Macrogranjas de 6.000 cerdos, al ataque de la España rural  

Macrogranjas de 6.000 cerdos, al ataque de la España rural  

Foto de Igualdad Animal tomada durante una investigación de granjas de cerdos en Toledo. CC.

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En un momento crucial en que vemos cómo la España rural se enfrenta al abismo, por el despoblamiento, el fuego, la escasez de recursos para atender montes y pueblos, la invasión de gigantescas plataformas eólicas y solares que industrializan el paisaje, en ‘El Asombrario’ queremos insistir en la importancia de la ganadería extensiva –que además de proporcionar una alimentación más saludable, contribuye a la limpieza del territorio y es uno de los mejores antídotos contra los incendios–, frente a las tremendas macrogranjas. Lo contamos ahora que muchos salen para pasar las vacaciones de verano en ambientes rurales de interior, en pequeños pueblos de los padres o los abuelos; y lo contamos a través de un caso muy concreto que vive la periodista muy directamente.

Podría decirse que ya no es noticia la pandemia de macrogranjas que tenemos en este país, con más cerdos y vacas que habitantes, pero a veces conviene pararse en uno de estos proyectos para comprender hasta qué punto llega la situación. En el Páramo de Haza, al sur de Burgos, crece uno de estas gigantescas instalaciones,  preparadas para acoger 6.000 cerdos. Es un lugar fundamental para el acuífero de la comarca, que podría verse en grave riesgo, como denuncian los ayuntamientos afectados.

Dos gigantescas naves rompen el páramo, cubierto de los campos verdes de cereales. Al acercarse, por una estrecha carretera comarcal, el olor de los 2.000 puercos que ya habitan en una de ellas toma cuerpo. Al lado de las naves, una gran balsa con el fondo plastificado en negro acumula ya miles de litros de purines. Es media tarde de un día laboral y el lugar está desierto. Sólo el gruñir de los animales y del suministro automático de piensos rompe la paz del lugar. En lo alto, buitres leonados vigilan. A lo lejos se ve el pueblo de Castrillo de la Vega.

Haza, localidad que fue fundada en el año 912 por el Conde de Burgos, un gran señorío hasta el siglo XIX, hoy languidece con 28 personas censadas, casi todas de edad avanzada. Las piedras de su castillo, visible en kilómetros a la redonda, se desmoronan de olvido desde hace décadas. Al oeste, el río Riaza. Cuando la visité en primavera arreglaban las calles y había algo más trajín del habitual. “Fíjese la que nos quieren liar ahora con la macrogranja. Aquí nadie la quiere. Nos dejarán sin agua, ni para beber habrá, ni para nuestros animales, ni para el futuro”, me comentaba la única vecina a la vista. A lo lejos, en la ladera del cerro, dos cervatillos. ¿O corzos?

La empresa Explotación Porcina González, con sede en la cercana localidad de Aranda de Duero, ha escogido el término municipal de Haza para su negocio y ahora quiere ampliar la granja abierta a comienzos de este mismo año con 1.999 cerdos, para después pedir una tercera ampliación y alcanzar las 6.000 cabezas, el máximo posible (bueno, 5.997 exactamente, para saltarse la normativa trampa; luego lo explicamos).

En Haza y también en otros pueblos de la zona (Fuentecén, Castrillo, Hontangas, la Sequera de Haza y Adrada de Haza), los vecinos y alcaldes están dispuestos a plantar cara, han presentado alegaciones y han lanzado una campaña en defensa de su agua y su territorio, aunque saben que la última palabra la tiene la Junta de Castilla y León, hoy gobernada por el PP  y VOX.

Macrogranja de Haza, en la provincia de Burgos. Foto: R. M. T.

