La sequía y el saqueo de agua traen el desierto a España

Las Tablas de Daimiel a vista de dron. Foto: WWF-España.

POR ISAAC VEGA / WWF ESPAÑA

Olas de calor y sequías históricas nos están empujando al abismo de una crisis hídrica sin precedentes, potenciada por el gran #RoboDelAgua en nuestro territorio. Este verano, las restricciones al consumo doméstico de agua han tenido lugar en muchos municipios, mientras que la naturaleza decía ¡basta ya! con un grito de alarma y desesperación tan significativo como la desecación de la última laguna de agua dulce permanente de Doñana, que resistía a la sequía y a la sobreexplotación del acuífero. Desde WWF exigimos soluciones inmediatas y tú puedes ayudarnos a que se hagan realidad para recuperar un bien tan preciado que nunca debimos perder.

El agua es esencial para la vida y, como titula el último libro-mensaje de nuestro queridísimo Joaquín Araújo, Somos agua que piensa. Pero no pensamos y estamos dejando que el oro que nos brindó la vida y la mantiene a borbotones se escape entre los dedos de nuestras manos o en las tuberías de los regadíos bombeadas por pozos ilegales o en demasiadas piscinas en Matalascañas sin ser conscientes de las consecuencias para nuestro futuro.

¿Te imaginas abrir el grifo de tu casa y que no salga agua? ¿Que solo puedas beberla o usarla para cocinar o asearte si la compras embotellada o te acercas a un camión cisterna con un cubo o una garrafa? Desgraciadamente, eso vuelve a suceder en muchos hogares de nuestra geografía.

No queremos pensar en un futuro lleno de depósitos de agua cerca de las casas y hay muchos seres vivos que no pueden llevar una garrafa a su hogar. Que se lo digan a todas las aves acuáticas, algunas en serio peligro de extinción (como la cerceta pardilla, la focha moruna, la malvasía cabeciblanca o el porrón pardo) o muchos anfibios que llevan años sufriendo el deterioro de uno de los humedales más importantes de Europa y que ahora agoniza.

A principios de septiembre, la Estación Biológica de Doñana (EBD) denunciaba que la laguna de Santa Olalla, el último bastión hídrico permanente de nuestro parque nacional más emblemático (Patrimonio de la Humanidad de la Unesco), se había secado y su lámina de agua dulce, un oasis vital para muchas especies, se había convertido en un resquebrajado lodazal no apto para la vida acuática.

Las lagunas del parque se han secado, incluyendo las permanentes como Santa Olalla o la Dulce. Un hecho que solo ha ocurrido dos veces desde que se tienen registros, según datos de la Estación Biológica de Doñana (EBD), el organismo público encargado de la investigación en un impresionante espacio protegido que ahora agoniza.

Estamos convirtiendo el paraíso en un desierto

España se seca y numerosos estudios científicos indican que la Península Ibérica es la región europea que sufrirá una mayor desertificación.  El 75% de nuestro territorio está en peligro de desertificación y las previsiones climáticas apuntan a olas de calor y sequías más intensas y con mayor frecuencia, que harán cada vez más difícil garantizar suficiente agua. El desierto avanza y más de 9 millones de hectáreas ya están catalogadas como zonas con un riesgo alto o muy alto de desertificación, principalmente en el tercio sur y los dos archipiélagos.

Las principales causas de la desertificación de España son: la sobreexplotación de acuíferos y el crecimiento insostenible del regadío; el abandono de tierra y la degradación del suelo están afectando a su fertilidad y capacidad para retener la humedad; finalmente, la intensificación de los períodos de sequías extremos, como consecuencia del cambio climático, está afectando a la disponibilidad de recursos naturales y la seguridad hídrica y alimentaria de nuestro país.

Varios estudios científicos prevén una reducción de las precipitaciones, especialmente en las cuencas atlánticas, la del Guadalquivir y el sur peninsular, unida a un aumento constante de temperaturas medias de hasta 2 grados en 2040. Sin embargo, pese a la extrema vulnerabilidad frente a la sequía y el riesgo de desertificación, España está apostando por un modelo de gestión suicida que prioriza el agua para los cultivos de regadío intensivos e industrializados.

