Tres exquisitos libros que unen poesía y naturaleza

Tres exquisitos libros que unen poesía y naturaleza

La iliustradora Leticia Ruifernández.

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En el tramo final de la Feria del Libro de Madrid, no queremos dejar pasar la oportunidad de recomendar desde ‘El Asombrario Recicla’ tres exquisitos libros que unen poesía y naturaleza, versos y dibujos enraizados en lo verde. ‘Liternatura’ en estado puro. Nos detenemos hoy en Mary Oliver, en el ‘Diario de maravillas’ de Leticia Ruifernández y en la antología ‘Soplo de Vida’.

A veces llegamos a la obra de una autora como llegamos a un bosque. Primero avistamos un árbol, quizás una rama o incluso una hoja, y, cuando nos queremos dar cuenta, estamos dentro de ese bosque. Algo parecido me ocurrió –y estoy seguro de que no he sido el único– con la obra de Mary Oliver. Había oído hablar de ella vagamente, pero hasta que no cayó en mis manos La escritura indómita no me adentré en su bosque.

Este libro de ensayos, hibridados con poesía y aforismos, editado por Errata Naturae, fue la piedra de toque que me llevó a leer su colección de poemas, publicados en español por Valparaíso, en edición bilingüe, por supuesto. Uno de ellos es A Thousand Mornings. Encontramos en este libro imprescindible de la autora los temas que vertebran la obra de una poeta muy leída en Estados Unidos, con una capacidad extraordinaria para profundizar en las mareas de la vida, entroncada siempre con la naturaleza y el paisaje que habita desde hace años, en la costa de Nueva Inglaterra. Como tantos grandes escritores y poetas norteamericanos, Oliver tiene la virtud del hallazgo metafórico con un lenguaje muy sencillo y directo.  Deudora, entre otros, de Emerson, una buena parte de sus poemas respiran el panteísmo del filósofo trascendentalista, como en el maravilloso Historia de vida, que cierra con estos versos: “Seré esa pequeña nube que mira el agua, / la que se detiene y eleva sus patas blancas, la que / parece un cordero”. O en este otro, Sobre los viajes a lugares hermosos: “Cada día sigo buscando a Dios / y lo sigo encontrando en todas partes”.

No falta la crítica a la destrucción de la naturaleza, en realidad de nosotros mismos, como en Ampliación de la pista del aeropuerto: “Los buenos ciudadanos de la comisión / han votado / para hacer más de todo. / Muy temprano de la mañana / Yo salgo / a las pálidas dunas, a contemplar / los espacios vacíos / de la naturaleza salvaje / Porque algo hay,  /algo está ahí cuando la naturaleza está sola, / algo que no está ahí cuando lo demás está”.

El amor, la belleza, el dolor y la soledad de su infancia, la necesidad de escapar de la dictadura de las horas y las tareas que nos impone el sistema, la mirada hacia lo pequeño y diminuto que nos hace sentir parte de algo grande, todo eso está ahí, en unos poemas que uno lee y relee sin que nunca se agoten. Este volumen incluye La primera vez que Percy regresó, que recoge a su vez Dogs songs, 35 poemas (y un ensayo final) en los que Oliver rinde homenaje a los perros con los que ha convivido a lo largo de su vida, como Percy.

Pero como indica la traductora y autora del prólogo, Nieves García Prados, el libro, con dibujos de John Burgoyne y que fue un encargo de su agente literario, “no solo versa sobre las travesuras y desventuras caninas, sino también sobre la libertad, el amor y la pérdida”. La libertad para los humanos es la misma libertad que pide Oliver para nuestros compañeros. En el poema Si estás sosteniendo este libro, escribe la poeta: “Puede que no estés de acuerdo, puede que no te importe, / pero si estás sosteniendo este libro deberías saber / que de todas las cosas que amo en este mundo / –y son muchas– muy cerca del primer puesto / de la lista se encuentra: perros sin correa”. La alegría que nos aportan los perros, su empatía, su júbilo, los convierte sin duda en compañeros inseparables, capaces de restañar nuestras heridas y nuestra soledad.