La macroexplotación de Haza, sobre el páramo, se suma a una lista en la que ya hay 89 instalaciones de grandes dimensiones para la cría de ganado en las cercanías de Aranda de Duero, al sur de la provincia de Burgos. El truco, como denuncian los afectados, es el siguiente: Se abre una granja con 1.999 cerdos, puesto que por ley sólo se exige autorización ambiental desde los 2.000, y al poco tiempo se pide una ampliación. “Si tienen todos los papeles en regla, el Ayuntamiento no puede hacer nada, aunque no la queramos”, explica consternado Antonio Muñoz, el alcalde de Haza. “Hemos presentado alegaciones, pero nos tememos lo peor”. En un pueblo cercano, Fuentemolinos, lograron parar una similar, al menos de momento, pero porque era zona de la protegida alondra ricotí. “Aquí no tenemos alondra”, reconoce Muñoz.

De hecho, no es el único proyecto similar que tienen en cartera Hermanos González: En San Juan del Monte, a menos de 30 kilómetros, pondrán otros 1.999 puercos, lo que ya levantó ampollas entre el sector vitivinícola cuando comenzó a construirse la nave el pasado verano.  Los bodegueros alertaron que con ésta ya eran dos en la zona y que el impacto ambiental sería de 4.000 cabezas, aunque no hubiera informe ambiental. Denunciaron posibles daños a los suelos de las viñas y al turismo que genera el sector, que favorece la repoblación al crear empleo. No sirvió de nada. El dueño anunciaba recientemente su apertura. Y aún tiene una tercera en su pueblo, en Soria, de nuevo con 1.999 cerdos. Todo legal, como Bernardino González repite en los medios de la provincia.

“Está claro que hay un agujero en la normativa, que habría que cambiarla; una vez aprobadas, las ampliaciones se consideran ‘modificaciones no sustanciales’. Mientras en Europa disminuyen este tipo de negocios de cerdos, aquí aumentan. Y es una burbuja que va a explotar. Aunque el máximo permitido son 6.000 cabezas, pueden ser hasta 7.200 con un permiso especial. Y no hay plantas de tratamiento de purines. Cerraron. Lo que se hace es verterlos en los campos de alrededor como abono, sin que nadie controle que no se vulnera la ley”, explica Daniel González, responsable de la campaña Stop Ganadería Industrial de Ecologistas en Acción.

Se refiere al hecho de que las macrogranjas deben presentar por ley contratos con agricultores dispuestos a acoger sus purines, un abono que sólo deberían utilizar días antes de cultivar para que la planta capture esos nitratos y con unos litros por hectárea. “Pero hay trampas. Se han encontrado fincas que tenían contratos con varias macrogranjas a la vez. Como la tierra no absorbe todo, los purines acaban en la capa freática y contaminan los acuíferos, como está sucediendo en otros casos”, subraya el ecologista. Para el dueño de la instalación, Bernardino González, es “economía circular”, como declaraba en el Diario de Burgos. Y es desarrollo porque crea empleo. Un discurso idéntico al que se escucha, en el mismo viaje, en la radio burgalesa Arlanzón, en un programa dedicado a la agricultura.

Este jueves, laboral, en las naves del término de Haza el único trabajador visible se mueve en coche por las instalaciones. “No, esto no es una macrogranja, no crea lo que le dicen, pero sí van a venir más cerdos”, explica cuando paro a hacer unas fotos. No hay más vehículos aparcados. La pestilencia aumenta con una ráfaga de viento, pero el trabajador ni se inmuta. Los buitres siguen cerca.

Según informes económicos disponibles en El Economista, la empresa González aumentó su resultado neto en 2020 de forma espectacular hasta facturar más de 9,4 millones de euros. Y su plantilla total oficial era de 16 empleados, se supone que incluidos directivos, administrativos, etcétera… “Es falso que creen empleo. Paso por esa granja casi todos los días y casi nunca se ve a nadie. Ni siquiera los que la construyeron eran de aquí”, asegura Muñoz, confirmando que la falta de personal no es algo puntual.