¡Es sequía y es saqueo!

España se queda sin agua y hemos padeciendo el verano más crítico tras sufrir olas de calor que han intensificado la gravedad de los incendios forestales y propiciado sequías históricas que han dejado a nuestros ríos, humedales, acuíferos y reservas de nuestros pantanos bajo mínimos.

Parte del problema es global. Así, según el Observatorio Europeo de la Sequía del programa Copernicus, el 64% de la UE estaba en agosto en aviso o alerta por sequía, la peor de los últimos 500 años. Consecuencia de ello, el bajo caudal del Rin (principal arteria fluvial europea) puso en riesgo el transporte de mercancías en Alemania.

La sequía meteorológica es un fenómeno climático habitual en España, recurrente y consustancial a nuestro clima mediterráneo. Pero la falta de lluvias no es exclusivamente la responsable de la escasez de agua que sufrimos, sino cómo la consumimos. A la escasez hidrológica, crónica en España por nuestro alto consumo de agua, se han sumado sequías meteorológicas más largas y frecuentes. En un contexto de cambio climático, cada vez tenemos un mayor número de días con temperaturas superiores a los 40 grados, lo que agudiza la sequía por un aumento de la evapotranspiración en la superficie del agua, del suelo, la vegetación y los cultivos, causado por el aumento de las temperaturas.

En un repaso histórico a nuestras sequías más importantes encontramos que hace menos de un siglo (entre 1944 y 1946) sufrimos una de las peores: ríos caudalosos como el Ebro perdieron casi todo su caudal y, en Madrid, el río Manzanares desapareció, provocando cortes de agua diarios en la capital; los embalses llegaron a bajar hasta el 14%. A principios de los 80 (1979-1983) hubo otra gran sequía, la zona más afectada fue la del este de España y ciudades como Sevilla tuvieron que cortar el agua varias horas al día. Entre 1991 y 1995, otra sequía dejó los embalses al 15%, las reservas de los acuíferos de las dos mesetas descendieron y hubo cortes de agua.

Más cerca en el tiempo, en diciembre de 2009 terminaba una gran sequía que duró cuatro años y secó por completo Las Tablas de Daimiel, que sufrió un grave incendio de la turba del subsuelo, ocasionando importantes daños ecológicos. Y en el otoño de 2017 saltaban las alarmas ante la falta de precipitaciones y la reducción del agua de los embalses, a pesar de la precipitación cercana a la media en los cuatro años anteriores.

Las sequías siempre han existido en España, pero cada vez son más extremas y frecuentes. Y lo peor parece estar por llegar, ya que las previsiones climáticas apuntan a una escasez de agua cada vez mayor, debido al cambio climático y a la proliferación descontrolada de cultivos de regadío intensivos e industrializados que se beben el 80% del agua de nuestras cuencas, sin contar con el agua que se consume de forma ilegal, poniendo en riesgo nuestras reservas hidrológicas.

Un auténtico robo del agua que afecta a miles de hectáreas en España, esquilmando nuestros recursos hídricos, secando acuíferos, ríos y humedales y poniendo en peligro nuestro propio abastecimiento, ante los ojos de las autoridades responsables de la gestión del agua y de toda la sociedad.

Cinco mitos habituales sobre la sequía en España

Habitualmente, la preocupación por la sequía suele saltar a conversaciones y a las tertulias e informativos de los medios de comunicación. Responsables políticos y medios de comunicación juegan un papel clave para acabar con los mitos sobre la falta de agua en España. Sin embargo, la información que se aporta en estas crisis hídricas no siempre ayuda a trasladar a la sociedad información veraz y rigurosa sobre cuáles son las causas de las sequías y qué podemos hacer frente a ellas.

Para aclarar las causas reales de la sequía es necesario distinguir entre dos tipos de sequías: la meteorológica, aquella que ocurre cuando hay un período con escasez de precipitaciones de forma continuada; y la hidrológica, que se produce cuando el agua circulante en ríos, los volúmenes embalsados de agua o las reservas de acuíferos están por debajo de lo normal en un determinado período. Este último tipo de sequía depende de la gestión que se hace de este recurso vital y de las decisiones políticas, técnicas y económicas sobre el uso y cantidad a la que debe destinarse el agua.