“¿Cómo sería el mundo sin música o sin ríos o sin la verde y suave hierba? ¿Cómo sería este mundo sin perros?”, se pregunta la autora en las páginas finales.

Perros. Ahora que llega el verano, ¿cómo puede alguien con corazón abandonarlos en las cunetas? Según la Real Sociedad Canina, cada hora se abandonan en España 15 perros sin identificar.

Pero no todo el mundo es tan desalmado y algo está cambiando, no solo respecto a nuestra relación con los perros, sino con los animales en general. Y la poesía no puede ser ajena a este cambio, como lo demuestra Soplo de vida. Antología de animales (Ojos de Sol editorial), donde Weselina Gacinska ha reunido a varios poetas de ambos lados del Atlántico para aportar su mirada sobre este tema.

“El significado más profundo de la palabra `animal´ radica en la idea procedente del latín de un ser dotado de un soplo vital. A pesar de los numerosos muros y barreras construidos entre el conjunto de los animales y los seres humanos, es precisamente la respiración y otros muchos más aspectos los que nos unen, como están demostrando continuamente los zoólogos. Pero ese origen etimológico es el que nos hace darnos cuenta de nuestra pertenencia al reino Animalia e invita a un cambio de pautas en el pensamiento sobre la fauna que nos rodea. Una sencilla y antiquísima división entre ellos y nosotros se está resquebrajando y está dando pie a miradas caleidoscópicas, heterogéneas, complejas y empáticas”, apunta al inicio de su excelente prólogo Gacinska, que repasa con mucho acierto algunos de los debates fundamentales en torno a la cuestión animal, y su relación con la poesía.

Esa variedad de miradas, enfoques y sensibilidades, desde el antiespecismo a  la más básica empatía hacia nuestros compañeros de viaje, es uno de los grandes logros de esta antología, ilustrado con mucho detalle por Pablo Carrera Ferralis. Como un buen ecosistema, el libro es rico también en la diversidad de propuestas estéticas y en las trayectorias de cada uno de los poetas que han dado su voz para que hablen los animales. Ana Pérez Cañamares, Valeria Correa Fiz, Adán Bran, Elisa Díaz Castelo o Benito del Pliego son algunos de los nombres que recorren este libro que nos invita a romper los prejuicios con los que aún nos relacionamos con los animales.

A veces las palabras no son suficientes para describir el asombro de la vida y necesitan de otras expresiones, como el dibujo o la pintura, para bucear en lo que no vemos. “La muerte nos sorprende / a la vuelta de la esquina. La vida también”, escribe Leticia Ruifernández en un apunte de su Diario de maravillas (Papel Continuo).  Ese día, a la vuelta de un paseo por el cabo de Gata, se había encontrado con el cuerpo de un camaleón, que ahora vemos gracias a que tuvo la intuición de dibujarlo. Este libro, que es una belleza en sí mismo, recoge 15 años de encuentros con los seres vivos que le han salido al paso a esta ilustradora madrileña afincada en un pequeño pueblo del norte de Cáceres. Editado con exquisitez y una delicadeza extrema, por sus páginas dialogan los dibujos y las palabras para descubrirnos la belleza de lo mínimo, para enseñarnos que no hay que viajar a paraísos lejanos para toparse con el vuelo de una mariposa, la pluma de un ave, el pétalo de una flor, o un árbol que se abre como si fuera un río con sus afluentes.

Ruifernández nos propone una nueva relación con el tiempo, no lineal, con la naturaleza y con la belleza, que siempre está ahí, a nuestro alcance. Solo hay que pararse a contemplarla y, tal vez, como hace ella, a compartirla a través de las palabras y los dibujos.


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Comentarios

  • Tomás

    Por Tomás, el 12 junio 2022

    Échale un vistazo a»Bosque», de Mario Sarramián, editado por Libros de la caverna….

    Saludos

  • EVA LARA

    Por EVA LARA, el 12 junio 2022

    Exquisito artículo, didáctico e inspirador. Digno de quien hace mención. 😍

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