Burros zamorano-leoneses que cuidan a las personas (y a las vacas)

Burros zamorano-leoneses que cuidan a las personas (y a las vacas)

La raza autóctona de burros zamorano-leoneses está en peligro de extinción. Quedan unos 1.600.

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Dóciles y trabajadores. Los burros, y en especial la raza zamorano-leonesa, autóctona y en peligro de extinción, siguen despertando un enorme cariño. Quedan unos 1.600. Los jóvenes criadores mantienen esta raza por el orgullo de conservarla. Pero además se les están encontrando nuevas e interesantes salidas, desde guardianes de las vacas frente a los ataques del lobo a los productos cosméticos con leche de burra. Nueva entrega de nuestra serie dedicada a las razas autóctonas (y en alerta roja) de ganado.

En la Asociación Nacional de Criadores de la Raza Asnal Zamorano-Leonesa (ASZAL) llevan 25 años trabajando para mantener la riqueza genética desde la creación del libro genealógico y con diferentes programas de conservación. Repasamos la situación de estos borricos.

En la actualidad hay unos 1.600 asnos de la raza zamorano-leonesa, de los cuales 600 son hembras en edad fértil. “Estamos en un momento bueno, con un número importante de hembras en edad reproductiva y con machos con variabilidad genética y que no son familiares entre ellos”, comenta Jesús de Gabriel, secretario técnico de ASZAL. En la asociación cuentan con un centro con animales para reproducción, en el que los jóvenes machos se ponen al servicio de los ganaderos para que reproduzcan en sus explotaciones.

Hace 30 años, los ganaderos que tenían esta raza eran gente tradicional, de la zona de Zamora, que solían disponer de una pareja de burras para arar viñas o desplazarse por los campos. Ganaderos muy mayores que, sin ser conscientes, estaban realizando la gran labor de conservar la raza. Así que se organizaron ferias para promocionar estos nobles jumentos y estimular su cría. “Queríamos dar a conocer la raza y que los ganaderos vieran que el burro era valorado; en las subastas se pasó de 30.000 pesetas (180 euros) a 1.800 euros. Pero lo que queríamos no era vender animales, sino estimular su crianza”, explica De Gabriel.

Los borricos eran tradicionalmente los animales de servicio para la casa, para transportar personas y mercancías.

El retrato de estos ganaderos ha cambiado mucho. En la actualidad, los ganaderos tradicionales prácticamente han desaparecido y en las comarcas de Zamora apenas se registra cambio generacional. Quienes mantienen ahora la raza son los nuevos criadores, explica De Gabriel: jóvenes que adquieren burras para aprovechar terrenos de pasto en desuso, por el gusto de tener unos animales autóctonos en peligro de extinción y colaborar en la conservación de una raza emblemática. Ese es el perfil del 90% de los nuevos criadores. En total, hay alrededor de 350 criadores de asno zamorano-leonés, repartidos por León, Zamora, Salamanca, Madrid, Valladolid, Palencia y Cantabria.

Asnoterapia

Los burros se han dejado de utilizar como transporte de personas y bultos en actividades agrícolas o para el transporte de agua o leña, como se hacía tradicionalmente, y ahora se están desarrollando nuevos usos. Dada su docilidad, es un animal ideal para los paseos turísticos y romerías, y también para realizar terapias para niños con síndrome de Down y personas con Alzheimer.

“Hemos hecho terapia asistida con animales mediante burros dóciles y adecuados, en combinación con terapeutas especializados, con asociaciones de personas con discapacidad, la asociación de enfermos de Alzheimer de Benavente y la asociación Andrea”, explica De Gabriel. El proyecto duró tres años y se desarrolló gracias a los Fondos FEDER. “Los pacientes quedaron contentos y demandaron más, pero sin recursos no fuimos capaces de sostenerlo más tiempo. Todavía hay gente que se acuerda y guardan los dibujos que hicieron”.

El burro es un animal muy apropiado para realizar terapias para niños con síndrome de Down y personas con Alzheimer.

Convivencia de burros, vacas y lobos

Los burros también son animales fuertes e imponentes. Ante la necesaria convivencia de ganaderos y lobos, desde ASZAL están impulsando el papel del burro como protector de las vacas frente a los lobos, y especialmente en esta zona del norte de Castilla y León, donde abundan las manadas de lobos.

“Estamos redactando un manual, que hemos trabajado durante tres años, de protección de rebaños de vacuno frente al lobo mediante el uso de burros, que tienen fobia a los cánidos y los ponen en fuga”, expone De Gabriel. De esta forma, se mete un burro entre las vacas; si un lobo se acerca, lo ahuyenta; una protección complementaria. “Sí, es una herramienta complementaria que, unida a otras, permite la convivencia entre burros, vacas y lobos”, explica De Gabriel. “Hemos utilizado los burros con vacas, porque los rebaños de ovejas y cabras tienen mastines, el mastín es un buen mecanismo de protección y el burro molestaría al mastín, pues el burro no va a distinguir si es un lobo o un mastín al que hay que poner en fuga. Y, por el contrario, si el burro se habitúa a la convivencia con los mastines, dejaría de tener esa función ahuyentadora”.

Los burros zamorano-leoneses se emplean también para evitar incendios en las áreas rurales. Así, en zonas que han dejado de tener uso agrícola y están abandonadas –cada vez más–, los burros pastan y evitan que crezca la vegetación. Ramonean y mantienen controlado el monte bajo, evitando que haya pasto para llamas.

Los asnos se emplean también para limpiar terrenos y así evitar incendios en las áreas rurales.

El tesoro de los garañones y la leche de burra

Los burros eran tradicionalmente los animales de servicio para la casa, para transportar personas y mercancías. Los burros machos gigantes, llamados garañones, eran capaces de cubrir a las yeguas para dar mulas; contaban así con gran importancia; “eran el petróleo moderno de la zona, ya que las mulas eran la tracción animal que sustituyó a vacas y bueyes por ser más rápidas”, explica De Gabriel. “Las guerras europeas hicieron que subieran muchísimo los precios de los cereales de Castilla; los agricultores de la Meseta se enriquecieron y sustituyeron rápidamente las vacas y bueyes por mulas. España pasó a ser un país importador de mulas. Y en ese momento el garañón era el rey. Cuando un burro valía 50 pesetas y una yegua 500, un garañón podía llegar a costar 100.000 pesetas”.

Ahora se buscan nuevas salidas a la raza. El aprovechamiento de la leche de burra se ha destinado tradicionalmente para el autoconsumo. Pero en colaboración con el Centro Tecnológico de la Leche en Castilla y León (ITACyL), ASZAL cuenta con una línea de investigación desde hace dos años de ordeño de leche de burra para productos cosméticos y elaboración de derivados lácteos para consumo mezclándolos con leche de oveja, cabra o vaca, como por ejemplo rulo, yogures y pasta fresca.

Aquí puedes leer los otros cuatro temas que hemos publicado en nuestra serie de reivindicación de la ganadería autóctona, sostenible y en extensivo:

Vacas sayaguesas, que sí son de campo.

Gallinas castellanas negras: no vienen por Amazon.

Cabras de las Mesetas: dispersas, bomberas y aventureras.

Ovejas de Grazalema.

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