Este verano hemos experimentado una combinación simultánea de tres fenómenos: sequía meteorológica, sequía hidrológica (en amplias zonas del territorio) y continuas olas de calor generalizadas en toda España, que disparan los termómetros y contribuyen a una mayor evaporación del agua y la transpiración de las plantas.

Para contribuir a esclarecer las causas y ofrecer posibles soluciones a la extrema sequía que estamos sufriendo en nuestro país, en WWF desmontamos cinco mitos sobre un fenómeno natural agravado por el cambio climático y la mala gestión del agua.

Mito 1: La culpa de la sequía la tiene en exclusiva la falta de lluvias. En realidad, la falta de agua actual es un resultado combinado del robo del agua y la mala gestión de este limitado recurso por parte de la Administración Pública, así como de la reducción de precipitaciones por el cambio climático. Las sequías no se resuelven en verano, hay que gestionar el agua todo el año y, en particular, los cultivos de regadío intensivos e industrializados que consumen el 80% de los recursos hídricos de España.

Mito 2: La sequía se resuelve con más embalses y trasvases. Ya tenemos miles de embalses (más de 1.230 grandes presas) y están casi vacíos porque se usa mal el agua. Los trasvases tampoco son la solución, pues la sequía se instala simultáneamente en amplios territorios y con los trasvases se traslada un problema de seguridad hídrica de un territorio a otro. Es necesario asumir una planificación estratégica para reducir la demanda de agua del regadío industrial, ajustándola a la disponibilidad y que ponga freno a los ilegales e impulsar un nuevo modelo de gestión agraria y del agua más sostenible. Los núcleos urbanos tienen que cubrir sus servicios con tecnologías ahorradoras y promover la limitación del riego de jardines, mientras que la industria debe recuperar el agua en circuitos cerrados.

Mito 3: El regadío insostenible intensificado e industrial no es responsable de la falta de agua y nos da de comer. La verdad es que el regadío consume el 80% del agua dulce y su crecimiento en hectáreas de cultivo e intensificación es desorbitado. Gran parte de estos productos no terminan en nuestra mesa. La agricultura es al mismo tiempo víctima y responsable de la falta de agua en muchos puntos de España. Frente al avance descontrolado de los regadíos intensivos e industriales, en gran parte incentivados por fondos públicos, los cultivos de secano se muestran como una opción sostenible para producir algunos alimentos que ahora se riegan. Gran parte de los productos de este tipo de regadío industrial se exportan o son excedentes que no se recogen del campo si los precios son bajos.

Mito 4: La modernización de regadíos ahorra agua. En realidad, la modernización de regadíos fomenta un aumento de la superficie regada. En muchos casos se aumenta la superficie regada y, en otros, se emplean cultivos con mayores necesidades hídricas o se hacen dobles cosechas, por lo que se consume más y no se libera agua ni para otros usos prioritarios ni a los ecosistemas acuáticos. Para que la modernización de regadíos ahorre realmente agua para las cuencas, hay que garantizar que se consume menos agua y que el agua ahorrada se destina a mejorar caudales ambientales.

Mito 5: La desalinización es la gran solución contra la sequía. Pero la desalación de aguas marinas o salobres es un proceso de tipo industrial que supone un considerable consumo energético, con fuerte efecto de emisiones de gases de efecto invernadero y generación de residuos que se deben procesar adecuadamente. La desalación no debe ser una medida para ampliar o intensificar regadíos. El agua desalada puede ser una alternativa a la oferta convencional del agua, pero siempre que se den determinadas condiciones y como medio para corregir la sobreexplotación de los acuíferos o la intrusión marina. Sus elevados costes de operación y sus impactos sobre el medio marino hacen que su uso sea menos sostenible que el ahorro de agua y la concienciación sobre su uso juicioso.

Pez muerto en una laguna seca del Parque Nacional de Doñana. Foto: Juan Carlos del Olmo.

