados, entre ellos el cambio climático. Nos quedamos con unas afirmaciones de la profesora Katherine Richardson, de la Universidad de Copenhague, que formaba parte del equipo: “Sabemos con certeza que la humanidad puede prosperar en las condiciones que han existido aquí durante 10.000 años. No sabemos si podemos prosperar bajo alteraciones importantes y dramáticas”. Corre prisa que lo entendamos pues “los impactos humanos en el sistema terrestre en su conjunto están aumentando mientras hablamos”.

Hasta el Papa Francisco ha dedicado al tema sus minutos. Sostiene, imaginamos que asesorado por gente de ciencia, que “por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes”. Añade: “Ya no se puede dudar del origen antrópico del cambio climático”. En esas estábamos cuando nos enteramos de que la UE encara una relajación sin precedentes en la normativa ambiental. Pendientes de lo que dice la Declaración de Granada, tras la reunión (octubre 2023) de los ministros europeos de Medio Ambiente de la UE.

Necesitamos muchos minutos respirando aire sanado colectivamente.

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