La ciencia es demasiado importante para dejársela solo a los hombres

Ángela Nieto, directora del Grupo de Movimientos Celulares en Fisiología y Patología del Instituto de Neurociencia de Alicante.

“De pequeño me gustaba mucho la exploración, pisar donde nadie había pisado. Eso, trasladado al periodismo, son las historias pequeñas. Y este libro es un poco eso”. Con esta carta de presentación, el periodista especializado en ciencia y tecnología Antonio Villareal firma su primer libro, ‘Sabias’. Villareal responde a las preguntas más importantes de los avances del siglo XXI con nueve mujeres referentes y promesas en sus diferentes campos.

El periodista nos cuenta cómo surgió el libro: “El editor de la colección GeoPlaneta, que hace libros más enfocados en viajes o historia, quería algo sobre ciencia. Me sugirieron escribir algo sobre científicos españoles y me pidieron que tuviera en cuenta la paridad. Ahí se me encendió la bombilla. Si el problema es la representación de las mujeres, me pregunté por qué no hacemos algo que hable de las mujeres científicas”.

Y el resultado le da la razón. Al contrario de lo que hubiese pasado hace años, que hubiera hecho falta rastrear mucho para encontrar mujeres científicas a los mandos de ramas importantes, el autor decidió hacerlo al revés. “Al principio me di cuenta que si quieres solo nombres, te salen las de siempre. Por eso lo hice al revés. Primero las preguntas; luego salen los nombres. Eso me ha permitido sacar toda la paleta, desde las jóvenes como Alba Bossoms (investigadora predoctoral de genética) a otras que son absolutos referentes, como Ángela Nieto (directora del Grupo de Movimientos Celulares en Fisiología y Patología del Instituto de Neurociencia de Alicante)”.

Antonio Villarreal insiste en que el libro, pese a que habla de mujeres científicas, no es un libro sobre la problemática de ser mujer y científica en España. Es verdad que tiene muy presente que en este país la investigación es más vocacional que en muchos sitios ­–solo así se entiende que seamos el país número 12 en producción científica, pero el número 30 en inversión en I+D respecto al PIB del mundo– y que las mujeres sufren lo que se llama la “tubería que gotea”. “Yo no veo problema en el acceso de las mujeres a la ciencia, sino en la falta de estabilidad. Eso lleva a muchas mujeres a dejar la investigación”. De ahí la metáfora de muchas estudiantes en las carreras que se van cayendo, goteando, en el resto de la carrera científica. Hasta tener pocas mujeres en puestos de mando o dirigiendo equipos de investigación.

Alba Bossoms, investigadora predoctoral de Genética.

“Yo entiendo la igualdad como no tener que preguntar diferenciando entre sexos. Le he preguntado lo mismo que le preguntaría a un científico. Es un libro que podría ser intercambiado por hombres y sería el mismo libro”, indica Antonio Villarreal a El Asombrario y, por eso, admite que es un libro “100% feminista”. Una igualdad que no siempre aparece en los medios. “En los periodistas científicos”, indica, “siempre tenemos esa cosa de no entrevistar suficiente a mujeres. Y en el periodismo diario a veces pasa que se busca la excusa de que las mujeres no están tan a mano para consultarles. Este libro demuestra que no es así, que si das margen todas participan”. Y un dato: si se sube la ceja de suspicacia al ver que en Sabias se menciona a las científicas por su nombre de pila y no su apellido, el autor lo explica: “Lo pensé, porque en mi día a día siempre cito por el apellido, pero este libro lo veía diferente y quería otra complicidad. Primero lo puso con apellidos y luego con nombres, porque acercaba. Les pregunté a ellas y me dejaron más tranquilo”.

Y es que a todas las científicas a las que Antonio pidió que participaran en el libro aceptaron. Para llegar a ellas, el proceso fue buscar la temática, esos avances que serán claves en el siglo XXI, y, luego, encontrar a la persona que está detrás de esa investigación. “Eso fue lo más difícil, hacernos las preguntas. Mis obsesiones personales son el cambio climático, la baja natalidad en Occidente o la resistencia a los antibióticos. Pero tenía que buscar otras relevantes, como el modelo estándar de la física o la búsqueda de otros planetas, por ejemplo”. También reconoce que había temas difíciles de abordar por su complejidad, como el del ordenador cuántico, pero al encontrar a Alba Cervera trabajando en él –investigadora senior en el Centro Nacional de Supercomputación– lo tuvo claro.