Evitemos un futuro catastrófico y desolador

Si no se toman medidas, WWF estima que España será uno de los países europeos con mayor riesgo de sufrir estrés hídrico crítico en menos de 30 años. En 2050 tres cuartas partes de la población española podrían sufrir una escasez extrema de agua y ciudades como Sevilla, Granada, Córdoba o Murcia serían las más afectadas en Europa.

Para evitar este escenario desolador, desde WWF reclamamos un cambio profundo hacia un nuevo modelo de gestión del agua en nuestro país, en el que la demanda se ajuste a unos menores recursos hídricos disponibles por el cambio climático y se persiga y erradique el saqueo ilegal del agua, para poder garantizar agua para la naturaleza y las personas.

El gran robo del agua

El 75% del territorio español está en peligro de sufrir desertificación, el 80% del agua se destina a usos agrarios, principalmente al riego de cultivos cada vez más industriales y descontrolados. Este tipo de regadío llega a consumir hasta 100 veces más agua de lo que necesitan los 3 millones de habitantes de la ciudad de Madrid en un año. Y en zonas donde no existe ya agua disponible en ríos y embalses, se abusa del agua subterránea, secando manantiales y acuíferos y poniendo en peligro las reservas de agua para todos. Somos ya el país con mayor sobreexplotación de agua de Europa: uno de cada cuatro acuíferos en España están declarados como sobreexplotados.

Por no hablar del agua que se consume de forma ilegal: se estima que actualmente existen más de medio millón de pozos ilegales en toda España, ante la impasividad de las autoridades. Algunos de los casos más graves de este #RoboDelAgua son el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel (un humedal convertido en un claro ejemplo de cómo el desierto avanza en la Península Ibérica) y el Parque Nacional de Doñana, asediado por más de mil pozos y miles de hectáreas de cultivos de regadío ilegales.

Año funesto para Doñana: a un paso del no retorno

Tras la información de la Estación Biológica de Doñana (EBD), técnicos de WWF visitaron la Reserva Biológica de Doñana, donde se encuentran las lagunas permanentes más importantes y pudieron comprobar de primera mano que se encuentran totalmente secas. Santa Olalla, la última en secarse, solo cuenta con un pequeño charco al que ya no acuden las aves y probablemente tampoco albergue peces o anfibios debido a su reducido tamaño. Otras lagunas temporales como el Charco del Toro o el Taraje prácticamente se pueden considerar desaparecidas y están invadidas de vegetación, lo que hace más difícil su recuperación funcional.

Según Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF, “estamos ante uno de los peores momentos de la historia para Doñana y desde WWF no vamos a dejar de luchar donde sea necesario para salvar este espacio y que las administraciones cumplan con sus obligaciones de conservación del mismo”.

La sequía de este año es una de las causas de esta situación, pero no la única. Según la EBD, la más determinante es el pésimo estado del acuífero de Doñana en la zona, que confirman los datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG). Y la principal causa del mal estado del acuífero en la zona es la extracción de agua para suministro doméstico, riego de jardines o piscinas en la urbanización de Matalascañas, situada a unos cuatro kilómetros de Santa Olalla. Esta población pasa de 2.000 habitantes a más de 160.000, con picos de hasta 300.000 según datos de la CHG.

Esta causa no es nueva y ya en 1988 el Informe Hollis, encargado por WWF para conocer el estado de las aguas del Parque Nacional, advertía de la posibilidad de que el nivel freático en la zona de las lagunas descendiera hasta hacerlas desaparecer si continuaban las extracciones para Matalascañas, como sucedió en estas tres décadas.

A esto se suma que este año, según la EBD, solo el 5% de la marisma se ha inundado, al tiempo que la continua sobreexplotación del acuífero y las aguas superficiales por la agricultura intensiva e industrial está afectando a zonas tan importantes como Entremuros o el Caño del Guadiamar.

Para el secretario general de WWF, “es inadmisible que mientras se llenan cientos de piscinas con agua del acuífero en Matalascañas, el Parque Nacional de Doñana se haya secado del todo. La inacción de las administraciones para proteger uno de los humedales más importantes de Europa es inaceptable, máxime cuando España ha sido condenada por el Tribunal de Justicia de la UE precisamente por este motivo y debe cumplir con la sentencia con carácter inmediato”.