Un informe elaborado sobre el sector porcino por Ecologistas en Acción, pone los datos al paisaje para dejar claro que ni crean trabajo ni fijan población en el medio rural: Burgos es hoy la provincia en la que, a medida que más cerdos hay, más población se pierde, comparando sus pueblos con otros de similares servicios públicos. “Si la media nacional es que el 74% de los municipios con ganadería industrial pierde habitantes, en Burgos son el 88%. A más cerdos, menos gente”, sentencia Daniel González. En Haza, por ejemplo, tocan a 215 cerdos por habitante. “Imagina el consumo de agua nuestro y el suyo”, afirma la vecina. Según la petición de firmas promovida en contra del negocio, que ya ha recogido más de 1.500 adhesiones, el consumo previsto para los 6.000 cerdos será de 25 millones de litros de agua al año. Y cada vez llueve y nieva menos, como en toda la meseta. “Nosotros que queríamos potenciar el turismo… Con lo bonito que es este pueblo, a ver quién querrá venir si nos llegan los olores y el agua es mal”, se queja.

En las estadísticas, el panorama castellano aún no es tan terrible como el de Cataluña, Aragón o Galicia, pero, si bien allí, tras la concienciación de sus poblaciones, se están poniendo límites, hoy Burgos es un espacio en riesgo, especialmente el entorno de Aranda de Duero, pura España vacía, o abandonada: “Hay mucha desinformación, pero es importante que los ayuntamientos se protejan antes de que lleguen, porque después es más difícil. Deben aprobar moratorias a macrogranjas y negarles la licencia de construcción de la primera fase antes de que sea tarde, ya sea aduciendo daños ambientales o culturales. Y si ya les han colocado una, que cambien de urgencia las normativas municipales para que no les pongan más, porque si les abren la puerta, aún puede ser peor”, sentencia Daniel.

El mismo día de la visita a Haza, indígenas amazónicos y activistas realizaban una gira por España, el país que más cerdos exporta de Europa, pero que necesita importar la comida que precisan los animales, fundamentalmente maíz y soja. Una soja que se importa de Argentina, Estados Unidos y Brasil, en concreto, de la Amazonía y la selva del Cerrado. Así lo denunciaban André Campos, periodista y miembro de la ONG Repórter Brasil, el indígena macuxi Jabson Nagelo da Silva, Premio Bartolomé de las Casas en 2012, y Valéria Pereira Santos, de la Comisión Pastoral del Cerrado, en un viaje que buscaba informar de cómo los cerdos y las vacas se comen sus selvas.

No pasaron por el pequeño Haza, pero un hilo les une con los herederos de los comuneros, hermanados, sin saberlo, en su lucha contra el mismo agro-negocio, con el mismo discurso desarrollista, con similar sensación de abandono.

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Comentarios

  • angel coronado

    Por angel coronado, el 20 julio 2022

    El bien común, el espacio común, el sentido común, cualquier cosa a la que pueda ser aplicado en tal sentido (en sentido positivo) ese adjetivo de “lo común, ¿a qué se refiere? ¿en qué cosa consiste? ¿cómo se identifica o reconoce?
    Creo que a nada bueno y al tiempo común conviene ser objeto de pertenencia o propiedad. Lo común, en el sentido que ahora interesa, no es ni lo que a más de uno pertenece o afecta, por ejemplo a Pepe y a Juan, sino aquello que, sin excluir a éstos, ni a éstos ni a nadie (a uno mismo tampoco), afecta en todos sin pertenecer a nadie. Se trata de una especie de proindiviso universal.
    En consecuencia, se deja definir de forma positiva, precisa y exacta por la ciencia, en sus efectos, pero nunca positiva sino negativamente en sentido político, económico o social.
    Dicho lo cual cabe añadir que toda macro- granja (vacas, cerdos, ovejas, gallinas, etc.) es tan nociva en sus efectos sobre el medio natural como privada en cuanto a quien o a quienes pertenece. No se trata de un bien común. Se trata del beneficio de alguien en perjuicio del resto.
    Acerca de la trampa de los 1.999 frente a los 2.000 más vale no hablar