Ciencia y periodismo, vidas paralelas

En la conversación, a Antonio le surgen muchos paralelismos entre periodismo y ciencia, esos dos mundos entre los que se mueve su día a día. “Una causa muy importante en la brecha entre hombres y mujeres en la ciencia es la maternidad”, argumenta. “Son empleos precarios y es muy vocacional. Siempre tienes alguien que te dice que tienes que estar 24 horas como científico, no tus ocho horas. Eso nos pasa también a los periodistas. Es muy esclavizante y, de alguna manera, las mujeres son más conscientes de que no quieren vivir así cuando tengan un hijo o una hija. Ahí empieza a gotear la carrera”. Al destacar este paralelismo, lo confirma: “Compartimos muchas cosas con ellos, que tienes un jefe de otra generación que ha hecho muchos sacrificios y quiere que tú hagas lo mismo. Y mucha gente dice no”.

La investigadora del CSIC Cristina Romera.

Con este panorama, ¿se puede animar hoy a las y los estudiantes a empezar carreras de investigadores? “Me gusta mucho la frase del bailarín Rudolf Nureyev de ‘si puedes, déjalo’. Es muy duro y solo si tienes vocación sigues. Con la ciencia pasa y se pierde mucho talento. Tendrían que cambiar muchas cosas para que pudiera hacerlo más gente, no solo la altamente vocacional, y la gente que se queda fuera podría ayudar mucho”. Sin duda, para enfrentarnos a los retos del siglo XXI hace falta mucha ciencia. Y mucha más en tiempos de negacionistas; por eso responde así a la pregunta de si es un buen momento para reivindicar la ciencia: “Siempre es el momento. Especialmente por la pandemia, que la ciencia ha sido reivindicada por sus propios méritos, la única manera de salir del atolladero en el que estábamos. Y, fíjate, ha demostrado lo importante que es la investigación básica”.

Una ciencia básica que resulta vital para otros descubrimientos o avances, mucho más atractivos de cara a llenar titulares y portadas. Dos ejemplos: los exoesqueletos que permiten a los niños andar, a cargo de Elena García Armada, o encontrar una respuesta al cambio climático estudiando el efecto de los microplásticos en el fondo marino, como hace Cristina Romera. Ambas pertenecientes al CSIC y entrevistadas por Antonio en Sabias. “la ciencia básica siempre es el patito feo de la investigación y de los medios. Pero siempre tiene que haber alguien sembrando para recoger. Generalmente, además, suele ser la universidad pública o los centros públicos de investigación”.

Entonces, ¿el periodismo científico también es el patito feo del periodismo? “Nos pasó con la pandemia. Las estrellas siempre eran los periodistas de política y con la pandemia nos llamaban a nosotros. Creo que estamos preparados, que somos cautelosos, incluso cuando hablamos de cosas que no son ciencia”. Ejemplos de mal periodismo en cuanto a ciencia hay muchos: desde los comentarios sobre el aspecto de la biotecnóloga elegida para ser astronauta suplente, Sara García, hasta titulares rotundos que no son verdad. “En general, sufrimos la tensión de buscar muchas visitas. En los casos de cáncer es muy fácil ver titulares de que se ha descubierto una cura para el cáncer. A mí eso me pone la piel de gallina, porque siempre imagino a esa persona que le acaban de diagnosticar y lee esos titulares. Me tiemblan las piernas solo de pensar que le damos ilusión a alguien que finalmente no se va a poder beneficiar de ese avance. Hay que ser responsables”.

El ánimo divulgador está presente en Sabias, ya sea a través de los códigos QR que permiten acudir a la fuente y ampliar información, ya sea por su estructura, que permite “dar un paseo” por el panorama científico actual. Un panorama mucho más amplio y que, quién sabe, igual da origen a un segundo volumen. “Hay muchos temas que me he dejado fuera. El CRISPR [intervenció en el ADN de las células] hubiera sido el siguiente capítulo que hubiera hecho. Ojalá se pueda hacer un Sabias 2 porque hay un montón de temas y de mujeres científicas”.

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