Los efectos de que Doñana esté seca se han dejado sentir en las especies del Parque durante todo el año. Durante la invernada se ha pasado de 470.000 aves acuáticas censadas el año pasado por la EBD a 87.500 este año. O los anfibios, que registran un 20% menos de ejemplares respecto al año pasado en los muestreos realizados este invierno. Son datos alarmantes que no puede pasar por alto la Junta de Andalucía, competente en la gestión de esta área protegida.

Para WWF, es muy urgente que las administraciones tomen de forma inmediata las medidas necesarias para proteger los valores ambientales de Doñana en riesgo de desaparecer. Entre ellas, para salvar de la extinción a las lagunas peridunares de Doñana, es necesario el cierre inmediato de los pozos que abastecen Matalascañas y su sustitución por aguas superficiales. También la reubicación temporal de los pozos para alejarlos del Parque Nacional, la restricción inmediata de usos por parte del ayuntamiento de Almonte en la urbanización turística (llenado de piscinas, riego de césped, etc.) y el inicio de acciones de restauración de las lagunas peridunares.

Evitemos que España se convierta en un desierto

Para evitar que España se convierta en un desierto, en WWF llevamos años trabajando en la búsqueda de soluciones para esta terrible crisis hídrica, denunciando el robo del agua ante las autoridades y solicitando el cierre de todos los pozos y fincas ilegales, desarrollando proyectos piloto de ahorro de agua, usando nuevas tecnologías, promoviendo prácticas agrícolas sostenibles y adaptadas a las actuales condiciones climáticas  y proponiendo medidas para mejorar las políticas de aguas. Además, luchamos por conservar nuestros acuíferos, ríos y humedales e impulsamos la restauración de los ecosistemas acuáticos, la biodiversidad que alojan y los servicios ambientales que proveen a la sociedad.

Con todas las alarmas disparadas, ahora más que nunca, necesitamos medidas urgentes que cambien las políticas de gestión del agua y necesitamos tu apoyo para hacer frente a esta grave crisis hídrica.

¡ACTÚA YA! Salvemos al agua de la explotación descontrolada e ilegal

Súmate a nuestra campaña para evitar que conviertan nuestros paraísos naturales y nuestro entorno en un desierto árido y estéril, y que nos llueva las restricciones a un bien tan básico y esencial como el agua.

Firma para exigir al Gobierno y a las Comunidades Autónomas un giro en su política agrícola y del agua.

Desde WWF exigimos que se persiga y erradique el robo del agua con todos los medios necesarios; ajustando las demandas del regadío a los escasos recursos hídricos disponibles, reduciendo la superficie de regadíos y prohibiendo la creación de nuevos. Pedimos un aumento de inversión en nuevas tecnologías para ahorro de agua doméstica e industrial y en nuevos modelos urbanos y de cultivos sostenibles. Y, no menos importante para nuestro futuro, que se trabaje para recuperar y restaurar la biodiversidad y la salud de ríos, humedales y acuíferos, para poder aprovechar sus múltiples beneficios y hacerlos más resilientes a los efectos del cambio climático.

En tus manos está ayudarnos a garantizar un futuro con agua para las personas y la naturaleza. Apoya y comparte nuestra petición. Con tu ayuda lograremos despertar más conciencias y que las administraciones públicas y los responsables políticos promuevan un aprovechamiento responsable de un recurso escaso y esencial para todos.

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Comentarios

  • Pedro

    Por Pedro, el 25 septiembre 2022

    Se modernizan regadíos subvencionados con fondos públicos para regar por goteo cultivos que por naturaleza son de secano. Se riega y riega y se les acostumbra a la buena vida y a no pasar escasez. Las raíces se van atrofiando porque solo se desarrrollan en la zona del bulbo húmedo y cuando de verdad llega la escasez porque no hay agua para regar… el cultivo se desmorona porque ya no está adaptado a las condiciones de sequía.

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