    • El tonto del pueblo

      Por El tonto del pueblo, el 20 julio 2022

      Entonces según usted las granjas de cuántas cabezas tienen q ser?
      Ah no, perdón
      No debe haber granjas, tienen q pastar libremente por q así cuando lo mates para comertelo sufrirá menos, es cierto, q tonto soy
      Y así cuando el lomo de cerdo cueste más o menos lo que un secreto ibérico dirán q cuánto gana ese ganadero, Dios mío, sois capaces de hacer que la humanidad pueda pasar hambre solo por el bienestar animal, q no se, pero se ve q cuando un animal se engordaba en una cuadra de 2×2 para que toda una familia comiese de el estaba mejor, es q no lo voy a entender nunca que critiquéis desde el desconocimiento, no sabéis los grandes controles sanitarios, d bienestar animal y de calidad q pasan estas granjas q tanto criticáis desde el eterno desconocimiento, hipocritas

  • Javier

    Por Javier, el 20 julio 2022

    Ya voy a ir yo un día a tu trabajo Rosa María Tristán a ver a qué huele y hacer yo también un artículo.

    • El tonto del pueblo

      Por El tonto del pueblo, el 20 julio 2022

      Seguro q luego vais al supermercado o al restaurante y queréis comer barato, pero no queréis granjas, sois unos progres q no tenéis ni idea de cómo funciona el mundo rural, de sus necesidad y muchos menos de las personas q según vosotros se van de aquí por estas granjas que nos dan de comer a todos, si si, a vosotros también que coméis gracias a nosotros y nuestras tan malvadas granjas, seguir castigando nuestras formas de vida y acabareis comiendo piedras, bueno no, Carme de mucha calidad impresa, eso si es sano y no hay maltrato aunq acabareis sacando alguna tontería nueva, por q las necesitáis para vuestros chiringuitos

      • Un delincuente

        Por Un delincuente, el 21 julio 2022

        Rosa María, que se te ve el plumero, «paniaguada» luego nos quejamos del precio de la compra, queremos lowcost a costa del agricultor y del ganadero, que nos matemos a trabajar con unas inversiones de millones de euros, que vivamos en la «España despoblada» todo el año y luego vengáis 4 tontos en verano a quejaros de que si estoy cosechando por la noche, que si estoy sacando purin o que si el gallo canta a las 6 de la mañana.. En mi pueblo estamos 80 y sobra material. Urbanitas y ecologetas quedaros en vuestras ciudades que no os queremos ni ver el pelo por el pueblo que para cuatro días que estáis nos queréis gobernar la vida. Lo mismo con los políticos incompetentes que no han visto un animal, una borraja o el cereal más que en el lineal del supermercado. De un agricultor y ganadero porcino, un delincuente a vuestros ojos, y orgulloso.

  • Flora

    Por Flora, el 21 julio 2022

    Qué tristeza que en NINGÚN momento se hable de la condición de esos individuos hacinados esperando una muerte cruel.

  • María Martín Almagro Senovilla

    Por María Martín Almagro Senovilla, el 21 julio 2022

    Muy bueno tu artículo. Refleja la realidad misma. En Cuenca igual nos han quitado el tren y nos dejan una invasión de grandes granjas ganaderas. En realidad los pueblos pueden defenderse con un POM pero cuesta muchísimo dinero para pueblos tan pequeños con poco presupuesto en el Ayuntamiento. En mi pueblo de 150 habitantes nos quieren rodear literalmente con 18000 cerdos asique corra para donde corra el aire nos lo vamos a comer con el olfato. Estas empresas protegidas por ASAJA nos han insultado diciendo caras pintadas, que estropeado cosas que arruinados a familias, que estamos engañando.. Cuando los que no cuentan la cruda realidad son ellos. Economía circular lo llaman. Si no hay tanto terreno para esparcir los residuos, es de lógica, pero se nos tacha de fanáticos cuando lo único que queremos defender es nuestro campo limpio y nuestro aire puro para respirar y la poca agua subterránea que tenemos.

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